Autor de una propuesta individual dentro de la corriente cubista y dueño de una plástica llena de poesía, Juan Gris fue el gran
ignorado por las instituciones culturales y los coleccionistas privados de nuestro país. Estos días su singularidad sale a la luz en la muestra que el Museo Reina Sofía ha organizado con la obra que de este pintor tiene en sus fondos.
"La botella de anís" (1914)
"Le violon"(1916)

El Museo Reina Sofía muestra en Madrid las veintidós
obras que posee del gran pintor cubista Juan Gris

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Juan Gris es uno de los casos más significativos de la ignorancia y desinterés que mostraron las instituciones oficiales de nuestro país por los grandes creadores españoles universales que formaron parte de la gran revolución artística del primer tercio del siglo XX. Instalado en París desde 1906, apenas volvió a tener contactos con su país natal, en el que en un principio había actuado como ilustrador de una revista de gran tirada como "Blanco y Negro" y de algunas de las publicaciones minoritarias de Francisco Villaespesa y otros modernistas. Su reconocimiento internacional como valor indiscutible del cubismo no tuvo eco alguno en nuestro país y su obra siguió sin integrar las colecciones españolas. Habrá que esperar cincuenta años después de su muerte para que en 1977 la galería privada Theo le dedique una muestra monográfica en su Madrid natal.
"Es el más puro de los pintores cubistas y un pintor muy apreciado por los pintores", afirmaba Juan Manuel Bonet, director del Museo Reina Sofía, en la presentación de la obra que de este pintor tiene en sus fondos. Una muestra que reúne todas las facetas de este creador a través de las catorce pinturas, cuatro dibujos, y cuatro libros que integran la muestra.

La botella de anís

De obra tan escasa como exquisita, Juan Gris se ha convertido en un creador de difícil acceso para una institución pública. Desde la adquisición de la primera obra suya, "Guitarra ante el mar" (1927), el estado ha ido creando una pequeña pero notable colección que debe en gran parte su importancia al legado de Douglas Cooper en 1979, que incluía tres lienzos donados inicialmente al Prado y que pasaron al Museo reina Sofía en 1995. Recientemente se ha visto incrementada con "La botella de anís" (1914), una pintura de pequeñas dimensiones por la que el Estado pagó 300 millones de pesetas.
Las obras de Juan Gris expuestas estos días pertenecen a los llamados tesoros ocultos del Museo, ya que en la colección permanente se exponen otros lienzos del pintor, cedidos en depósito por la Fundación Telefónica. Tras su exhibición en Madrid, la muestra viajará a la Fundación Marcelino Botín de Santander, institución que ha colaborado en la edición de su catálogo.

 

arriba