En el presente artículo se exponen algunas reflexiones técnico- profesionales acerca de la atención que los Centros de Educación Especial (CEE) tienen que dar a los alumnos con graves
déficits cognitivos, es decir, a los alumnos que presentan necesidades educativas especiales derivadas de minusvalías psíquicas severas y/o profundas.

Atención de alumnos con
graves discapacidades psíquicas en la Educación Especial

Sebastiá Miranda i Torrent
Doctor en Psicología y asesor psicopedagógico

  N   la  atención  a  alumnos  con

graves discapacidades psíquicas en un centro de Educación Especial se parte de la idea de trabajo global, en el cual se ha de dar respuesta a las diversas necesidades que un niño de estas características presenta, desde un análisis de lo que podríamos llamar la "cotidianidad" de la vida en la institución (importancia de los pequeños detalles) y teniendo en cuenta que la mayoría de los alumnos -por no decir la totalidad de ellos- hace uso del servicio de comedor, lo cual implica que pasan muchas horas de forma ininterrumpida en el centro, con todo lo que ello conlleva. En una institución educativa de esta índole podemos distinguir tres ámbitos de trabajo: el educativo, el asistencial y el terapéutico-recreativo.

Ámbito educativo

Las graves discapacidades psíquicas de los alumnos a los que nos referimos condicionan en gran manera el contenido de las actuaciones en el ámbito educativo, que tiene que ser humilde y realista, adecuando la intervención a las posibilidades de asimilación y de aprendizaje de cada sujeto y con una finalidad básicamente funcional, es decir encaminada a lograr un nivel máximo de autonomía personal y social. En este sentido, partimos de la premisa que cuanto más autónomo es un individuo más rica y dignificada es su existencia. Desde este planteamiento pragmático, distinguimos cuatro áreas de aprendizaje o "habilitación": lenguaje, psicomotricidad, manualidades y hábitos de autocuidado.
En relación al lenguaje, hay que diferenciar las dos dimensiones del mismo: expresión y comprensión. La mayoría de estos niños tienen más afectada la capacidad expresiva y menos la comprensiva, requiriendo aquella un trabajo sistemático e individualizado mientras que ésta admite un abordaje grupal y contextual a partir de los distintos momentos y situaciones del quehacer diario. Lo fundamental de este tipo de intervención es conseguir que el lenguaje oral se convierta en un factor de socialización y de interacción, aprovechando las capacidades de los alumnos para que conozcan palabras referidas a objetos y realidades familiares y para que entiendan y ejecuten órdenes simples. Entendido así, el lenguaje asume un gran protagonismo como elemento de cohesión intragrupal y como factor de adquisición de nuevas habilidades y de nuevos conocimientos.

Área de psicomotricidad

La psicomotricidad, por su parte, es un campo de actuación especialmente adecuado en un centro de disminuidos psíquicos, dada la aplicabilidad de estas técnicas y su utilidad práctica en una doble vertiente: como aprendizaje de conductas "pre-requisitas" (capacidad rehabilitadora del trabajo psicomotriz) y como camino de comunicación y de "autoconocimiento" (adquisición del dominio corporal, etc.). En su conjunto, conforma la llamada educación por el movimiento, que contiene una gran variedad de áreas de actuación: educación del esquema corporal, lenguaje corporal, conductas perceptivo-motrices (organización espaciotemporal,...), capacidades motrices de base, educación psicomotriz diferenciada, etc.
En cuanto al área de las manualidades, hay que verla como una continuación del trabajo psicomotriz pero en una dimensión de aplicabilidad práctica y funcional, es decir entendida como el aprendizaje y la realización de "praxias constructivas". Este tipo de tareas pueden organizarse en tres niveles de dificultad, cada uno de los cuales tiene diferente finalidad:
-Actividades ocupacionales, dirigidas a los alumnos más discapacitados, con el objetivo básico de mantenerlos ocupados y entretenidos en actividades muy elementales (finalidad terapéutico-educativa).
-Actividades de aprendizaje, cuyo objetivo principal es crear una situación de enseñanza-aprendizaje que permita adquirir determinadas habilidades manuales (repasar, recortar, punzar, coser, etc.) que en el futuro pueden tener una utilidad práctica para el propio sujeto.
-Actividades de pretaller: marquetería, jardinería, etc. Tienen como objetivo preparar aquellos alumnos que, por edad y por capacidad, podrán insertarse en un futuro próximo en alguna modalidad ocupacional o de trabajo protegido (taller ocupacional, taller protegido, centro especial de trabajo, etc.).
Finalmente, cabe referirse a los hábitos de autocuidado como un área educativa especialmente interesante, con una incidencia muy directa en la mejora de la autonomía personal de los alumnos. Conseguir que los niños adquieren un alto grado de autonomía en lo que afecta a sus necesidades personales básicas (asearse, vestirse, control de esfínteres,) es, en términos de pragmatismo y de eficacia, uno de los principales objetivos en un centro de discapacitados psíquicos severos y profundos. Este trabajo, que podemos llamar de "habituación", constituye un largo proceso con diferentes fases (iniciación, perfeccionamiento, consolidación); es decir, una acción educativa continua y constante por parte de los educadores, que requiere la aplicación de programas concretos en momentos determinados y el seguimiento de su uso por parte de los alumnos en diferentes momentos de la vida cotidiana.

Ámbito asistencial

Las graves deficiencias psíquicas que presentan estos niños o adolescentes confieren a este ámbito una especial relevancia, toda vez que de él depende en gran manera la seguridad y el bienestar de los mismos mientras permanecen en el centro. Este trabajo es realizado preferentemente por personal auxiliar no docente (monitores, cuidadores,..), si bien ello no es óbice para que en algunos aspectos o en determinados momentos cuente con la participación de maestros y educadores; en todo caso, es imprescindible que este tipo de actuaciones se engarcen con otras de carácter específicamente educativo, desde una perspectiva holística, que dé coherencia y continuidad a la atención que se presta a estos alumnos. (Por cierto, la implicación solidaria y corresponsable de todos los profesionales en diferentes ámbitos de intervención, sin menoscabo de su especificidad técnica, es una garantía de eficacia y de buen funcionamiento técnico-profesional, en una institución de estas características). En base a su particular perentoriedad, podemos destacar las siguientes áreas:
- Nutrición. La asistencia nutricional ha de tener en cuenta cuestiones tan elementales como conocer y valorar las necesidades nutritivas de los sujetos, adecuar las dietas por indicación médica, detectar aquellos alumnos que se salen de "su" pauta alimenticia habitual (ya sea por exceso o por defecto), etc.
- Higiene personal. Se trata de instaurar las rutinas de aseo común a cualquier persona: lavarse las manos antes y después de las comidas, ducharse o asear siempre que sea necesario (después de una actividad deportiva, cuando un niño tiene comportamientos de enuresis o encopresis, etc.), peinarse, cortarse las uñas, ...
- Aspectos biomédicos. Controlar posibles alteraciones en el estado de salud o variables biomédicas en general: estados febriles, crisis epilépticas, administración de la medicación pautada, traumatismos, deposiciones, etc.

Ámbito terapéutico-recreativo

Si bien la dimensión terapéutica es presente en todas las actividades que se llevan a cabo con los alumnos, contemplamos lo terapéutico y lo recreativo en un mismo bloque porque pensamos que los momentos de ocio constituyen un escenario especialmente adecuado -aunque no el único- para ofrecer al discapacitado psíquico un marco vivencial enormemente rico y gratificante, favorecedor de la comunicación, del sentimiento de pertenencia (al grupo, a la institución,...) y del equilibrio emocional. En este sentido, adquieren un gran valor todas las actividades lúdicas que organiza la institución. Es importante una planificación cuidadosa de las mismas, en la cual se tenga en cuenta la posibilidad de realizar actividades tanto dentro como fuera del centro, combinando equilibradamente las de carácter ordinario (paseo, patio, TV,...) con las de carácter extraordinario (excursiones, colonias, fiestas tradicionales,...).
Es preciso resaltar, una vez más, la función insustituible del trabajo tutorial individualizado, por su gran incidencia terapéutica (psicoterapéutica). En este sentido, se trata de establecer, en términos afectivos, una relación estructurante con el discapacitado psíquico. Por relación estructurante entendemos aquella forma de relación a través de la cual el alumno se siente aceptado, comprendido, querido y orientado. Es decir, una relación que le ayuda en el desarrollo afectivo y le favorece el equilibrio emocional y una vida de relación más o menos estable. El educador se convierte, así, en una referencia fundamental para el niño o el adolescente, a través de los pequeños detalles del día a día en la vida del centro. En última instancia, se trata de crear un marco global de actuaciones que ayuden al discapacitado psíquico a tener mayor equilibrio emocional y lazos afectivos más fuertes.

 

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