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graves
discapacidades psíquicas en un centro de Educación Especial
se parte de la idea de trabajo global, en el cual se ha
de dar respuesta a las diversas necesidades que un niño de estas
características presenta, desde un análisis de lo que podríamos
llamar la "cotidianidad" de la vida en la institución (importancia
de los pequeños detalles) y teniendo en cuenta que la mayoría
de los alumnos -por no decir la totalidad de ellos- hace uso del servicio
de comedor, lo cual implica que pasan muchas horas de forma ininterrumpida
en el centro, con todo lo que ello conlleva. En una institución
educativa de esta índole podemos distinguir tres ámbitos
de trabajo: el educativo, el asistencial y el terapéutico-recreativo.
Ámbito
educativo
Las
graves discapacidades psíquicas de los alumnos a los que nos referimos
condicionan en gran manera el contenido de las actuaciones en el ámbito
educativo, que tiene que ser humilde y realista, adecuando la intervención
a las posibilidades de asimilación y de aprendizaje de cada sujeto
y con una finalidad básicamente funcional, es decir encaminada
a lograr un nivel máximo de autonomía personal y social.
En este sentido, partimos de la premisa que cuanto más autónomo
es un individuo más rica y dignificada es su existencia. Desde
este planteamiento pragmático, distinguimos cuatro áreas
de aprendizaje o "habilitación": lenguaje, psicomotricidad, manualidades
y hábitos de autocuidado.
En relación
al lenguaje, hay que diferenciar las dos dimensiones del mismo: expresión
y comprensión. La mayoría de estos niños tienen más
afectada la capacidad expresiva y menos la comprensiva, requiriendo aquella
un trabajo sistemático e individualizado mientras que ésta
admite un abordaje grupal y contextual a partir de los distintos momentos
y situaciones del quehacer diario. Lo fundamental de este tipo de intervención
es conseguir que el lenguaje oral se convierta en un factor de socialización
y de interacción, aprovechando las capacidades de los alumnos para
que conozcan palabras referidas a objetos y realidades familiares y para
que entiendan y ejecuten órdenes simples. Entendido así,
el lenguaje asume un gran protagonismo como elemento de cohesión
intragrupal y como factor de adquisición de nuevas habilidades
y de nuevos conocimientos.
Área
de psicomotricidad
La
psicomotricidad, por su parte, es un campo de actuación especialmente
adecuado en un centro de disminuidos psíquicos, dada la aplicabilidad
de estas técnicas y su utilidad práctica en una doble vertiente:
como aprendizaje de conductas "pre-requisitas" (capacidad rehabilitadora
del trabajo psicomotriz) y como camino de comunicación y de "autoconocimiento"
(adquisición del dominio corporal, etc.). En su conjunto, conforma
la llamada educación por el movimiento, que contiene
una gran variedad de áreas de actuación: educación
del esquema corporal, lenguaje corporal, conductas perceptivo-motrices
(organización espaciotemporal,...), capacidades motrices de base,
educación psicomotriz diferenciada, etc.
En cuanto al
área de las manualidades, hay que verla como una continuación
del trabajo psicomotriz pero en una dimensión de aplicabilidad
práctica y funcional, es decir entendida como el aprendizaje y
la realización de "praxias constructivas". Este tipo de tareas
pueden organizarse en tres niveles de dificultad, cada uno de los cuales
tiene diferente finalidad:
-Actividades
ocupacionales, dirigidas a los alumnos más discapacitados, con
el objetivo básico de mantenerlos ocupados y entretenidos en actividades
muy elementales (finalidad terapéutico-educativa).
-Actividades
de aprendizaje, cuyo objetivo principal es crear una situación
de enseñanza-aprendizaje que permita adquirir determinadas habilidades
manuales (repasar, recortar, punzar, coser, etc.) que en el futuro pueden
tener una utilidad práctica para el propio sujeto.
-Actividades
de pretaller: marquetería, jardinería, etc. Tienen como
objetivo preparar aquellos alumnos que, por edad y por capacidad, podrán
insertarse en un futuro próximo en alguna modalidad ocupacional
o de trabajo protegido (taller ocupacional, taller protegido, centro especial
de trabajo, etc.).
Finalmente,
cabe referirse a los hábitos de autocuidado como un área
educativa especialmente interesante, con una incidencia muy directa en
la mejora de la autonomía personal de los alumnos. Conseguir que
los niños adquieren un alto grado de autonomía en lo que
afecta a sus necesidades personales básicas (asearse, vestirse,
control de esfínteres,…) es, en términos de pragmatismo
y de eficacia, uno de los principales objetivos en un centro de discapacitados
psíquicos severos y profundos. Este trabajo, que podemos llamar
de "habituación", constituye un largo proceso con diferentes fases
(iniciación, perfeccionamiento, consolidación); es decir,
una acción educativa continua y constante por parte de los educadores,
que requiere la aplicación de programas concretos en momentos determinados
y el seguimiento de su uso por parte de los alumnos en diferentes momentos
de la vida cotidiana.
Ámbito
asistencial
Las
graves deficiencias psíquicas que presentan estos niños
o adolescentes confieren a este ámbito una especial relevancia,
toda vez que de él depende en gran manera la seguridad y el bienestar
de los mismos mientras permanecen en el centro. Este trabajo es realizado
preferentemente por personal auxiliar no docente (monitores, cuidadores,..),
si bien ello no es óbice para que en algunos aspectos o en determinados
momentos cuente con la participación de maestros y educadores;
en todo caso, es imprescindible que este tipo de actuaciones se engarcen
con otras de carácter específicamente educativo, desde una
perspectiva holística, que dé coherencia y continuidad a
la atención que se presta a estos alumnos. (Por cierto, la implicación
solidaria y corresponsable de todos los profesionales en diferentes ámbitos
de intervención, sin menoscabo de su especificidad técnica,
es una garantía de eficacia y de buen funcionamiento técnico-profesional,
en una institución de estas características). En base a
su particular perentoriedad, podemos destacar las siguientes áreas:
- Nutrición.
La asistencia nutricional ha de tener en cuenta cuestiones tan elementales
como conocer y valorar las necesidades nutritivas de los sujetos, adecuar
las dietas por indicación médica, detectar aquellos alumnos
que se salen de "su" pauta alimenticia habitual (ya sea por exceso o por
defecto), etc.
- Higiene personal.
Se trata de instaurar las rutinas de aseo común a cualquier persona:
lavarse las manos antes y después de las comidas, ducharse o asear
siempre que sea necesario (después de una actividad deportiva,
cuando un niño tiene comportamientos de enuresis o encopresis,
etc.), peinarse, cortarse las uñas, ...
- Aspectos
biomédicos. Controlar posibles alteraciones en el estado de salud
o variables biomédicas en general: estados febriles, crisis epilépticas,
administración de la medicación pautada, traumatismos, deposiciones,
etc.
Ámbito
terapéutico-recreativo
Si
bien la dimensión terapéutica es presente en todas las actividades
que se llevan a cabo con los alumnos, contemplamos lo terapéutico
y lo recreativo en un mismo bloque porque pensamos que los momentos de
ocio constituyen un escenario especialmente adecuado -aunque no el único-
para ofrecer al discapacitado psíquico un marco vivencial enormemente
rico y gratificante, favorecedor de la comunicación, del sentimiento
de pertenencia (al grupo, a la institución,...) y del equilibrio
emocional. En este sentido, adquieren un gran valor todas las actividades
lúdicas que organiza la institución. Es importante una planificación
cuidadosa de las mismas, en la cual se tenga en cuenta la posibilidad
de realizar actividades tanto dentro como fuera del centro, combinando
equilibradamente las de carácter ordinario (paseo, patio, TV,...)
con las de carácter extraordinario (excursiones, colonias, fiestas
tradicionales,...).
Es preciso
resaltar, una vez más, la función insustituible del trabajo
tutorial individualizado, por su gran incidencia terapéutica (psicoterapéutica).
En este sentido, se trata de establecer, en términos afectivos,
una relación estructurante con el discapacitado psíquico.
Por relación estructurante entendemos aquella forma de relación
a través de la cual el alumno se siente aceptado, comprendido,
querido y orientado. Es decir, una relación que le ayuda en el
desarrollo afectivo y le favorece el equilibrio emocional y una vida de
relación más o menos estable. El educador se convierte,
así, en una referencia fundamental para el niño o el adolescente,
a través de los pequeños detalles del día a día
en la vida del centro. En última instancia, se trata de crear un
marco global de actuaciones que ayuden al discapacitado psíquico
a tener mayor equilibrio emocional y lazos afectivos más fuertes.
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