La educación y los contenidos

(…) Complementariamente, se delega crecientemente en el sistema educativo la instrucción cívica y moral en estrecha relación con nuestro sistema de valores. Esta peculiaridad de la sociedad moderna proviene de la conjunción entre notables carencias en muchos medios familiares –que han dejado de ejercer su rol fundamental- y la impúdica actitud de otras agencias básicas de socialización, en especial las de determinados medios de comunicación, que en lugar de revisar los contenidos y valores que transmiten, no dudan en responsabilizar al sistema educativo de las carencias y los comportamientos improcedentes de las nuevas generaciones.
Tomando en cuenta todos los objetivos de la actual enseñanza obligatoria y constatando la problemática plural y diversa que la caracteriza, me parece sumamente improbable que pueda confiarse en una solución exitosa insistiendo, casi exclusivamente en los contenidos. La cuestión no consiste en dilucidar el número de contenidos a impartir, sino en garantizar las mejores condiciones para su impartición. Entre tanto, no parece que las propuestas apocalípticas de contenido unitario garanticen la mejora del conocimiento, sólo gestionable desde el principio de atención a la diversidad.
Ya es tiempo de reconocer, sin rubor, que la enfermedad fundamental que afecta a la educación es la pérdida de la autoridad. Pérdida de prestigio social de la función docente y cuestionamiento permanente de su capacidad para transmitir conocimientos y valores. Por su naturaleza, la institución educativa no puede abdicar de la autoridad, entendida como reconocimiento social, ni convivir con su automática consecuencia, el quebranto del orden.
Educar en un mundo que está confuso exige, necesariamente, actitudes y políticas de distanciamiento para huir sobre todo de las soluciones basadas en los prejuicios, que no tienden sino a agudizar las situaciones de crisis.
No conviene idealizar escenarios muy distintos del actual. Las propuestas destinadas a mermar la igualdad de oportunidades están destinadas al fracaso. El futuro ahondará la multiculturalidad, en consecuencia con la creciente inmigración y, por lo tanto, con las diferencias sociales. Solamente si conseguimos devolver a la escuela y a los docentes la autoridad que todos hemos contribuido a erosionar, si es necesario autonomizando ciertas leyes de la escuela respecto de las de la sociedad en general, podremos aspirar a mejorar el nivel de instrucción y educación de nuestros jóvenes.

Alfonso Unceta
EL PAIS. 4- diciembre- 2000.

El mercado dejará sin empleo
a 200.000 universitarios

La escasa relación entre la oferta de profesionales, salidos del sistema educativo, y las demandas futuras del sistema productivo, generarán en los próximos años importantes desajustes en el mercado de trabajo.
Según la proyección realizada por los profesores Lluis Fina, Luis Toharia, Carlos García Serrano y Ferrán Mañé, acerca de las necesidades de empleo por niveles de estudio en el año 2004, que se incluye en el libro Formación y Empleo editado por la Fundación Argentaria, se producirá un excedente de 200.000 universitarios en el escenario laboral, que convivirá con un déficit de alrededor de 100.000 titulados en Formación Profesional.
Para realizar la prospección, los profesores han previsto un índice realista de evolución del empleo asalariado, en el entorno del 2%, y unas perspectivas de cambio ocupacional y sectorial, similares a las registradas entre el año 1994 y 1999.
El estudio estima que, de la demanda total de trabajadores, alrededor de 700.000 serían titulados universitarios, mientras que 540.000 corresponderían a titulados en FP, como ámbitos formativos finalistas de cara a la inserción en el mercado de trabajo. Todo ello, en un contexto general de ajuste educativo al alza, que exigirá una creciente demanda de titulados y un sensible descenso en las ofertas para empleados de baja cualificación.
Sin embargo, el número de titulados salidos de las Universidades españolas desbordará con creces las necesidades del mercado laboral. El estudio estima que en los próximos 5 años se titularán unos 900.000 alumnos –tomando como referencia la Estadística de Enseñanza Superior (EES) del INE-, una cifra muy superior a las necesidades brutas previstas para el mercado laboral.
El excedente de titulados sería de unos 200.000, aunque la evolución prevista para las distintas titulaciones puede hacer que este superávit coexista con situaciones específicas de carencias en algunas cualificaciones (...).

Bruno Pérez
LA GACETA DE LOS NEGOCIOS. Lunes, 11-diciembre- 2000.

 

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