La formación del profesorado de Secundaria

Entre la ausencia,
el abandono y la desidia

(…) La enseñanza (y más aún la Secundaria) no es un proceso rígido, uniforme, sino multivariado y contextualizado, pero ello no implica el "hacer las cosas a mi manera", sino que al ser también un proce-

so ideológico, ético, moral y de transmisión de valores, la enseñanza se concibe, en un marco y en una escolarización democráticos, como un instrumento en manos de los grupos humanos que servirá para facilitar a sus miembros el acceso a determinados conocimientos, valores, habilidades, estrategias, etc.
Hemos de analizar y contrarrestar la cultura profesional que existe en los claustros de Secundaria y que impide ese posicionamiento conjunto dentro de la diversidad: la mentalidad subsidiaria de una profesión históricamente tutelada dependiente de una determinada normativización; el celularismo en las aulas, que lleva a la soledad profesional y a la privacidad de la relación educativa; la dictadura de los departamentos y jerarquías; los problemas surgidos en el sistema relacional por no asumir intrínsecamente la tarea colectiva de educar; la dependencia y sumisión a los materiales curriculares. Todo ello conlleva la carencia de un clima de comunicación y la falta de procesos colectivos de toma de decisiones, de negociación entre el colectivo (y con la comunidad) y, por supuesto, de los necesarios consensos sobre temas profesionales.
El colectivo de enseñantes necesita participar conjuntamente en procesos de innovación y formación ligados a proyectos globales de la institución educativa para asumir un mayor protagonismo en su trabajo. Un protagonismo que ha de surgir a partir del debate y la construcción de bases reales colectivas, para dirigirse hacia una mayor cultura colaborativa. Y el profesorado ha de creerse que es capaz de generar conocimiento pedagógico a partir de su trabajo en las aulas y los institutos.
En esta línea, los centros de Secundaria necesitan generar un gran cambio, una verdadera reconversión profesional (¿revolución cultural?) y un rearme moral que les conduzca a superar el espíritu celular e individual (por no decir también corporativista) que aún poseen por la cultura profesional heredada y asumida de modo acrítico. Si, siguiendo esa tradición profesional, los docentes de un centro educativo de Secundaria se mueven por intereses individuales y asumen actitudes de confrontación con sus compañeros y compañeras de trabajo, no sólo se perjudicará con ello la labor educativa, sino que los profesionales se harán –es decir, continuarán siendo- vulnerables al entorno social, político y económico. Y la vulnerabilidad de un colectivo lo conduce a la proletarización profesional, al desánimo y, si es posible, al abandono (…).

Francisco Imbernón
CUADERNOS DE PEDAGOGIA. Noviembre de 2000.

Educación para el siglo XXI

Está bien que el proyecto de reforma de las Humanidades sea de todas las asignaturas, y, además, con un objetivo "de mínimos". En realidad, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte no puede pretender mucho más que ordenar los contenidos de las enseñanzas. La educación es un resultado complejo, en el que tienen que poner su parte los libros, los profesores, los alumnos y las familias. Por eso, hace un siglo, se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Era más realista pensar que el Estado se encargaba de la instrucción. Por lo mismo que, en el campo de la salud, el departamento correspondiente se llama Ministerio de Sanidad y Consumo. El Estado debe cuidar la sanidad. La salud es el resultado de la conducta de todos los españoles.
El problema central de la educación obligatoria se deriva, paradójicamente, de la ampliación de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años. Pronto llegará a los 18. Con cada nueva ampliación, aumenta el número de alumnos que no quieren, no saben o no pueden estudiar. Al compartir las mismas aulas con los demás, se cumple una especie de ley de los vasos comunicantes. El resultado es que la enseñanza se va degradando cada vez más. Hay que detener esa especie de entropía educativa.
La degradación comienza por la simplificación de los contenidos. Leo en un texto de la enseñanza obligatoria para los alumnos del País Vasco: "Juan Sebastián Elkano fue un marino vasco que, junto a otro portugués, dio la primera vuelta al mundo". Supongo que, de la misma guisa, se podría decir que "Kristóbal Kolón fue un marino italiano que, junto a otros vascos y andaluces, descubrió Amérika". Si la Historia se explica así, entiendo que, cuanto menos se enseñe, mejor.
La calidad de la enseñanza obligatoria se basa en la intensa dedicación de los profesores y la estricta exigencia de los padres. Ni una ni otra se producen por razones que desbordan el sistema educativo. Al paso que van las cosas, en el siglo XXI tendremos que importar muchos profesionales, entre ellos no pocos profesores.
Ha sido nefasta la orientación pedagógica dominante que considera la educación como una especie de juego, de diversión permanente. Antes bien, la educación es un esfuerzo, exige una disciplina, tanto en casa como en el colegio. Precisamente por eso los escolares necesitan jugar y divertirse. Pero incluso el deporte exige un entrenamiento y una especial disciplina. No corren buenos tiempos para la moral del esfuerzo. Lo malo es que luego en la vida, como adultos, hay que trabajar y esforzarse de verdad. Si no se produce una verdadera revolución en la conciencia educativa, nos aguarda un mal siglo XXI. A tiempo estamos de que la reforma "de mínimos" produzca resultados, si no máximos, por lo menos decentes. El asunto es de tal gravedad que exige la opinión de todos, no sólo de los políticos o los expertos.

Amando De Miguel
LA RAZON. 24 de noviembre de 2000

Suecia, modelo europeo en la aplicación de las nuevas tecnologías a la enseñanza

Cierto, los suecos son los primeros de la clase europea en lo que se refiere a la sociedad de la información. Pero es verdaderamente en materia de educación donde se mide su avance. Hoy, casi la mitad de los profesores suecos tienen un ordenador en casa prestado por el estado. Un alumno de cada diez del primer ciclo y un liceano (alumno de bachillerato) de cada cinco dispone de un ordenador en su escuela. La mitad de los escolares suecos tienen una dirección de correo electrónico y el 60 % de los centros escolares tienen un proyecto informático. Se puede decir que Suecia ha cumplido ya en materia de educación todos los objetivos fijados por los Quince en la cumbre de Lisboa del último mes de marzo.
Un logro que no debe nada al azar, si no que es el resultado de una voluntad política. En 1998, el parlamento sueco ha votado en virtud de esta voluntad una línea de crédito de 1,5 mil millones de coronas (1,2 mil millones de francos) con el fin de promover las técnicas de la información en la escuela. Este programa de envergadura nacional, desde la escuela infantil al liceo, terminará en 2001. Es el programa educativo más importante que haya conocido jamás este pequeño país de 8,9 millones de habitantes. Ya no se trata, como en los años ochenta o noventa, de enseñar a los alumnos o a los profesores a manejar un ordenador. "El objetivo es revisar toda la enseñanza a la luz de las nuevas tecnologías", explica Lena Nydahl, directora de la Delegación para las Técnicas de la Información en la Escuela del Ministerio de Economía. Algunos hablan de una revolución que pone en cuestión a la enseñanza tradicional. De aquí al año próximo la mitad de los profesores suecos habrá seguido una formación que les permitirá crear conjuntamente una nueva pedagogía. "Nosotros abriremos el terreno, no existe ningún método, por lo que los profesores son una parte integrante de este proyecto", prosigue Lena Nydahl.

LE FIGARO.8 de Noviembre de 2000

 
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