Diálogo desde el arte

"El pintor y su modelo"

Las grandes series de Picasso muestran la poderosa labor creativa del pintor en la última fase de su vida

"La sombra"

En pleno reconocimiento artístico y comercial, Picasso inició una serie
de encuentros con grandes maestros
de la pintura. Velázquez, Delacroix, Poussin y Manet fueron analizados, deshechos y recreados por un pintor que buscaba acercarse al latir más esencial de sus obras. Los resultados
de estos diálogos desde el arte son mostrados conjuntamente por vez primera en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
La revolución conceptual, estética y formal que Picasso llevó a cabo en los últimos años de su vida fue casi tan fundamental como lo fuera a comienzos de siglo la revolución cubista. Sus propuestas son la clave y el origen de algunas de las más innovadoras corrientes artísticas de las décadas finales del siglo XX.
Este Picasso, famoso internacionalmente y cotizadísimo valor en el mercado que comienza –en lo físico- a envejecer, es el que nos presenta estos días el Museo Reina Sofía en Madrid en "Picasso: las grandes series", una muestra patrocinada por la Fundación BBVA, que ha contado con la colaboración de la familia Picasso, y que reúne obras procedentes de museos y coleccionistas privados de todo el mundo.

Analizar, descomponer, recomponer

Reflexión sobre el arte desde el arte por el considerado gran héroe de la creación del siglo XX, podría calificarse esta exposición de las grandes series que Picasso realizó en un período que abarca desde 1953 –año en que entra en su vida la que sería su última compañera y esposa, Jacqueline Roque- a 1973, la fecha de su muerte. Son los diálogos sucesivos de un maestro con los maestros del pasado. Es esa lucha entablada sin descanso para atravesar con el maestro ausente los límites de la creación.
Un nuevo lenguaje plástico se abre paso a través de las ciento veinte obras expuestas de las series "Las mujeres de Argel", de Delacroix; "Las meninas", de Velázquez; "El rapto de las sabinas", de Poussin; "El almuerzo campestre", de Manet; "El taller del artista" y "El pintor y su modelo". Versiones que no versionan, ni siquiera cuando –como en el caso de las dos últimas reseñadas- pertenecen a motivos del propio Picasso. En palabras de la comisaria de la exposición, Paloma Esteban: "Picasso, analiza, descompone y recompone las obras maestras de otros, hasta hacerlas suyas. Explora, en extensas series, a Delacroix, Velázquez y Manet, quizás tanto por desafío personal, de confrontación de su propia plástica con la gran pintura histórica, como por deseo de oponerse a la abstracción, a la que el malagueño se había resistido desde siempre, y que en aquel momento se encontraba en todo su apogeo".
Esta es la primera ocasión en que este Picasso tardío, exuberante de creatividad y poco conocido llega a nuestro país de una forma tan completa. Su visión nos acerca de nuevo a ese misterio creativo que anida en el ser humano y que sólo creadores como él llevan a su más nítida, sincera y pura expresión.

 

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