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acoge
a personas con discapacidad psíquica severa, sin trastornos de
conducta, sensoriales o motóricos asociados importantes; con deficiencia
mental media con o sin trastornos asociados; y con minusvalía leve".
Para la clasificación de los distintos grados de deficiencia se
utilizan baremaciones que consideran el cociente intelectual, siguiendo
los catálogos internacionales. Pero, también intervienen
aspectos sociales y medico-sanitarios.
El equipo de
profesionales del centro atiende las necesidades formativas y de habilitación
de los discapacitados, en función de sus características
individuales.
Talleres
Rodeada
de sartenes viejas y cubos de pintura, María Jesús Espada
enseña a sus alumnos diversas técnicas de reciclado. En
este taller, dirigido a discapacitados severos con niveles bajos, se elaboran
productos para el aseo como geles, jabones y cremas de manos, que luego
se venden en la tienda del centro. Esta educadora también explica
la técnica de papel maché.
"Los usuarios
con una capacidad inferior asisten a pretalleres, donde desarrollan habilidades
previas a las labores de un taller", afirma Luis García-Fraile.
"Se trata de proporcionarles un entrenamiento previo, para acceder a los
talleres, que requieren un nivel de rendimiento y de responsabilidad superior,
además la ejecución de las tareas es más refinada
y las conductas relacionadas con el trabajo más exigentes, como
el cuidado del material, la aceptación de normas y la comprensión
de órdenes", puntualiza.
Desde papel
maché, reciclado, madera decorada, resina, pintura en tela
y estarcido, hasta centros de flores secas, encuadernación, jardinería,
corte y confección, pasando por cestería, textil y carpintería,
constituyen las especialidades que se imparten en los talleres.
Apoyo
directo
Según
el psicólogo del centro, la tarea se distribuye en función
de las capacidades de las personas: "los usuarios con más nivel
y destreza realizan los acabados, mientras que los que no han adquirido
niveles de ejecución altos se ocupan de los trabajos más
sencillos".
García-Fraile
resume su labor profesional en el apoyo directo a los usuarios y, más
concretamente a las internas, porque residen en el centro y por sus necesidades
específicas.
Julia Muñoz,
jefa de internado, manifiesta que las 38 residentes presentan perfiles
diversos: desde muy ligeras con problemas de conducta, hasta Síndrome
de Down con nivel bajo. Estas chicas, mayores de 18 años, presentan
necesidades educativas especiales que no han sido atendidas. "Algunas
llegan al centro sin ninguna titulación, ni siquiera saben leer
y escribir", revela Julia Muñoz.
Plazas
de residencia
El
Servicio Regional de Bienestar Social de la Comunidad de Madrid adjudica
las plazas de residencia a jóvenes que no tienen familia o bien
pertenecientes a hogares desestructurados o con conflictos socioeconómicos".
"Las chicas
que no tienen familia proceden de centros de menores donde han recibido
una escolarización mínima.
La primera
atención se concreta en proporcionarles nociones básicas
de lectoescritura. Cinco de estas chicas acuden a un instituto cercano,
para obtener el graduado escolar y otra trabaja en Telepizza.
"Una de las
actuaciones prioritarias consiste en reforzar su autonomía, para
que puedan desenvolverse por la ciudad, sin necesidad de acompañante",
continua la responsable del internado. Con este grupo de jóvenes,
el objetivo "es proporcionarles la formación suficiente para que
puedan acceder a un piso tutelado y vivir de forma independiente", señala.
En horario
de mañana las internas acuden a los talleres y realizan actividades
adaptadas a sus capacidades y destrezas. Mientras que las tardes se dedican
a un programa de inserción sociolaboral y sociofamiliar, que recoge
actividades de vida cotidiana como preparar el desayuno o la cena, el
cuidado de su ropa y objetos personales, así como a las compras.
Ocio
y tiempo libre
Según
Julia Muñoz, los conflictos de convivencia más comunes son
los derivados de los novios. La mayoría de las internas salen con
chicos que asisten a otros centros o que conocieron en vacaciones. Una
tarde a la semana, estos jóvenes visitan a sus novias en las instalaciones
del centro.
Asun, residente
de 32 años, al igual que sus compañeras es fiel seguidora
del espacio televisivo "Gran Hermano". En una ocasión, la responsable
del internado le preguntó por qué veía ese programa
y contestó que le servía de orientación para cuando
tuvieran que compartir un piso tutelado. Estas jóvenes también
se desplazan al videoclub y eligen la película que prefieren. Durante
la semana pueden ver la televisión hasta las 12 de la noche, y
los fines de semana el tiempo que quieran, siempre y cuando se comprometan
a que al día siguiente no van a surgir conflictos para levantarse.
Actitud
social
Este
grupo que posee un mayor nivel de autonomía personal va al cine,
a la piscina o a pasear y también realizan actividades deportivas
en centros culturales de la zona.
En opinión
de García-Fraile, las dificultades para la inserción sociolaboral
de este colectivo vienen derivadas de la insuficiente preparación,
además de que el medio al que pretenden incorporarse no facilita
esa integración.
A pesar de
que en los últimos años, la mentalidad de la sociedad en
relación con los deficientes ha cambiado, este psicólogo
todavía percibe gestos de extrañeza en la calle y un sentimiento
de compasión. "La actitud de la sociedad ante los discapacitados
puede ser de sobreprotección o de rechazo y, desde los centros,
pretendemos que este colectivo salga más a la calle y participe
en diversas actividades", indica.
Grupo
teatral
Este
centro ocupacional cuenta con un grupo de teatro, cuyo repertorio incluye
una adaptación de la conocida obra de Shakespeare "Romeo y Julieta"
y "Amanece en Madrid", una alegoría que refleja paisajes y ambientes
de la capital con música y movimiento. Además, es la única
compañía de discapacitados que va a participar, el próximo
mes de octubre, en un certamen teatral con otros siete grupos dramáticos.
A pesar de
que la inserción sociolaboral de este colectivo constituye un objetivo
prioritario del centro, García-Fraile admite que una parte importante
de estos usuarios no va a estar en condiciones de incorporarse a un trabajo
normalizado, por la situación del mercado laboral y por sus propias
deficiencias. No obstante, "a lo largo del proceso de aprendizaje se pueden
trabajar aspectos como el sentimiento de utilidad, de estar progresando
y de crecer como personas", declara.
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