Un libro de un lingüista y un informe
del World Watch Institute figuran entre las últimas voces de alarma

Más de la mitad de las casi siete mil lenguas existentes en el mundo pueden perderse

En el mundo se hablan hoy casi siete mil lenguas diferentes. Sin embargo, se cree que un 50% por ciento de ellas pueden desaparecer en el transcurso de este siglo y un 90% están amenazadas. Para asegurar la transmisión oral de una lengua se necesita que la hablen al menos 100.000 personas. Pero, la mitad de las lenguas actuales son habladas sólo por menos de 2.500 personas.

Madrid.
La mitad de las 6.800 lenguas que se estima existen en el mundo correrán peligro de extinción en el transcurso de este siglo. Esta advertencia ha estado subrayada últimamente, entre otros hechos, por la aparición de la edición castellana de un libro, "La muerte de las lenguas", del lingüista David Crystal, y un informe del World Watch Institute. "¿La muerte de las lenguas es real? ¿Importa?. ¿Debería importarnos?". El autor responde afirmativamente a estas preguntas.

La pérdida de numerosas lenguas supone un deterioro del patrimonio lingüístico de la Humanidad. Una de las principales dificultades es que muchas lenguas carecen de expresión escrita.

Ya en 1992, recuerda Crystal, los especialistas que asistían al Congreso Internacional de Lingüística de Quebec, acordaron hacer pública la siguiente declaración:
"Puesto que la desaparición de cualquier lengua constituye una pérdida irrecuperable para la humanidad, le corresponde a la UNESCO la tarea urgentísima mediante la promoción y, si fuese posible, el patrocinio de los proyectos lingüísticos de las instituciones, con el fin de describir, mediante la elaboración de gramáticas, diccionarios y textos y de registrar las literaturas orales de aquellas lenguas en peligro o en proceso de extinción, que no hayan sido estudiadas hasta ahora o de las cuales no exista una adecuada documentación".

Libro Rojo

La UNESCO respondió a esta invitación durante una conferencia celebrada en 1993. En ella, la Asamblea General resolvió apoyar el Proyecto de Lenguas en Peligro, en el que se incluía el Libro Rojo de las Lenguas en Peligro.
Meses más tarde, un informe sobre los progresos conseguidos observaba: "Aunque su alcance exacto aún nos es desconocido, es cierto que la extinción de las lenguas progresa en muchas zonas del mundo, y es de la mayor importancia que los lingüistas en su conjunto adquieran conciencia de que han de redoblar sus esfuerzos de descripción".
Pero, ¿cómo describir y establecer la gramática y el vocabulario de tantas lenguas en tantos lugares perdidos en el mundo, que muchas veces no tienen una expresión escrita y sólo se transmiten por tradición oral?.
Además, los lingüistas que intentan acercarse al nativo no siempre son bien recibidos, e incluso pueden ser rechazados de manera agresiva. Y las experiencias de otros contactos con extraños pueden interponerse
David Crystal recuerda que los nativos pueden apreciar cómo los investigadores viven bien y están bien pagados por el trabajo que realizan, mientras que ellos no van a recibir nada y van a seguir viviendo igual, después de prestar una colaboración sin la que los especialistas no podrían hacer nada.
En consecuencia, el autor ha destinado todos los derechos de autor de su libro a una de las numerosas organizaciones cuyo objetivo es la conservación, en el mayor grado posible, de las lenguas.

Bajo mínimos

La mitad de las lenguas actuales son habladas por menos de 2.500 personas cada una de ellas. Y según el World Whatch Institute se necesitan al menos 100.000 hablantes para que pasen de generación a generación. Guerras, genocidios, grandes desastres naturales, prohibiciones gubernamentales y la adopción de otras lenguas dominantes, contribuyen a estas desapariciones.
Como ejemplo, el World Wacht Institute cita tres lenguas: el Udhie, el Eyak y el Arikapu, habladas por cien personas en Siberia, una en Alaska y seis en el Amazonas. Marie Smith, de 83 años, y que vive en Anchorage, en Alaska, afirma que es la última persona que habla el Eyak, lo que ha sido verificado por los lingüistas.
Y esta situacíon no le gusta en absoluto: "Es horrible estar sola. Soy la última persona que habla nuestra lengua".

 

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