Investigación sobre el orígen geológico
de la Península Ibérica

Madrid. El estudio de la formación de la Península Ibérica es el objetivo de un experimento geológico iniciado el 16 de mayo y que tendrá una duración de 60 días. La investigación se está llevando a cabo en el suroeste de la península, entre las provincias de Huelva y Badajoz.
Este experimento forma parte del proyecto internacional IBERSEIS, auspiciado por la European Science Foundation. Ha sido concebido para conocer la estructura geológica de la corteza terrestre a lo largo de una franja que va desde Villablanca (Huelva), hasta Quintana de la Serena (Badajoz). Entre ambas, esta franja incluye otras 17 poblaciones.
En su realización se utilizan técnicas sísmicas de reflexión profunda. Con ellas se puede obtener una "imagen" o "ecografía" del subsuelo, gracias a la refracción y reflexión de un campo vibratorio emitido desde unos camiones especialmente equipados para esta función.
En el proyecto participan siete instituciones, con investigadores de las universidades de Granada, Huelva, Extremadura, Salamanca, Uppsala (Suecia) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La coordinación corre a cargo de los doctores Ramón Carbonell, del Instituto de Ciencias de la Tierra, Jaume Almera, del CSIC, y Fernando Simancas, de la Universidad de Granada.
El objetivo principal de IBERSEIS es el estudio de la relación entre la corteza y el manto terrestre en la formación de la cordillera Varisca europea.
Esta se constituyó hace unos 300 millones de años, al final del Paleozoico, y dio lugar a lo que hoy conocemos como Península Ibérica.
Asímismo, el estudio de cómo se formó esta cordillera puede aportar información valiosa sobre la evolución de la litósfera. Y los datos que se obtengan serán también relevantes, desde un punto de vista práctico, en la evaluación de riesgos y recursos geológicos de la Península Ibérica.

 
 

El método de enseñanza "Con las manos
en la ciencia" llega a las escuelas españolas

Madrid. "He dedicado toda mi vida a la física. Me gustaría que todos los niños y niñas tuvieran la suerte de satisfacer su interés por la investigación y desarrollar su inteligencia". Greorges Charpak, Premio Nobel de Física en 1992, argumenta de esta manera su interés por introducir el pensamiento y los métodos científicos en la escuela. Y hacerlo desde edades muy tempranas.
Chapark ha pasado recientemente por Madrid y ha pronunciado una conferencia en el Museo Cosmo Caixa, de la Fundación "La Caixa".
El objetivo de este viaje ha sido la presentación en España de "Con las manos en la ciencia", un sistema para la introducción de las ciencias en la escuela primaria. Los libros y los materiales que lo acompañan han sido ya publicados por la editorial Vicens Vives.
"En Chicago -continúa Georges Charpak-, gracias a mi amigo Leon Lederman, descubrí un método de enseñanza de las ciencias en la escuela que me cautivó. Vi a niños y niñas de todos los niveles que experimentaban con alegría, aprendían los conceptos básicos de física, química, ciencias naturales, matemáticas... a su ritmo, reflexionando y contrastando entre ellos sus pareceres. Vi como se formaban unos seres capaces de investigar una verdad que no se les había impuesto".
De esta manera comenzó a desarrollar su interés por hacer llegar la ciencia a los primeros niveles de enseñanza, y fomentar el pensamiento y el método científico entre unos alumnos muy propensos a interesarse por ellos, si se sabe ponerse a su altura". Todo ello siguiendo el modelo implantado en primer lugar en Chicago (EEUU) por su colega y también Premio Nobel de Física (en 1988), León M. Lederman
Lederman y Charpak trabajan ahora en la extensión del programa "Con las manos en la ciencia". Este ha sido ya aplicado con éxito, aparte de en EE.UU., en Francia y en algunos países iberoamericanos. Y su introducción en las escuelas españolas se inicia ahora, de momento en sus versiones castellana y catalana.
El programa se basa en una serie de materiales manipulables y sencillos, agrupados en cofres temáticos. Y estos elementos se acompañan de guías pedagógicas para los profesores, que explican cómo realizar las sesiones de experimentación.

 
 

Premio a la mejor memoria científica del Certamen Jóvenes Investigadores

Madrid. Cinco alumnos de 1 de Bachillerato obtuvieron el premio a la mejor memoria científica del Certamen Jóvenes Investigadores 2000. El objetivo de este es fomentar las inquietudes científicas entre los alumnos de enseñanzas medias.
El título del trabajo premiado es "Análisis microbiológico de aguas residuales procedentes de industrias corcheras". Sus autores son: Raúl Núñez Hernández, de 18 años; José Luis Ignacio Robledo, de 16; Agustín Melgar Tejada, de 18, Pedro Alonso Magro, de 17; y Angel Redondo Refollo, de 16.
Todos ellos alumnos de 1 de Bachillerato en el IES Joaquín Sama, de San Vicente de Alcántara, en la provincia de Badajoz. Los cinco han estado coordinados por Ricardo Basco López de Lerma.
La primera fase de este premio consistió en estancias de dos semanas, para todos los autores de los trabajos seleccionados, en los centros del CSIC que más se ajustaban al contenido de sus proyectos. En estos centros, los alumnos, 14 en total, tuvieron la oportunidad de profundizar en sus estudios. Para ello contaron con el apoyo y asesoramiento de los investigadores del CSIC y la infraestructura de sus instalaciones.
La selección de los trabajos se llevó a cabo en el transcurso del XIII Certamen de Jóvenes Investigadores, celebrado el pasado mes de septiembre en Mollina (Málaga).
Los trabajos seleccionados estuvieron centrados en el estudio de las malformaciones en el oído interno de los peces de piscifactoría y su relación con una alimentación insuficiente; el cultivo de los protozoos; el análisis de las aguas residuales derivadas de la industria del corcho; el prototipo de un vehículo de control remoto guiado por ordenador; y la lucha contra el paludismo por medio de una especie piscícola originaria del levante español.
Los centros del CSIC que participaron en este proyecto, con la acogida y tutoría de estos jóvenes investigadores, fueron el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (Granada), el Instituto de Ciencias del Mar (Barcelona), el Instituto de Automática Industrial (Arganda del Rey, en Madrid), el Instituto de Microbiología Bioquímica (Salamanca), y la Estación Biológica de Doñana (Sevilla).
Una vez finalizadas estas estancias, los alumnos debían realizar una memoria científica. Y los miembros del jurado de este certamen eligieron la mejor de ellas.
El premio fue de 300.000 pesetas. Pero se puede considerar más importante el haber podido trabajar en un centro con profesionales que buscan hacer una investigación competitiva dentro de la comunidad científica internacional y con unos equipos de tecnología punta. Algo normalmente fuera del alcance de los alumnos de enseñanza media.

     
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