La visión humanista entró en crisis cuando se cuestionó el lugar señero del ser humano (mujer y hombre) en el Universo, al
ser creado a imagen de Dios, y la ciencia accedió a desempeñar
la función de referente definitivo ante cualquier interrogante humana. En el presente artículo, su autor aborda una de
las cuestiones más definitorias de nuestra época: el lugar del humanismo y de la ciencia en nuestra realidad.

¿Humanismo
versus cientifismo?

Fidel García Martínez
Catedrático de Instituto, doctor en Filología Románica
y licenciado en Teología

L   materialismo   cientifista

dominante en el siglo XIX y en parte del XX, en su tendencia reduccionista, sólo vio en el hombre un puro animal más evolucionado. Todo lo específicamente humano sería una pura manifestación de una conducta biológica puramente animal, analizable por el simple mecanismo del reflejo condicionado. Esta concepción se amplió con el materialismo dialéctico, que sólo veía la esencia del hombre en sus relaciones de producción, teoría defendida hoy no tanto por los marxistas cuanto por los corifeos de la globalización, para quienes el mercado puro y duro dicta con su mano de hierro el ser y el existir del hombre en el mundo.
Es esto precisamente lo que ha entrado en crisis en la postmodernidad, que con su pensamiento débil y fragmentario busca una salida, liberando al individuo del mito del progreso científico sin rostro humanista.
Este malestar se ha extendido también al sistema educativo que pretende reforzar el peso específico de las llamadas genéricamente humanidades.
En la opinión pública y publicada se ha establecido la polémica, sintetizada de forma simplista en la alternativa ¿ciencias o letras? No es difícil desacreditar el cientifismo, degradación de la ciencia y sucedáneo de la verdadera religión, cuando pretende constituirse en la última instancia para dar respuesta a los últimos interrogantes que hoy más que nunca se ha plantea el hombre ¿Qué somos? De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué sentido tienen el dolor, la enfermedad, la muerte? ¿Por qué el mal físico y moral? El mito pseudo-científico de "Un mundo feliz" de Husley, no es más que un tópico reaccionario demostrado imposible por la terquedad imperturbable de los hechos. La gran trampa de la visión excluyente científica-tecnológica del mundo y del hombre es cerrarse a la trascendencia y hacer del hombre un puro animal unidimensional, como ya criticó agudamente H. Marcuse.

Principios de racionalidad y orden

Pero la visión humanista no puede negar los avances de las ciencias de la naturaleza, especialmente de la biología, que han ayudado a desacralizar el universo y descubrir los principios de racionalidad y orden que rigen el Universo. Ni la formación científica ni humanista pueden prescindir de la dimensión trascendente.
W. Panneberg, extraordinario teólogo y autoridad máxima en teoría de la ciencia, ha escrito en su magnífica Antropología: "Ningún factor constitutivo de la realidad humana se deja expulsar de la conciencia, sin que surjan con el tiempo secuelas destructivas para la integridad de la vida individual y social del hombre. Quizá la extensión de las deformaciones neuróticas de la personalidad tenga que ver con la represión de la religión y de su función para que los individuos encuentren sentido a la existencia, más que en cualquier otro factor aislado".
La polémica puede continuar indefinidamente, pero ni la poesía ni la ciencia tienen la última palabra, ambas sólo tienen sentido como aspiración permanente hacia Dios, "verdad siempre antigua y siempre nueva", como escribió Agustín de Hipona, cansado en su búsqueda por todas las sectas y sistemas filosóficos que en el mundo han sido.

 

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