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Madrid.
G. A.
El profesor Juan Velarde Fuertes preside el Foro "Calidad y Libertad
de la Enseñanza", integrado por profesionales relacionados
con la educación, el periodismo y la cultura. Entre ellos figuran
cualificados representantes de las principales organizaciones de los colegios
católicos, (la FERE y Educación y Gestión), como
Ángel Astorgano, Néstor Ferrera, y Luis Álvarez;
los máximos responsables de la confederación católica
de padres (CONCAPA), Agustín Dosil, de la Federación de
Enseñanza de USO, José Luis Fernández, de FSIE, Francisco
Vírseda; e incluso la secretaria general de Educación del
MECD, Isabel Couso.
Los integrantes
de este foro pretenden "constituir un entorno permanente de debate
sobre temas educativos para la sociedad española, desde la óptica
de calidad y libertad en todas las escuelas". Y su principal objetivo
es "contribuir, mediante la información y la comunicación,
al desarrollo individual y colectivo de la idea de que el binomio calidad-libertad
es necesario, es indivisible y es básico para que la oferta educativa
a la sociedad consiga los más altos niveles de una educación
integral".
Por ello, el
Foro ha elaborado el Documento "Educar para la convivencia",
que parte de la idea de que "la violencia no tiene su origen en el
ámbito escolar ni es exclusiva del mismo, es un problema genérico
de la sociedad; y la convivencia no es la mera ausencia de violencia,
sino resultado y expresión de múltiples valores como la
comunicación, el diálogo, la cooperación, el respeto
mutuo, etc.". Y también del que "diversos sectores sociales
atribuyen al mundo de la educación la tarea de prevenir la conflictividad
y, sin embargo, nadie enseña a un profesor lo que tiene que hacer
cuando una clase alborota, o cuando dos alumnos se pelean. Y nadie prepara
a un director ante un claustro que se disgrega en dos grupos enfrentados
y bloquea su actividad habitual".
Problema
generalizado
El
documento parte de "la persistente conflictividad que padecen muchos
centros educativos, que a veces se manifiesta en el deterioro del clima
mínimo de convivencia, problemas de disciplina, desmotivación
y falta de criterios comunes del profesorado, etc. Y que no parecen fenómenos
aislados, sino manifestaciones comunes de un problema generalizado".
En consecuencia, plantea veinte propuestas para evaluar la convivencia
en la escuela y para construirla, "atendiendo a indicadores como
el nivel de bienestar emocional en el claustro y en la familia, el nivel
de comunicación y flujo de la información, la expresividad
de las personas y los grupos, o el grado de autonomía que se confía
a las personas".
Estas propuestas
afectan al bienestar emocional; comunicación; toma de decisiones;
satisfacción; cultura del éxito; expresividad; afrontar
los conflictos; organización social del aula; diversidad; libertad
y respeto; liderazgo y comunidad; atención a los marginales; democracia
educativa global; atención individualizada; clima escolar positivo;
negociación sin perdedor; autoestima; inteligencia compartida;
inteligencia moral; y asertividad y dignidad. E incluyen acciones
a realizar desde el equipo directivo, desde el claustro, desde dentro
y fuera de la tutoría, y desde la familia. Por último, el
documento también propone otras herramientas para "aprender
y mejorar las habilidades emocionales, de comunicación, de persuasión
y de comunicación, tanto en los alumnos como en los padres, profesores
y equipos directivos".
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