Cambio Climático
Los criterios para contabilizar la reducción de los "gases de efecto invernadero" siguen provocando diferencias entre los países firmantes del acuerdo de Kioto
Tras el fracaso de la reciente Conferencia de La Haya
sobre Cambio Climático, los 180 países que participaron en ella
deberán reunirse de nuevo en el transcurso del año 2001. Mientras, continúan los esfuerzos para reducir las emisiones
de gases de "efecto invernadero" y en España se prepara
un Plan Estratégico Nacional y una Oficina del Medio Ambiente.
La valoración de
la compensación
de las emisiones
de CO2 por la aportación de oxígeno de
las grandes masas forestales es uno
de los temas
de discusión entre EEUU y la UE.

Madrid.
Las normas por las que deberá regularse el cumplimiento de los acuerdos internacionales sobre cambio climático deberán esperar. La Conferencia de La Haya convocada recientemente a este respecto, y en la que participaron representantes de 180 países, terminó como el rosario de la aurora.
Pero, los acuerdos de Kioto sobre la reducción de emisiones de "gases de efecto invernadero" siguen ahí. Y, en mayor o menor medida, se puede decir que todos los países continúan preparándose para cumplirlos. Otra cosa es que haya diferencias en los criterios de medida . O que todos estén realmente dispuestos a hacer los sacrificios que sean necesarios para cumplirlos.
En España, por ejemplo, el director general de Calidad y Educación Ambiental, Germán Glaria, ha anunciado que el conjunto de medidas para afrontar las reducciones de los gases de efecto invernadero estarán listas para el año 2001.
Estas medidas fueron anunciadas hace dos años por la anterior ministra de Medio Ambiente, Isabel Tocino. Y, en este campo, España actúa conjuntamente con los otros países miembros de la UE, cuyos responsables de la política medioambiental celebraron recientemente una reunión monográfica.

Oficina española

También deberá estar lista para este 2001 la Oficina de Cambio Climático española, creada para diseñar las líneas estratégicas de acción, procurar su implementación y llevar a cabo su seguimiento. Según Jaume Matas, esta oficina funcionará como un organismo dentro del Ministerio del que es responsable, tendrá una estructura propia y sus objetivos se centrarán en evitar un posible cambio climático debido a la acción del hombre.
Por último, y entre lo anecdótico y lo significativo, el presidente del Gobierno, José María Aznar, y la ministra de Ciencia y Tecnología, Anna Birulés, acaban de inaugurar, en el Complejo de la Moncloa, la primera instalación de energía solar de la Administración.
Una pérgola formada por paneles voltaícos producirá 45.000 kilowatios hora anuales. Esto representa únicamente el 1% de la energía que consume la residencia oficial y las oficinas de los presidentes del Gobierno. Pero, evita la emisión a la atmósfera de 44 toneladas de dióxido de carbono al año.

Proyecto de cooperación

La nueva instalación forma parte del proyecto de cooperación firmado por Presidencia del Gobierno y el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDEA). El principal objetivo es impulsar el uso de la energía en la Administración.
Mientras, los 180 países que se reunieron en la Conferencia de La Haya tienen previsto volver a hacerlo en 2001, probablemente en mayo o junio. El fracaso de la última reunión se debió, sobre todo, a las diferencias entre EE.UU. y la UE. En este sentido, tres fueron los puntos centrales de desacuerdo.
Primero, la valoración del papel que desempeñan los bosques. Sabido es que uno de los gases de efecto invernadero es el C02, el anhídrido carbónico. La revolución industrial trajo la quema en gran escala de combustibles fósiles por la mano del hombre, como fuente de energía, y en sus tres variantes: la sólida, o carbón; la líquida, o petróleo; y la gaseosa, a través de las distintas variantes de gases de consumo industrial y doméstico.

Revolución industrial

Desde el arranque de la revolución industrial, el crecimiento de los combustibles fósiles ha venido siendo progresivamente acelerado. Con ello, el vertido de CO2 en la atmósfera de la Tierra ha alcanzado proporciones que ya todos coinciden en denunciar como más que alarmantes.
Pero también hace tiempo que se conoce el fenómeno que contrarresta los niveles de CO2 en la atmósfera: la función de la fotosíntesis. Gracias a ella, el reino vegetal retira CO2 de la atmósfera y, después de un proceso necesario para su vida, libera oxígeno.
Un ciclo este, retirada de CO2 y aportación de oxígeno, que ha resultado siempre fundamental para el equilibrio medioambiental de la Tierra y el mantenimiento de las condiciones que hacen posible la vida en ella. En los últimos años, sin embargo, la acción del hombre lo ha descompensado, con el vertido en la atmósfera de ingentes cantidades de gases de efecto invernadero.
¿Qué sucede entonces si un país es muy contaminante, pero también rico en bosques?. ¿Se pueden reducir menos las emisiones de gases de efecto invernadero, a cambio de compensarlo mediante una política de enriquecimiento forestal que limpie lo que se contamina?. Y esto ha sido un tema, el de la compensación mediante grandes superficies forestales, en el que las propuesta de EE.UU. han parecido tan peligrosas a la UE que ésta se plantó. Hasta el punto de que de nada valieron los esfuerzos conciliadores y por salvar la reunión de la presidencia y de otros países.

Otros desacuerdos

Las sanciones para quienes no cumplan los acuerdos de Kioto siguen siendo un segundo motivo de diferencia. Todos los países son conscientes de que aquí, y nunca mejor dicho, no se pueden poner puertas al campo, pues de qué le sirve a un país reducir su aportación a la contaminación de la atmósfera del planeta, mientras ve que el vecino no hace lo mismo.
Quedan, en tercer lugar, las diferentes posturas mantenidas en la aplicación de los mecanismos de flexibilidad contemplados en Kioto. Estas son las compensaciones, o compraventa de cuotas de contaminación entre países; el desarrollo de proyectos conjuntos más allá de las fronteras; y los proyectos de ayuda a los países subdesarrollados.
El argumento de los países desarrollados reza como sigue: "los países desarrollados han podido industrializarse sin preocuparse de que estaban contaminando la atmósfera de todos, por lo que ahora ellos deberían poder hacer lo mismo, hasta que alcanzasen el nivel de bienestar de lo que convencionalmente se llama actualmente el primer mundo".

 

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