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Estudiar no tiene edad

El papel de los abuelos es uno de los que más ha cambiado en la sociedad. Concretamente, en España el 54% de los mayores ha pasado a ocuparse de forma habitual del cuidado de sus nietos. No obstante, el rol de los ancianos no debería limitarse a la atención de los niños, sino que con la jubilación se abre una etapa nueva en la vida y la posibilidad de desarrollar las actividades que siempre se ha deseado hacer y que por razones trabajo, tiempo o dinero, no se pudieron llevar a cabo.
La formación no tiene edad y cada vez un colectivo más numeroso de ancianos piensa que el mejor momento para estudiar es cuando se dispone de más tiempo libre. Los motivos para ponerse "manos a la obra" no son determinantes, sólo interesa la oportunidad de recuperar el tiempo perdido y de profundizar en materias tan atrayentes como la historia, el arte, la literatura o, cada vez más, la informática.
Transformar su retiro laboral en una jubilación activa constituye el objetivo de numerosos ancianos, que ya cuentan con su propia universidad, denominada la Universidad de la Tercera Edad. Este centro de formación barcelonés ofrece programas que incluyen la enseñanza de idiomas, la historia o el derecho, sin olvidar la educación física o la informática.
Entre otras ventajas, la formación dirigida a la tercera edad permite a los ancianos estar activos intelectualmente, les hace reforzar su autoestima e incrementar la satisfacción personal que conlleva el aprendizaje. Otro factor a tener en cuenta es que les facilita la relación con personas de su misma edad y compartir inquietudes o aficiones; así como, les ayuda a vencer la depresión y a estar activos. Por último, su forma física mejora, ya que muchos centros también ofrecen clases de educación física, especialmente diseñada para su edad, y bajo un control médico.

Josep Martín Rius
Hospitalet (Barcelona).

 
   
 
   

La responsabilidad de los padres

Un reciente estudio que lleva por título "La familia española ante la educación de sus hijos", elaborado por la Fundación La Caixa, viene a señalar que los padres españoles valoran muy positivamente al profesorado y son partidarios de ambientes escolares favorecedores de la convivencia en lugar de la competitividad y la emulación. A pesar de ello, el problema es que los alumnos, una vez en sus casas, pasan buena parte de su tiempo ociosos frente al televisor, con la complacencia de sus progrenitores, que, según el citado estudio, se muestran pocos dispuestos a ejercer directamente la responsabilidad sobre la educación de sus hijos.
Y esto es lo verdaderamente incomprensible e incoherente żEs que piensan los padres que la labor de educar corresponde únicamente a la escuela? żDónde está su nivel de exigencia? Y señalo esto último porque del mismo estudio de La Caixa se desprende que existe un buen número de padres satisfechos con hijos que presentan una media de tres o más asignaturas suspendidas, y que además confían en sus posibilidades de acceder al Bachillerato e incluso a la Universidad.
Estudios como el mencionado vienen demostrar que parece haber barreras insalvables entre familias y docentes a la hora de valorar las responsabilidades educativas, y que muchos padres ven la escuela como un simple aparcamiento, un lugar donde sus hijos estén a buen recaudo, un recurso que les evite quebraderos de cabeza.
A pesar de la falta de tiempo y de las dificultades de la vida cotidiana, los padres españoles deben encontrar un hueco para hablar con sus hijos, interesarse por sus inquietudes, preocuparse por su rendimiento, ser un complemento de una formación integral que de ningún modo puede ser competencia exclusiva del medio educativo. Y a ello habría que añadir el necesario intercambio de opiniones y pareceres con profesores y tutores, un diálogo sin el cual cualquier proyecto educativo está condenado al fracaso.

Javier García de Andrés.
Madrid

 

 
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