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aproximadamente tres años cuando Ron Unz, un multimillonario residente
en Silicon Valley, decidió acabar con la "fragmentación
étnica" que había visto durante su estancia en Nueva York,
y que amenazaba, según él, la unidad de los Estados Unidos.
Para terminar de forma drástica con lo que consideraba como la
raíz del problema (el hecho de que muchos inmigrantes no hablaban
inglés), escribió y financió personalmente (gastándose
unos 160 millones de pesetas) una iniciativa que, después de recoger
cerca de 400.000 firmas entre los ciudadanos, como era preceptivo, pudo
ser sometida a referéndum entre los votantes californianos en las
elecciones de junio de 1998.
La propuesta
de Unz modificaba el Código de Educación de California,
incluyendo nuevos artículos que especificaban la forma de enseñar
a todos los alumnos matriculados en las escuelas públicas californianas
que tuvieran conocimientos limitados de inglés. Éstos (1.400.000
alumnos) comprenden cerca del 25% del total de alumnos del estado. El
método de instrucción sería la inmersión estructurada
en inglés durante un período de tiempo que "normalmente
no durara más de un año". A su término, los alumnos
serían colocados en clases regulares enseñadas en inglés.
Aquellos padres que quisieran que sus hijos recibieran educación
bilingüe tendrían que rellenar un formulario especial, que
debería ser renovado cada año, y tendrían que esperar
a que hubiera veinte padres por grado que solicitaran lo mismo. Finalmente,
en una de sus cláusulas más controvertidas, la iniciativa
permitía a padres y tutores el poder demandar a aquellos maestros
y directores de escuelas que no cumplieran la ley.
La
campaña de Unz
La
estrategia de Unz durante los meses previos a las elecciones se basó
en dos pilares fundamentales: la efectividad de su mensaje y la incorporación
de varias personalidades hispanas a su campaña.
El mensaje
era simple: la educación bilingüe, que enseñaba a los
alumnos la mayoría de las materias en sus idiomas nativos para
evitar que se retrasaran académicamente mientras aprendían
inglés, e incluía la enseñanza de Inglés como
segunda lengua, fue un experimento educativo que nunca tuvo éxito.
Según Unz, los programas bilingües se habían convertido
en reductos en los que sólo se enseñaba a los estudiantes
en su idioma materno. Por tanto, iba siendo hora de eliminarlos.
La incorporación
de personalidades hispanas a la campaña tenía como objeto
el evitar acusaciones de racismo o de discriminación contra este
grupo, la minoría más afectada por la iniciativa dado que
una gran parte de los programas bilingües eran español-inglés.
Jaime Escalante, el maestro boliviano cuyos éxitos con sus estudiantes
en la escuela secundaria Garfield constituyó el tema central en
la película "Stand and deliver", protagonizada por Edward James
Olmos, fue uno de los hispanos más relevantes que apoyó
a Unz, siendo nombrado presidente honorario de la campaña.
La iniciativa,
que en las papeletas electorales apareció como Proposición
227, fue aprobada el 2 de junio de 1998 con casi el 61% de votos a favor.
Curiosamente, el 85% de los votantes que participaron en las elecciones
no tenían hijos en escuelas públicas; lo que es más,
aunque los hubieran tenido, la iniciativa no les hubiera afectado porque
eran hablantes nativos de inglés. Los votantes hispanos, los más
afectados por la proposición, votaron mayoritariamente (66%) en
contra.
Inmersión
obligatoria en inglés
En
agosto de 1998, conjuntamente con la inmersión obligatoria en inglés,
se pusieron en práctica otras medidas que formaban parte de una
gran reforma educativa dirigida a mejorar el sistema educativo californiano.
Así, se redujo el número de estudiantes en los grados "kindergarten",
primero, segundo y tercero a un máximo de veinte por aula, se puso
un gran énfasis en enseñar a los alumnos técnicas
que les ayudaran a mejorar su preparación para los exámenes,
se invirtió una enorme cantidad de dinero en proveer a cada estudiante
de sus propios libros de texto, y se uniformizaron las normas de aprendizaje
(standards) en todo el estado. Los efectos combinados de todas estas medidas
parecen haber logrado una mejora en el rendimiento escolar de los alumnos,
pero, al haber sido implantadas todas al mismo tiempo, no se ha podido
evaluar adecuadamente el impacto de la Proposición 227 sobre los
alumnos con conocimientos limitados de inglés.
Sin embargo,
algo muy revelador está empezando a ocurrir: ha aumentado de manera
clara e ininterrumpida el número de estos estudiantes que son referidos
por sus maestros a programas de educación especial. Irónicamente,
el altísimo número de niños que no hablaban inglés
y que eran colocados en esos programas fue una de las razones por las
que se establecieron los primeros programas bilingües en los años
70. En muchos casos se había identificado erróneamente el
retraso mental con el desconocimiento del idioma por parte de los estudiantes
y, por tanto, con su bajo rendimiento académico.
La
continuación, en Arizona
Dos
años y medio después de su triunfo en California, Ron Unz
acaba de repetir el mismo proceso en Arizona, volviendo a escribir y a
financiar (esta vez con un costo para él de unos 40 millones de
pesetas) una nueva iniciativa a imagen y semejanza de la californiana,
aunque mucho más restrictiva. Por ejemplo, prohibe la enseñanza
de la lectura, la escritura o cualquier otra materia en cualquier idioma
que no sea el inglés; asimismo, el uso en las aulas de libros y
materiales escritos en un idioma que no sea inglés está
también prohibido. En lo que se refiere al derecho de los padres
a elegir el método de instrucción que desean para sus hijos,
si los padres desean pedir educación bilingüe, deben escribir
el porqué en no menos de 250 palabras, y pedir que su petición
sea firmada por el director de la escuela y por el superintendente del
distrito escolar. Aún así, cualquiera de estas instancias
puede denegar la petición sin tener que dar explicaciones adicionales.
Tras conseguir
reunir las preceptivas 110.000 firmas para que su iniciativa pudiera ser
sometida a referéndum en las elecciones de noviembre, ésta,
que llevó el nombre de Proposición 203, fue aprobada con
el 65 % de los votos a favor. Su aplicación en las escuelas públicas
de Arizona comenzará en julio próximo, con el nuevo curso
escolar.
Se dice que
no hay dos sin tres. Las dos primeras proposiciones (227 y 203) ya han
sido aprobadas por los electores, pero hay otras preparándose entre
bastidores, siguiendo el mismo procedimiento y con el mismo protagonista,
Ron Unz. Los Estados afectados serán, casi con toda seguridad,
Massachussets, Illinois, Nueva York y Colorado, Estados en los que, al
igual que en California y Arizona, las iniciativas populares están
autorizadas.
Si las encuestas
no engañan, no parece que las nuevas iniciativas vayan a encontrar
muchos obstáculos para ser aprobadas: una encuesta hecha el año
pasado en Nueva York reflejaba un apoyo popular cercano al 80% para una
iniciativa similar a la californiana.
Conseguir
popularidad
Quizá
lo que más llama la atención en este proceso es el tremendo
interés de un millonario procedente de un campo ajeno a la educación,
como Ron Unz, en financiar estas iniciativas. Unz ha manifestado en varias
ocasiones que lo que le motiva es el derecho de los inmigrantes a aprender
inglés, pero sus críticos afirman que lo que en realidad
le mueve son sus intereses personales, a saber, conseguir popularidad
y reconocimiento entre los electores para sus futuras aventuras políticas.
Como prueba, se han esforzado en recordar a la opinión pública
sus frustrados intentos del pasado reciente (buscó la candidatura
a gobernador de California en 1994 y se presentó a las elecciones
para senador en junio del 2000) y sus ya anunciados deseos de probar nuevamente
en el futuro.
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