Una nueva biografía sitúa al premio Nobel español fuera de la leyenda de genio solitario y sin medios

El científico español Santiago Ramón y Cajal ha sido objeto de una nueva biografía, publicada recientemente por Editorial Debate. Su prestigio internacional como una de las grandes figuras de la historia de las ciencias bio-médicas puede incluso que haya crecido con el tiempo. Hoy es, junto a Einstein, uno de los científicos más citados por los investigadores actuales. Pero, según el autor de este nueva biografía, Cajal ha sido también objeto de una mitificación de genio solitario, sin medios e incomprendido.

Dos imágenes de Ramón y Cajal incluidas en la nueva biografía.

Madrid. ALFONSO PEZUELA
Murió en 1934. Pero sigue siendo, junto a Einstein, el científico con mayor número de citas bibliográficas. Santiago Ramón y Cajal nació en 1852, en la pequeña aldea de Petilla de Aragón, que entonces tenía 98 casas, incluido el edificio del ayuntamiento, y algo más de 800 habitantes. Cuando su obra continúa en su mayor parte en pie y, junto con su vida, interesa tanto a los investigadores como a las personas no especializadas, acaba de aparecer una nueva biografía del que fuera premio Nobel.
Su título es simplemente "Cajal". Y se le presenta así: "Es uno de los ‘clasicos’ científicos de más elevada pervivencia, tanto en la comunidad internacional como en la sociedad española. Por su decisiva aportación al conocimiento de la estructura sistema nervioso, figura entre los creadores del núcleo central de los saberes médico-biológicos, vigentes en la actualidad, junto a figuras como Virchow, Darwin, Pasteur, Mendel o Claude Bernard".
El autor del libro es José María López Piñero, catedrático de Historia de la Medicina y especialista en esta materia en varias universidades europeas. A lo largo de medio siglo de investigación histórico-médica, el científico aragonés ha sido uno de los temas centrales y recurrentes para López Piñero, tanto en lo que se refiere al análisis crítico de su obra como a su biografía. El balance es ya una treintena de libros y artículos monográficos dedicados a él.

Universal y local

En su aproximación, el autor ha tratado de separar el hombre del mito, algo que estima muy importante, pues considera que ambas cosas suelen ofrecerse muy mezcladas. Para López Piñero, la construcción del mito de Cajal se deriva, a nivel universal, de varios factores: uno de los principales son sus aportaciones decisivas a las bases de los conocimientos médicos-biológicos modernos y que se mantienen en su mayor parte vigentes.
En el caso particular de España, el fenómeno es quizás aún mayor. "La mitificación de Cajal", opina este catedrático de la Historia de la Medicina, "fue consecuencia de su reconocimiento internacional como figura científica de primer rango en una circunstancia histórica muy especial: la ‘España vencida y humillada’ que siguió al desastre de 1898. Sus grandes triunfos científicos fueron acogidos con avidez por una sensibilidad colectiva neurotizada que había empezado a avergonzarse de lo español como sinónimo de ineficacia y fracaso".

Don Ramón

En este sentido, cuando poco después de que la armada de los Estados Unidos, con sus buques acorazados, jugase al blanco con las barcos españoles de madera en aguas de Cuba, la invitación y el viaje del sabio español a una universidad del otro lado del Atlántico fue recibido por muchos como un desquite a una derrota que, además, se había producido con caracteres tan especialmente humillantes.
El alcance del prestigio de Ramón y Cajal fue tal que, con frecuencia, se ha observado como para las clases populares llegó a convertirse simplemente en don Ramón. Esto fue así sobre todo en Madrid, donde vivió en los años del apogeo de su vida científica.
Aquella era una capital, aún con aire provinciano, en la que medio millón de habitantes se consideraba un exceso, y en la que no era muy improbable cruzarse con él por la calle y reconocerle. Y en ella bastaba decir en las conversaciones su nombre, eso sí, precedido por el don, para saber de quien se trataba. Como bastaba decir don Jacinto para que todo el mundo supiera que se hablaba de Jacinto Benavente, otro premio Nobel español.
Hoy esta estela de popularidad continúa. Así, López Piñero subraya que España sigue sembrada de calles, plazas, jardines, centros de enseñanza, hospitales, etcétera, dedicados o con el nombre de Santiago Ramón y Cajal.

Generación espontánea

"Se configuró de esta forma", añade López Piñero, "la imagen tópica de Cajal todavía hoy vigente, caracterizada principalmente por dos grandes falseamientos. El primero, afirmar que fue un investigador sin raíces en la tradición científica española, "surgido por generación espontánea", como llegó a decir Ortega y Gasset".
En segundo lugar, a ello hay que añadir la creencia, muy generalizada, de que "fue un genio solitario que trabajó aislado desde todos los puntos de vista, siendo expresión eminente del individualismo que los ensayistas irresponsables atribuyen a un supuesto carácter español".
Para completar el cuadro, "más tarde a estas dos afirmaciones se sumó el recurso más socorrido de la literatura panegírica: la exaltación retórica del sabio incomprendido y sin medios".
A lo largo de su libro, el autor rebate estas ideas asociadas a la imagen de su biografiado y repetidas rutinariamente, en su opinión, sin contrastarlas con los hechos.

El genio y su tiempo

La ciencia española existió antes de Cajal. Hubo escuelas de científicos e investigadores de importancia internacional. Pero la política, la religión, las guerras, muchas veces civiles, y de manera especial las imposiciones y prohibiciones impuestas por ideas absolutistas, tuvieron como consecuencia periodos de gran esterilidad y cortaron el esfuerzo continuado a través del enlace entre muchas generaciones. Así, muchos esfuerzos de siembra no llegaron a dar la misma cosecha que si hubieran tenido la prolongación en el tiempo por la que luchaban y trabajaban tantos científicos. Los relevos de la antorcha se troncaban. Los volver a empezar casi de cero se repetían
También Cajal tuvo maestros y entroncó con sus escuelas. Gracias a ello, como el mismo reconoció, se le abrieron lo que para él eran entonces mundos nuevos. Tuvo influencias decisivas y sin los cuales nunca se sabrá que rumbo habría tomado su vida. Por eso, en los recuerdos autobiográficos y las memorias que dejó, abundan los reconocimientos y hay expresiones de admiración para los que siempre consideró como sus maestros.

Leyenda humanizada

Fueron puntos de partida, a los que luego él añadió su gran poder de concepción y creatividad científica, unidos a la depuración e innovación de técnicas de microcopio ya en uso y la invención de otras. Y añadió una tenacidad que le llevó a estar preocupado por la ciencia hasta sólo horas antes de su muerte.
Mientras que por lo que se refiere a su leyenda de sabio aislado e incomprendido y francotirador de la ciencia sin medios, bien es verdad que su primer microscopio se lo tuvo que comprar de su bolsillo, y si durante años se vio forzado a ayudarse económicamente con clases particulares, también es cierto que llegó a disponer de buenos y modernos laboratorios, en los que trabajar él y sus discípulos, a través de los cargos públicos que fue ganando por sus méritos.
Esta biografía de López Piñero nos ofrece, pues, un Cajal más rea. Y puede que muchos piensen que no sólo no le quita nada a su mito, sino que al humanizarlo, aún le da más grandeza.

 

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