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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
Alberto Sánchez "Alberto" (Toledo 1895-Moscú 1962)
ha sido considerado durante décadas sólo como otra de las
piezas del puzzle vanguardista español de los años treinta.
Su realidad dentro de la evolución del arte en nuestro país
fue sistemáticamente ignorada por instituciones, expertos, museos
y galerías. Y ahora, casi cuarenta años después de
su desaparición, el máximo exponente institucional del arte
contemporáneo en España –el Museo Nacional Reina Sofía-
sitúa su obra en el lugar que le era propio y debido: el de un
singular avanzado de las artes y un refinadísimo creador de sensibilidad
extraordinaria.
Poética
de Vallecas
Su
figura renace entre las obras expuestas en Madrid, una ciudad en la que
abandonó el trabajo manual –fue porquero, carretero, escayolista,
herrero y panadero- para adentrarse en el misterio de la creación
artística. Es en esta ciudad, en el café de Oriente de la
Puerta de Atocha, donde Alberto conocería al pintor uruguayo Rafael
Barradas, auténtico promotor de las vanguardias españolas
y el guía que nuestro escultor encontraría para su entroncamiento
en la modernidad.
Es a principios
de los años treinta, y después de un intenso intercambio
artístico con el escultor Pancho Lasso y el pintor Benjamín
Palencia, cuando Alberto iniciará una "caminatas iniciático-poéticas",
a las que se suman significados artistas, escritores y arquitectos que
buscan en los campos desérticos que llevan a Vallecas y a su cerro
Almodóvar, a Valdemoro, Guadalajara o a tierras de Toledo, la esencia
de una tierra fuerte y verdadera: la tierra de la que Alberto sacaría
lo esencial de su dilatada obra.
Una
ocasión histórica
El
largo camino realizado por este creador, su extraordinaria búsqueda
personal y sus logros, en una situación de preguerra y exilio,
quedan puestos de manifiesto en la muestra que -comisariada por Jaime
Brihuega y Concha Lomba y patrocinada por Telefónica- expone el
Museo Reina Sofía estos días en Madrid. Organizada con un
criterio cronológico, reúne un total de cerca de doscientas
obras de todas las etapas y géneros de su escultura, pintura, dibujo
y obra escenográfica, procedentes de colecciones públicas
y privadas, españolas y extranjeras, en su mayoría nunca
expuestas en nuestro país. "El museo vibra en un día
histórico –afirmaba su director, Juan Manuel Bonet, en su presentación
a la sociedad-. Esta muestra supone la definitiva incorporación
a nuestro patrimonio artístico de un creador difícil de
ver, poco expuesto y que no había recibido el homenaje que merece".
Haber situado
la reconstrucción de su obra cumbre expuesta en el Pabellón
español de 1937, "El pueblo español tiene un camino
que conduce a una estrella", en la antesala del propio Museo avala
sus palabras.
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