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El síndrome de "estar quemado"

Según reflejaba la prensa hace unos días, la segunda causa de baja laboral entre el profesorado se atribuye al estrés y los trastornos psicológicos, muy por encima de la temible gripe. De una encuesta realizada por un sindicato de la enseñanza se desprende que más del 30% de los docentes reconoce padecer cierto grado de estrés y otro sondeo revela que ocho de cada diez profesores están abocados a padecer "burn-out" o el síndrome de "estar quemado". Los especialistas definen este síndrome como "una reacción psíquica a una situación sociolaboral que nos sobrepasa y que afecta básicamente a profesionales que realizan su trabajo en contacto directo con personas".
Desde hace tiempo, los docentes manifestamos el incremento de las demandas que nos reclama una sociedad que, a su vez, está inmersa en un proceso de transformación. Las familias y los estudiantes cada vez exigen más a un profesorado que le cuesta adaptarse a los sucesivos cambios educativos y sociales y que no dispone de los recursos necesarios.
Además de demostrar un alto grado de competencia profesional, también debemos desempeñar en numerosas ocasiones tareas propias de un trabajador social, un psicólogo o un orientador familiar.
En este sentido, deseo expresar mi adhesión al Colegio de Doctores y Licenciados de Cataluña cuando recomienda modificar el perfil profesional del docente. A su juicio, el profesor debe poseer facilidad para empatizar, capacidad para contenerse, tolerancia a la frustración y capacidad para aceptar fracasos propios y ajenos.
Según este Colegio Oficial también sería recomendable introducir mejoras en los centros, aumentar las licencias por estudios y los cambios de ocupación temporal o permanente; así como, se debería facilitar la reducción de jornada, las excedencias voluntarias sin perder la plaza y la jubilación anticipada.

Toni Rius Fuster
Mataró (Barcelona).

 
   
 
   

┐Sociedad del conocimiento?

No existen serias dudas, según los expertos en postmodernidad -es decir, en la forma típica del ver el mundo basada en el escepticismo, fragmentarismo y en la ausencia total de conocimientos objetivos y universales e inmutables-, de que vivimos en la época de la información, que para algunos equivale a conocimiento.
De esta opinión parece participar el Consejo de Europa que en su reunión en Lisboa el pasado mes de marzo del 2000 identificó la revolución de las nuevas tecnologías, especialmente Internet, con el conocimiento. Tradicionalmente la ciencia era el conocimiento de las cosas por sus causas. Estas afirmaciones parecen hoy, en ciertos ambientes culturales oficiales, obsoletas y más dignas de lástima que de consideración. Lo importante hoy es acumular datos, los más posibles y con la mayor rapidez posible. Es indiferente que sean contradictorios, falaces o claramente inmorales, lo importante es aparentar poseer mucha información aunque se ignoren todas las causas. Si a esto se añade un jerga pseudocientífica y cuasi mágica la acumulación datos sería el summum del conocimiento.
Las políticas educativas más preocupadas por los medios que por los fines parten de la hipótesis de que cuanto más medios tecnológicos-digitales manipulen los agentes educativos, mejor formados y más cualificados vital y existencialmente estarán, es decir, serán más felices porque sabrán mejor para qué y por qué viven.
No se trata de infravalorar el papel que las herramientas digitales juegan hoy y en el futuro en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Desconocer la utilidad de estos medios para acceder a la información y compartirla para que llegue a todos los lugares del mundo de la forma más eficaz y segura, sería querer poner puertas al campo. El gran reto es que los principios morales que conforman la dignidad de la persona humana y que en Europa se han consolidado en torno a la Filosofía griega. el Derecho Romano y los valores transcendentes-religiosos del Evangelio Cristiano, no queden ahogados por el materialismo pragmático de la llamada Nueva Economía globalizadora y virtual. Cuando Europa ha olvidado esos principios su presunta superioridad tecnológica se ha convertido en barbarie totalitaria.
El problema no reside en la acumulación de información sino ┐para qué tanta información?, porque, como decía San Pablo, el hombre que transformó Occidente, con su conocimiento profundo del misterio del hombre, ni el ojo se cansa de ver ni el oído de oír.
Internet, paradigma del modelo de sociedad de la información, es una amplia base de datos, muchos obsoletos, aislados y sin la necesaria cohesión para que se pueda hablar con propiedad de sociedad de conocimiento, que supone necesariamente reflexión, meditación, visión crítica y conclusiones no sólo verificables sino enriquecedoras. Millones de datos no implican necesariamente certezas. Si algo caracteriza al homo digitalis es facilidad para acceder a todo tipo posible de datos, no tanto para asimilarlos y obrar en consecuencia.

Fidel García Martínez.
Catedrático de Lengua y Literatura

 

 
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