puede convertirse en un bien escaso

Una cuarta parte de la población mundial está hoy amenazada por su carencia

Los 1.360 millones de kilómetros cúbicos estimados de agua existentes en la Tierra hacen que éste sea el elemento más abundante de la naturaleza. Pero, sólo un 2,3 % de ella es agua dulce. El resto es salada o se encuentra en los glaciares o en los casquetes polares. Y, aún renovadas por las lluvias, últimamente están sonando las alarmas. En el futuro puede convertirse en un bien escaso para todos.
La desecación del Mar de Aral, uno de los mayores desastres provocados por el hombre. Embalsar agua con presas
es uno de los medios más utilizados para su aprovechamiento.

Madrid. ALFONSO PEZUELA
La subsistencia de más de 1.200 millones de personas, la cuarta parte de la población mundial, está amenazada por la falta de agua. A los problemas de siempre se suman ahora, entre otros, el crecimiento demográfico y el avance de la desertización, este último como consecuencia del calentamiento de la Tierra.
Los pronósticos son sombríos. De acuerdo con los especialistas, incluso en países desarrollados que tradicionalmente no han sufrido escaseces en este aspecto, el agua puede convertirse en un bien caro y escaso.
Las zonas que van a resultar más afectadas, según las estimaciones actuales, son Africa, Sudamérica, el Caribe y la parte occidental del Mediterráneo, en la que se incluye de manera especial a España. La ONU estima que el total de países afectados es de 110.
El que la supervivencia de una cuarta parte de la humanidad está amenazada ha sido una de las conclusiones de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertización, celebrada recientemente, y en la que están representados 172 países. Por su parte, la ONU calcula que harán falta entre 1,8 y 4 billones de pesetas anuales para combatir el proceso de extensión de la desertización.

Mar de Aral

En los países occidentales desarrollados se contaminan las aguas de los ríos, lagos, mares y océanos. Los acuíferos y humedales se desecan. Los bosques son víctimas de la lluvia ácida, cuando los productos tóxicos de los humos de las grandes concentraciones industriales se concentran en las gotas de agua que forman la humedad de la atmósfera. Los monocultivos suponen un ataque frontal a la diversidad biológica y dejan extenuadas las tierras.
Pero, quizá un ejemplo de uno de los mayores desastres naturales provocados últimamente por la acción del hombre sea el del Mar de Aral, en la zona de Asia que formaba parte de la antigua Unión Soviética. Considerado como la cuarta mayor cantidad de agua continental existente en la Tierra, con 65.000 kilómetros cuadrados de superficie, a finales de los años noventa había perdido la mitad de su superficie y las tres cuartas partes de su volumen. En 1997, cuando comenzaron a tomarse medidas, se temía que estuviera a punto de desaparecer.
Detrás de todo ello estaba una política agraria faraónica e insensata con, sobre todo, la construcción de presas y el desvío de las aguas de los dos grandes ríos que vierten en él su caudal, para llevar a cabo cultivos de algodón, una planta siempre sedienta. Y el abuso de los pesticidas, extendidos, luego por las tormentas de aire de los desiertos.

Estado actual

Renovada por las lluvias y salvo en las zonas desérticas y con escaseces, hasta ahora, la humanidad ha vivido, de una manera general, con la sensación de que el agua era inagotable. Por eso, en muchas regiones sigue siendo gratis y, de una manera o de otra, se derrocha actualmente en todas partes, sin que se le dé importancia a ello.
Sin embargo, esta conciencia está cambiando. Las cada vez mayores exigencias de una población que ya ha superado los seis mil millones y cuando todos los países aspiran a alcanzar los niveles de consumo y la demanda de agua de la revolución industrial de los más desarrollados, la preocupación por su escasez se está extendiendo.
Compuesta por dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, una estimación del agua que existe actualmente en la Tierra la sitúa en 1.360 millones. Es, con mucho, el elemento más abundante de la naturaleza. Pero, un 95 % lo forman los mares y los océanos. Es salada. Y otro 2,2 % está concentrado en los casquetes polares y en los glaciares. De estos 1.360 millones de kilómetros cúbicos queda pues disponible solo un 2,3% de agua dulce.

 

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