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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
Juan Gris es uno de los casos más significativos de la ignorancia
y desinterés que mostraron las instituciones oficiales de nuestro
país por los grandes creadores españoles universales que
formaron parte de la gran revolución artística del primer
tercio del siglo XX. Instalado en París desde 1906, apenas volvió
a tener contactos con su país natal, en el que en un principio
había actuado como ilustrador de una revista de gran tirada como
"Blanco y Negro" y de algunas de las publicaciones minoritarias de Francisco
Villaespesa y otros modernistas. Su reconocimiento internacional como
valor indiscutible del cubismo no tuvo eco alguno en nuestro país
y su obra siguió sin integrar las colecciones españolas.
Habrá que esperar cincuenta años después de su muerte
para que en 1977 la galería privada Theo le dedique una muestra
monográfica en su Madrid natal.
"Es el
más puro de los pintores cubistas y un pintor muy apreciado por
los pintores", afirmaba Juan Manuel Bonet, director del Museo Reina
Sofía, en la presentación de la obra que de este pintor
tiene en sus fondos. Una muestra que reúne todas las facetas de
este creador a través de las catorce pinturas, cuatro dibujos,
y cuatro libros que integran la muestra.
La
botella de anís
De
obra tan escasa como exquisita, Juan Gris se ha convertido en un creador
de difícil acceso para una institución pública. Desde
la adquisición de la primera obra suya, "Guitarra ante el
mar" (1927), el estado ha ido creando una pequeña pero notable
colección que debe en gran parte su importancia al legado de Douglas
Cooper en 1979, que incluía tres lienzos donados inicialmente al
Prado y que pasaron al Museo reina Sofía en 1995. Recientemente
se ha visto incrementada con "La botella de anís" (1914),
una pintura de pequeñas dimensiones por la que el Estado pagó
300 millones de pesetas.
Las obras de
Juan Gris expuestas estos días pertenecen a los llamados tesoros
ocultos del Museo, ya que en la colección permanente se exponen
otros lienzos del pintor, cedidos en depósito por la Fundación
Telefónica. Tras su exhibición en Madrid, la muestra viajará
a la Fundación Marcelino Botín de Santander, institución
que ha colaborado en la edición de su catálogo.
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