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.El fomento de la lectura

Teniendo en cuenta que el 42 % de los españoles reconoce no leer nunca o casi nunca, según se desprende de las últimas encuestas del Ministerio de Educación y de la Federación de Gremios de Editores, el Plan Nacional de Fomento de la Lectura presentado hace unas semanas es una iniciativa necesaria, aunque un tanto tardía.
Cuando el mundo educativo ha pasado casi dos décadas debatiendo sobre cuestiones como la comprensividad y la diversidad, la autonomía de los centros, los diseños curriculares, la asignatura de religión, la formación docente, el reconocimiento social del profesorado y otras decenas de temas que tienen que ver con la escuela, es ahora cuando nos damos cuenta que la lectura, un elemento fundamental para la formación del individuo, es también un objetivo prioritario.
Y eso que, según un reciente estudio del INCE sobre lectura y escritura, realizado a alumnos de 6 de Primaria, el 76% de los escolares asegura que lee con asiduidad, así como un 36% dice que mucho y un 40% que bastante. Pero sin embargo el 22% lee poco y el 3% nada. De los datos de este informe se desprende que las chicas son más lectoras que sus compañeros y en una escala de 1 a 4 (que se traduce en 1, nada y 4, mucho), las preferencias de las alumnas por la lectura alcanzan un 3,22, mientras que los chicos se quedan en un 2,95%. Sobre el número de libros leídos al mes, se observa que el 13% termina más de cinco, el 25% entre tres y cuatro, el 55% entre uno y dos y sólo el 8% no lee ningún libro al mes.
Pues bien, es sobre estos últimos, sobre aquellos escolares que por unas causas u otras apenas abren las tapas de un libro, sobre los que debe incidir este nueva campaña institucional, que ha de extenderse no sólo a las bibliotecas escolares sino también a las bibliotecas públicas. La falta de recursos en estas últimas es evidente: mientras que en España la media de libro por habitante en las bibliotecas públicas es de 0,79, en Francia esa cifra se sitúa en 1,46 y en Gran Bretaña en 2,23.

Juan José Márquez Ortiz
Madrid

 
   
 
   

Estudiar no tiene edad

El papel de los abuelos es uno de los que más ha cambiado en la sociedad. Concretamente, en España el 54% de los mayores ha pasado a ocuparse de forma habitual del cuidado de sus nietos. No obstante, el rol de los ancianos no debería limitarse a la atención de los niños, sino que con la jubilación se abre una etapa nueva en la vida y la posibilidad de desarrollar las actividades que siempre se ha deseado hacer y que por razones trabajo, tiempo o dinero, no se pudieron llevar a cabo.
La formación no tiene edad y cada vez un colectivo más numeroso de ancianos piensa que el mejor momento para estudiar es cuando se dispone de más tiempo libre. Los motivos para ponerse "manos a la obra" no son determinantes, sólo interesa la oportunidad de recuperar el tiempo perdido y de profundizar en materias tan atrayentes como la historia, el arte, la literatura o, cada vez más, la informática.
Transformar su retiro laboral en una jubilación activa constituye el objetivo de numerosos ancianos, que ya cuentan con su propia universidad, denominada la Universidad de la Tercera Edad. Este centro de formación barcelonés ofrece programas que incluyen la enseñanza de idiomas, la historia o el derecho, sin olvidar la educación física o la informática.
Entre otras ventajas, la formación dirigida a la tercera edad permite a los ancianos estar activos intelectualmente, les hace reforzar su autoestima e incrementar la satisfacción personal que conlleva el aprendizaje. Otro factor a tener en cuenta es que les facilita la relación con personas de su misma edad y compartir inquietudes o aficiones; así como, les ayuda a vencer la depresión y a estar activos. Por último, su forma física mejora, ya que muchos centros también ofrecen clases de educación física, especialmente diseñada para su edad, y bajo un control médico.

Josep Martín Rius
Hospitalet (Barcelona)

 

 
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