íLa brújula ha muerto, viva el

Diferentes modelos de GPS, algunos
de los cuales recuerdan un teléfono móvil.

Sencillo y barato, con el General Positioning System se puede saber siempre donde nos encontramos
y como llegar a cualquier sitio

Conocer en cualquier momento y lugar dónde estamos, a qué velocidad nos desplazamos y si vamos bien al punto que
hemos marcado como destino: esta es una de las facilidades que
proporcionan actualmente los GPS. En sus modelos más sencillos pueden recordar a un simple teléfono móvil.
Y cada vez están más baratos en
los comercios.
 

Madrid. ALFONSO PEZUELA
Saber en todo momento en que lugar de la Tierra nos encontramos, con un margen máximo de error de unos cien metros. Y poder hacerlo con un aparatito que recuerda a un teléfono móvil. Esto es lo que se ofrece hoy al ciudadano bajo las siglas GPS (Global Positioning System)
El aparato necesario para utilizar los servicios GPS puede recordar, en sus versiones más sencillas, a un teléfono móvil y tener más o menos su tamaño. Para encontrarlo basta mirar en los grandes almacenes, tiendas especializadas o de decomiso. Los modelos más simples, y que ofrecen las funciones básicas, se pueden adquirir por unas 20.000 pesetas. Y, como se sabe, la electrónica es uno de los pocos sectores en el que los precios bajan, sobre todo comparativamente con la carestía de la vida.
Tecnológicamente y en la práctica, el sistema es muy complicado. Pero, la idea fundamental resulta muy sencilla. Parte de la utilización de puntos de referencias. Estos, en el sistema norteamericano actual, son suministrados por una red de 24 satélites situados a 17.400 kilómetros de altura. Cualquier punto de la Tierra se encuentra en todo momento bajo la cobertura de, al menos, cuatro de estos satélites. Las señales emitidas por los GPS rebotan en ellos y operan como puntos de referencia suficientes para poder ofrecer datos tan básicos como la longitud, la latitud y la altura sobre el nivel del mar de cualquier punto.

Otras orientaciones

En tierra, hay estaciones intermedias entre los usuarios y los satélites. Estas potencian las señales, encauzan su tráfico, etcétera. Luego, los ordenadores de los satélites, las estaciones terrestres y los miniordenadores de los aparatos utilizados por los usuarios, pueden ofrecer otros datos. Según el modelo, registrarán la hora exacta en la que se hace la observación; el camino más corto y la ruta para llegar al lugar que le pedimos; hacia donde avanzamos, a qué velocidad lo hacemos; la posición del punto de partida y del de llegada, etcétera.
También la historia del nacimiento del General Positioning System sirve para comprenderlo mejor y se puede contar con sencillez: Como tantas otras cosas, nos guste o no el hecho, el GPS nace por cubrir las necesidades de un ejército. En Norteamérica, la tendencia es que el Estado no intervenga en aquello que pueda ser llevado a cabo por la iniciativa privada. Cuanto menos Estado haya, vienen a pensar, mejor.
En consecuencia, cuanto menos se investigue o fabrique armas o sistemas de apoyo el ejército, mejor. Por eso, y por poner un ejemplo reciente anterior, hace unos años el Pentágono, el Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos, pidió a la industria privada que desarrollase una red informática. Esta debía servirle para comunicarse directamente con las universidades y las empresas privadas a las que pide constantemente investigaciones, desarrollos tácticos, logísticos o armamentísticos, así como la fabricación de todo tipo de armas, municiones y equipamiento.
La respuesta fue el nacimiento de un red informática que enlazaba los ordenadores Pentágono-universidades-industrias privadas. Actualmente, este sistema, tras generalizarse su uso también entre los civiles y extenderse prácticamente a todos los países, se ha convertido en la archiconocida y popular "red de redes", Internet.

Para todos

De la misma manera, el Pentágono encargó a las empresas privadas de su país que creasen un sistema de orientación y localización con determinadas características: una gran exactitud, válido en todo el mundo ya se trate de una agrupación o de cualquier combatiente individual, y lo mismo en tierra, mar o aire.
El resultado se conoce hoy como GPS. Un sistema que, al igual que Internet ha pasado de la utilización por un ejército, para lo que fue concebido en principio, a generalizarse entre la población civil.
Este desarrollo de una red de satélites y de los aparatos emisores y receptores adecuados para lanzar y recibir la señal rebotado en ellos, permite a cualquier miembro de las fuerzas armadas de los EE.UU. orientaciones y localizaciones con un margen de error máximo de uno, dos, tres o cuatro metros.
Posteriormente, y consciente de que su sistema puede ser utilizado por quien quiera y en cualquier lugar del mundo, el Pentágono ha introducido un factor de distorsión que eleva el margen de error, cuando no lo emplean sus fuerzas armadas, a un centenar de metros. Con esta distorsión, el General Position System permanece abierto y a libre disposición de todo el mundo. Sólo hay en la actualidad algo parecido en el mundo: el sistema ruso, conocido como Glonass.

Dependencia peligrosa

Dispuestas de esta manera las fichas en el tablero, y considerada la importancia que en la vida actual tiene la localización y orientación, otras grandes potencias, como la UE, Japón, Canadá.., se han dado cuenta de los peligros que implica el depender de otros en un sector tan vital como este, ya sea el otro EE.UU. o Rusia.
En Europa, en concreto, la reacción de la UE ha sido el poner en marcha un proyecto cuya culminación supondrá el contar con un sistema propio. Este deberá estar totalmente operativo, en principio, para el año 2003: actualmente ya comienza a serlo en parte.
España participa en la aventura con una inversión superior a la que le correspondería por su Producto Interior Bruto (PIB), lo que denota un interés especial. Y varias empresas privadas, no sólo la Administración, están ya involucradas en ella.
Con unos 10 millones de usuarios en todo el mundo, la orientación y localización por satélite es igualmente en estos momentos un negocio en alza. Según un estudio financiado por la Agencia Espacial Europea (ESA), el mercado mundial de aplicaciones GPS alcanzará, en un plazo de cinco años, los 40.000 millones de euros, unos 6,65 billones de pesetas.

Popularización paulatina

La utilización de esos GPS que hoy se pueden adquirir en los comercios es ya casi ilimitada: pesca, agricultura, cartografía, control de flotas de vehículos, seguimiento de transportes de mercancias peligrosas. Y está siendo utilizado ya, de manera rutinaria, en un buen número de actividades deportivas y de ocio, colectivas o individuales.
El pasado 5 de marzo, el periodista Ramón Zúñiga describía en el diario El País el siguiente panorama: "Los servicios de bomberos lo emplean también en la detección de incendios forestales. Los taxistas lo han incorporado como medida auxiliar de seguridad y los fabricantes de automóviles lo incorporan a algunos de sus vehículos de alta gama como una prestación más de ayuda a la conducción".
Viajeros por carretera, excursionistas, montañeros, aficionados a la naútica con pequeñas y modestas embarcaciones.., manejan su GPS cada día, lo mismo que se pueden valer de un teléfono móvil. Sirve hasta para orientarse por las calles de una ciudad, a través de los callejeros que, según los modelos, pueden aparecer en las pantallas si le introducen los disquetes adecuados. Y quien habla de callejeros puede hacer lo mismo de cartas marinas, rútas áereas...

Ayer y hoy

Ha habido personas que se han salvado frabricándose su propia brújula mediante el procedimiento de inmantar un metal por frotación. Es posible que la sencilla, humilde y accesible aguja, que siempre se orienta hacia el norte, y que tanto ha servido a la humanidad, nunca deje de utilizarse del todo.
Marco Polo la trajo de Oriente a Occidente. Desde entonces, y con toda su elementalidad, ha sido considerada como una de las llaves que abrió a la humanidad las puertas de la era moderna.
Pero, sea cualquiera su futuro, o el aún más antiguo de la orientación mirando el cielo, hoy todo el mundo parece gritar: íLa brújula ha muerto, viva el GPS!

 

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