Conferencia de la ministra de Educación, Cultura
y Deporte en el Club Siglo XXI

"Perspectivas de
la educación al inicio
del nuevo siglo"

(Madrid, 20 de noviembre de 2000)

Excmos. e Ilmos. Señoras y Señores, señoras y señores, queridos amigos:

L Club Siglo XXI me presta generosamente su prestigiosa tribuna y me proporciona una magnífica ocasión para reflexionar en voz alta ante ustedes sobre los problemas de la Educación.
Quisiera organizar mi intervención en una doble vertiente.
Por un lado, me referiré a aquellos problemas educativos, bien conocidos y diagnosticados, que el Ministerio que dirijo se propone ir abordando con diferentes medidas legales a lo largo del próximo año. Un ejemplo son los Reales Decretos de Enseñanzas Mínimas, debatidos estos días por la opinión pública, que serán aprobados en un plazo muy breve por el Consejo de Ministros.
Por otro lado, no hay duda de que la Educación presenta, en la actualidad, multitud de incógnitas e incertidumbres. Unas incógnitas y unas incertidumbres que no pueden disociarse, sino que van estrechamente unidas a unas amplísimas posibilidades de renovación del sistema educativo.
Me refiero a todo el cambio que va asociado a la que nos hemos acostumbrado a llamar Sociedad del Conocimiento.
Antes de adentrarme en ambas vertientes, deseo precisar algunas coordenadas políticas de fondo.
El siglo XX ha sido en el mundo, y en Europa especialmente, el siglo de los totalitarismos, pero también el de la reconstrucción de la democracia liberal que, finalmente, ha triunfado sobre sus peores enemigos: el comunismo y el fascismo.
No es este el momento de abordar de qué maneras esos fermentos totalitarios se reorganizan y nos amenazan hoy en día, aunque el rastro doloroso de algunos lo conocemos todos.
Pero sí es preciso no perder de vista que, a la derrota del intervencionismo masivo del Estado en la sociedad -que, entre otras cosas, los totalitarismos representan- le ha seguido, en la Europa Occidental, la crisis del Estado de bienestar. Esa crisis se ha producido fundamentalmente como resultado de la globalización y la organización de un mercado efectivo a escala planetaria.
Tanto en ese plano, como en el correspondiente a cada una de las sociedades europeas avanzadas, las relaciones entre el Estado y la sociedad, y entre el Estado y el mercado, se han replanteado y siguen replanteándose profundamente.
Para ser más concisa: ni un moderado proteccionismo de la economía nacional, ni una política de altos impuestos y redistribución fiscal garantizan hoy, sobre todo a medio y largo plazo, el bienestar de los ciudadanos.
Comparto totalmente la afirmación de Carlo Pelanda, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Bolonia, cuando señala que el principal problema de la economía de mercado, una vez liberalizada en profundidad, no es que no ofrezca abundantes oportunidades para todos, sino que, a menudo, faltan las condiciones para que el mayor número de personas pueda aprovecharlas.
Sabemos que la inversión fluye hacia aquellos países donde la presión fiscal es baja, la ley se cumple y las infraestructuras son buenas. Pero todavía fluye mejor cuando la cultura es rica y vital y la cualificación educativa de sus ciudadanos alcanza niveles altos o muy altos.
Por tanto, y para abordar ya directamente el fondo del asunto, es tarea de la Educación hacer posible que los ciudadanos estén en condiciones de aprovechar esas oportunidades.
Esto convierte a la educación en el núcleo del bienestar y la cohesión social. La centralidad de la educación hace posible que el concepto de bienestar, lejos de coartar la iniciativa individual, sirva para estimular el protagonismo de los individuos en la construcción de su propia vida.
Ninguna misión puede resultar más estimulante y sensata para el Reino de España, dentro de la Unión Europea, y en un mundo presidido por la globalización, que la de ser un país de impuestos moderados y amplios incentivos a la inversión. Sobre todo, si somos capaces de reforzar estos factores con una creciente calidad de nuestro capital humano.

Sociedad del conocimiento

Querámoslo o no, avanzamos cada día más en el desarrollo de la Sociedad del Conocimiento, un tipo de sociedad que se caracteriza por un amplísimo acceso a una masa ingente de información y conocimientos, cuyo tratamiento es posible gracias a un conjunto de tecnologías que tienen en Internet su concreción más significativa.
Gracias a esta tecnología, la jerarquía de las empresas se reconstruye de un modo mucho más flexible; se modifican las fronteras entre el espacio dedicado al trabajo y el de la vida privada y, en fin, la actividad laboral se personaliza y permite una mayor creatividad.
Todos estos cambios nos indican que la Educación representa hoy el corazón mismo del empleo y, como consecuencia, es la llave para una vida digna en una sociedad global.

Señoras y señores: Acabo de situar la Educación en el centro de las nuevas políticas del bienestar y de subrayar el decisivo papel del capital humano en el desarrollo económico y la creación de riqueza.
Ambos procesos, tal y como señalaba al principio de mi intervención, ponen en crisis la Educación recibida hasta ahora, al mismo tiempo que abren nuevas y extraordinarias posibilidades de actuación en este campo.
Si he de anticipar la exigencia fundamental que la Sociedad del Conocimiento plantea al sistema educativo, ésta es la de la Educación Permanente, que puede definirse como la capacidad de aprender a aprender a lo largo de la vida.
Para que este aprendizaje sea posible hace falta una Educación básica sólida, que es aquélla que se recibe de los tres a los dieciséis años y está compuesta por la Educación Infantil, Primaria y Secundaria.
El objetivo básico de esta fase de la Educación consiste en proporcionar al alumno el dominio de las llamadas áreas instrumentales (esto es, Lengua y Matemáticas), a lo que debe añadirse el conocimiento de una lengua extranjera. Además, y fundamentalmente en el caso de los alumnos que cursan el Bachillerato, es preciso añadir la asimilación de un mínimo de cultura humanística y científica.
Nada más alarmante para el futuro de la Educación Permanente que esos informes que señalan que significativos porcentajes de alumnos no entienden lo que leen, no sabe expresarse por escrito, carecen de nociones básicas de cálculo y geometría o desconocen por completo y no sienten el menor interés por saber si la Edad Media cristiana precedió o vino después del Egipto de los faraones.
Es en este horizonte de preocupaciones en donde se inscriben los RRDD sobre Enseñanzas Mínimas que el Ministerio presentó la semana pasada.

Se trata, señoras y señores, de un primer paso para avanzar hacia una Educación básica de calidad, cuyos componentes fundamentales, ésos que acabo de mencionar, se vienen debilitando de forma preocupante.
A esta pérdida de calidad puede haber contribuido la masificación del sistema educativo entre los catorce y los dieciséis años, pero es también el resultado de un igualitarismo mal entendido ante el aprendizaje, que amenaza con expulsar la calidad del sistema público de Educación.
Los RRDD que acabo de presentar no son la panacea. Un reciente editorial los definía con acierto, al tratarlos como "un pequeño paso hacia una gran reforma" .
La elaboración de los RRDD ha sido escrupulosa con lo que era posible cambiar de la LOGSE sin modificar aspectos sustantivos de la ley. Los RRDD no hacen sino aplicar sus propias previsiones.

Mejora de la calidad

El equipo ministerial ha perseguido dos objetivos fundamentales con los Reales Decretos:
En primer lugar, poner en marcha con ellos un gran esfuerzo para la mejora de la calidad en las enseñanzas básicas de Secundaria.
En segundo lugar, vertebrar estas enseñanzas de manera homogénea para todo el sistema educativo, y atajar la amenaza de tener que establecer procedimientos de convalidación entre unas Comunidades Autónomas y otras.
De esta forma, el Estado se limita a aplicar sus competencias exclusivas en materia de Educación.
Otras medidas, que sin duda la opinión pública y una gran parte del profesorado esperan –por ejemplo, una organización más coherente y formativa de los tipos de bachillerato; una mayor diversificación de los niveles de aprendizaje, según las necesidades y capacidades de los alumnos; o bien la posibilidad de optar antes por la Formación Profesional–, vendrán con la anunciada y próxima Ley de la Calidad de la Enseñanza.
El problema cardinal en este terreno sigue siendo rebajar el 25% de abandono en la Enseñanza Sencundaria, un objetivo que sería perfectamente engañoso perseguir reduciendo todavía más los niveles de calidad y exigencia.

Señoras y señores: La Educación Permanente, que como vengo explicando tiene su fundamento en una educación básica de calidad, puede desarrollarse a través de cauces tradicionales o a través de formas no regladas.
La Universidad representa, sin duda, el cauce más tradicional de nuestro sistema educativo, aunque eso no la excluye de ir experimentando importantes transformaciones y, menos todavía, de cambios legales orientados a mejorar su calidad.
En este caso, la calidad depende de un aumento de la competencia entre las distintas universidades y de una mayor movilidad de profesores y alumnos, objetivos que se propone alcanzar la Ley sobre Universidades que estamos preparando.
No basta con que la Universidad sea autónoma. Es necesario que se compita por los mejores alumnos y los mejores profesores, según el tipo específico de oferta que cada Universidad se proponga desarrollar. Esa oferta habrá de ser cada vez más especializada.
La necesidad de una mayor cualificación y la difusión de la Educación Permanente impulsarán todavía más la generalización de los estudios universitarios.
Por otra parte, ha habido una multiplicación extraordinaria de la oferta universitaria en los últimos veinte años. En este período, hemos pasado en España de tener 36 universidades a más de 60.
De las consideraciones anteriores se deduce una consecuencia más evidente, y es que la relevancia futura de los estudios universitarios dependerá, cada vez más, del nivel de calidad y del prestigio de la Universidad que los imparta, y no del simple hecho de que se trate de estudios superiores.
Si en el nivel de la educación secundaria nos preocupa intensamente el 25% de abandono escolar, tampoco podemos perder de vista que, en lo que se refiere a los estudios universitarios, el porcentaje de alumnos que los termina es un 15% inferior a la media europea. Además, nuestros estudiantes universitarios emplean más tiempo que los europeos en conseguirlo.
Por otra parte, la demanda de estudios universitarios en España es superior a la de la Unión Europea, donde es mayor, por el contrario, el porcentaje de alumnos que elige una Formación Profesional de Grado Superior.
Todavía nos distanciamos más de la media europea cuando examinamos el porcentaje de estudiantes que eligen, en nuestro país, los estudios de Bachillerato frente a los de Formación Profesional de grado medio.
A lo anterior se añade otro factor, y es que, en comparación, por ejemplo, con los estudios primarios, los costes de la Universidad están subvencionados en España por el conjunto de la sociedad, en beneficio de un alumnado que se nutre todavía en lo fundamental de los niveles de renta medios y altos.
La consecuencia de esta escasa participación individual y familiar en el coste de la educación universitaria es que éste no presiona a favor de una mayor calidad de los estudios superiores.

Adecuación del sistema universitario

Señoras y Señores: Es fundamental darse cuenta de que la Universidad española se ha convertido en una red muy compleja de instituciones dotadas de una fuerte autonomía, tanto en relación con el Estado como con las Comunidades Autónomas.
Sin embargo, la adecuación del sistema universitario a las nuevas exigencias de calidad se sigue mirando a menudo como si se tratara todavía de la vieja y centralizada Universidad del pasado. Nada más lejos de la realidad.
Lo cierto es que todo este entramado universitario deberá ir diversificándose conforme a la demanda social. En este sentido, tendrá especial incidencia la demanda estudiantil que hará posible la implantación del distrito abierto. Esa demanda se orientará cada vez más por el prestigio y la excelencia académica que demuestren las Facultades y Departamentos, tanto en licenciaturas de marcado carácter profesional, como en aquellos otros estudios orientados a la investigación y a la creación de conocimiento.
Un importante objetivo de la nueva Ley de Universidades será estimular esa diversificación mediante la información y la transparencia sobre las calidades de la oferta de estudios superiores. A esa transparencia contribuirán otros dos objetivos de la ley: una mayor movilidad de profesores y estudiantes y un sistema de becas más eficaz.
También habrá de hacerse más fiable la selección del profesorado universitario estable y los caminos de investigación y docencia que conduzcan a esa situación. De nuevo aquí la movilidad y la competencia a escala nacional, en lugar del cierre sobre una base territorial, serán claves para mejorar la situación de los estudios universitarios.

Señoras y señores: Junto con la Universidad, el otro cauce de Educación Permanente y carácter reglado al que quiero referirme es el de la Formación Profesional.
La FP constituye un tipo de enseñanzas de capital importancia para el desarrollo de la Sociedad del Conocimiento, ya que esta rama de la educación aparece especialmente ligada a la creación de empleo.
Las transformaciones económicas y sociales que se derivan del desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación están poniendo sobre la mesa unas demandas de mercado a las que los Sistemas Educativos han de prestar atención.
Así se recoge en las distintas cumbres internacionales.
El Consejo Europeo de Lisboa, celebrado el pasado mes de marzo, planteó como objetivo reforzar el empleo, de manera que "la Unión Europea —se dice en las conclusiones de la Presidencia— se convierta en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de un crecimiento sostenible, con más y mejores puestos de trabajo, y con una mayor cohesión social".
Haciendo referencia a la formación, las conclusiones destacaban la necesidad que los sistemas de educación y formación europeos tienen tanto de adaptarse a las demandas de la Sociedad del Conocimiento, como de mejorar el nivel y la calidad del empleo.
Se advertía además en la Cumbre de Lisboa del riesgo que corren jóvenes y adultos, parados y ocupados, de ver sus cualificaciones desbordadas por un rápido proceso de cambio.
Se adelantaba, en fin, el nuevo planteamiento de la educación, la llamada "educación a lo largo de toda la vida". Una educación que ofrezca oportunidades de aprendizaje y formación, y que se adapte a distintos destinatarios en diversas etapas de sus vidas.
En definitiva, la Cumbre de Lisboa ha situado a los gobiernos ante la necesidad de acordar un programa ambicioso de creación de infraestructuras de conocimiento.

El impacto de las nuevas tecnologías

Este objetivo encuentra su razón en el desarrollo de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación. A ellas me voy a referir brevemente, para ilustrar mejor las medidas que al respecto abordará mi Departamento.
Lejos de disminuir el nivel de empleo, las nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación están creando oportunidades de desarrollo e impulso laboral. Están transformando la naturaleza del trabajo y la organización de la producción hasta tal punto que con ellas, podríamos decir, se está reconstruyendo un nuevo panorama laboral.
Este nuevo panorama tiene, entre otras, las siguientes características.
En primer término, un cambio en el desarrollo de la productividad: la producción masiva está desapareciendo en favor de otra más diferenciada y especializada.
Las nuevas tecnologías cambian los modos de trabajo. Se incrementa la cooperación a través de la red, se recurre más a la subcontratación, y se desarrolla el trabajo en equipo. Disminuyen, así, las tareas rutinarias y repetitivas, para dar paso a un trabajo cada vez más cargado de tareas inteligentes que requieren iniciativa y adaptación.
Como consecuencia, la organización de la empresa evoluciona hacia una mayor flexibilidad y descentralización. Cada vez será más frecuente que las empresas gestionen a partir de proyectos concretos y específicos.
Todo esto lleva consigo un nuevo perfil de trabajador. Lo que la empresa de hoy busca, ustedes lo saben bien, es el "trabajador del conocimiento", pues éste, el conocimiento, se ha convertido en el fundamento de la competitividad.
El talento, la creatividad, y la innovación de los empleados son los factores clave para el desarrollo. Tendrá éxito, por tanto, aquél o aquélla que posea la capacidad de renovar sus conocimientos, y de desarrollar y mantener un amplio abanico de habilidades.
Una vez afirmado lo anterior, no puedo dejar de recordar que el efecto de las nuevas tecnologías tiene también una cara negativa, que deseo abordar con realismo.
Bien es verdad que aumentan, como he expuesto, el papel del factor humano en el proceso de producción. Pero también es verdad que hacen al trabajador más vulnerable a las transformaciones de la organización del trabajo.
De hecho, algunos países -entre los que se encuentra el nuestro- llegan a situaciones paradójicas en las que convive el paro con la falta de mano de obra en algunos sectores y ocupaciones. Faltan trabajadores para determinadas profesiones, porque no hay personas con la necesaria cualificación.
Las transformaciones a las que me acabo de referir plantean al sistema educativo un reto de gran interés, que el Ministerio que dirijo está dispuesto a afrontar con actitud innovadora y ambiciosa.
Les puedo asegurar que el mundo educativo no es ajeno a los cambios que se están produciendo. Si faltan profesionales para los nuevos empleos es, no me cabe ninguna duda, porque faltan acciones formativas adecuadas. Y mi Departamento quiere salir al paso de esta demanda.
Somos conscientes de que hay que acercar la educación al empleo. Hay que acercar las "maneras de aprender" y las "maneras de producir". Y estamos decididos a llevar a cabo procesos formativos que, utilizando las nuevas tecnologías, respondan a las necesidades de las profesiones que actualmente se están diseñando.
Por tanto, es un reto aunar la formación en los centros educativos con la formación que se imparte en los centros de trabajo, para hacer de la educación y de la formación algo verdaderamente decisivo para el mercado de trabajo y para la sociedad.
Sólo el encuentro entre estas necesidades generará empleo. Ésta es la dirección en la que mi Departamento piensa conducir sus esfuerzos.

Ley Orgánica de FP

Señoras y Señores: Estamos trabajando en un proyecto de Ley Orgánica sobre la Formación Profesional que será enviada al Parlamento en los próximos meses.
Es importante resaltar que la Formación Profesional en España ha experimentado cambios importantes en los últimos años. Se ha realizado un gran esfuerzo para divulgar este tipo de estudios, que disponen ya de un amplio Catálogo de Títulos Profesionales, que alcanza la cifra de 136, y que abarca la casi totalidad de los sectores productivos.
Hoy podemos decir que la Formación Profesional goza de mayor prestigio en la sociedad. De esta realidad da fe el incremento de las cuotas de empleo en las recientes promociones que los han cursado: un 67% de titulados obtiene un empleo nada más terminar los estudios. Habla también en este sentido el hecho de que, en los últimos tres años se haya triplicado la demanda de este tipo de formación.
La mejora que acabo de apuntar se debe, entre otras cosas, a que son los propios empresarios -que conocen bien cuáles son las necesidades de cualificación que tiene el sistema productivo- quienes han colaborado estrechamente en la definición de los ciclos formativos.
No quiero dejar pasar esta ocasión sin expresar mi satisfacción por esta colaboración. Una colaboración esencial que los agentes sociales están prestando al sistema educativo para la definición y desarrollo del sistema de Formación Profesional.
Por otra parte, en el marco del diálogo social impulsado por el Partido Popular desde 1996, el Gobierno y los agentes sociales han logrado importantes acuerdos encaminados a favorecer el empleo.
Entre ellos, el Programa Nacional de Formación Profesional, que fue elaborado en el Consejo General de la Formación Profesional.
Este Programa, aprobado por Acuerdo del Consejo de Ministros en marzo de 1998, constituye un excelente marco para definir las políticas de formación profesional que favorecen el empleo.
Pero necesitamos seguir avanzando. Los números reclaman mayores esfuerzos: mientras que en la Unión Europea el 57% de los estudiantes de Enseñanza Secundaria no obligatoria sigue estudios de Formación Profesional, en España sólo lo hace un 37%.
El objetivo del proyecto de Ley sobre la Formación Profesional que estamos preparando, consiste, en términos generales, en articular e integrar eficazmente las ofertas de formación con las necesidades del mercado de trabajo. Para ello es preciso identificar las cualificaciones que está requiriendo el sistema productivo, diseñar en consecuencia los procesos formativos, y establecer un sistema de acreditación que avale las cualificaciones adquiridas.
Más específicamente, el proyecto de Ley establecerá un sistema de Formación Profesional que deberá contener los siguientes elementos.
-Un Sistema de Cualificaciones Profesionales, que refleje en un catálogo los estándares de competencias que requiere el mercado de trabajo.
Se trata de conocer bien qué se necesita saber hacer. La identificación de las cualificaciones profesionales del referido Catálogo deberán caracterizarse por:
-Ser adecuadas a las necesidades de la producción.
-Adaptarse con facilidad a los cambios tecnológicos y sociales.
-Ser lo suficientemente amplias como para facilitar las oportunidades de empleo.
-Animar a las personas a desarrollar su competencia e incrementar su cualificación profesional.
-Y, por último, han de facilitar la planificación integrada de las acciones formativas.
Una vez identificadas las cualificaciones que necesita el sistema productivo, hemos de diseñar la formación que satisfaga esas necesidades.
Ese es el objetivo que se propone el nuevo Sistema de Formación Profesional, que establecerá un catálogo modular de formación que sea el referente para definir los procesos formativos.
Esta formación podrá ser de carácter reglada o no reglada, y podrán impartirse por todas las Administraciones Educativas y Laborales como por los Agentes Sociales.
El nuevo sistema de Formación Profesional debe reconocer a la persona la cualificación que posee. Para que ese reconocimiento sea posible, es preciso establecer referencias comunes que acrediten las cualificaciones, de tal manera que un profesional de cualquier sector empresarial encuentre avalada por una acreditación, que esté reconocida por todos, aquello que sabe hacer.
Esta acreditación, además, quedaría abierta al reconocimiento de la capacitación adquirida por la experiencia profesional.

Sistemas de cualificaciones

Señoras y Señores: Lo que nos proponemos conseguir, por tanto, es un sistema de cualificaciones profesionales moderno, bien articulado, que nos permita disponer de recursos humanos lo suficientemente formados y en los campos profesionales requeridos, con el fin de que nuestras empresas puedan ser competitivas en el espacio global en el que tienen que desenvolverse.
Todo este proceso tendrá un carácter dinámico y flexible. Se realizará mediante una permanente observación del sistema productivo, a través de lo que técnicamente se denomina "observatorios profesionales", situados en las diversas Comunidades Autónomas, o a cargo de sectores empresariales o sindicales.
De tal manera que, identificada una nueva cualificación, pueda ser introducida con agilidad en el Sistema de Cualificaciones, y se diseñe con rapidez su correspondiente proceso formativo.
Esta secuencia estrechará la relación entre el sistema educativo y el sistema productivo, coordinación que redundará positivamente en favor del empleo.
La transparencia vuelve a ser un requisito esencial también en este campo. Por eso, la nueva Formación Profesional integrará también un Sistema de Información y Orientación para que todos, trabajadores, empresarios y sindicatos, conozcan las cualificaciones que se requieren, así como los centros que ofrecen la formación correspondiente.
En definitiva, con este proyecto de Ley se conseguirá integrar los tres sistemas de Formación Profesional:
-El de la Formación Profesional inicial, del que es responsable el sistema educativo,
-El de la Formación Profesional ocupacional, del que responden las Administraciones Laborales,
-Y el de la Formación Profesional continua, en el que los agentes sociales tienen un papel importante.
En definitiva, al tiempo que estamos construyendo una sociedad más formada, más justa y más estable, estaremos favoreciendo la capacidad de empleo de las personas y la competitividad de nuestras empresas.

Actualización permanente

Señoras y Señores: Todo esto nos lleva a una cuestión final, un nuevo planteamiento de la educación, al que ya me he referido, y que ya se conoce como "educación permanente" o "educación durante toda la vida".
La rápida evolución de la sociedad exige una actualización permanente del saber. Nadie espera hoy, la experiencia lo demuestra, que la preparación recibida en la juventud sea suficiente para acometer las diversas etapas del proceso vital.
A esto han sido sensibles los gobiernos, como lo pone de manifiesto la Declaración de Hamburgo sobre la Educación de las Personas Adultas, y, de nuevo, la Cumbre de Lisboa. Aquí la formación permanente se plantea como una necesidad de dar respuesta a los múltiples cambios organizativos y técnicos que experimentan los sistemas de producción y las empresas.
Este nuevo enfoque de la educación permanente implica una concepción amplia y rica del aprendizaje.
Se aprende, efectivamente, no sólo en la escuela o en la Universidad, sino también en la familia, en el ocio, en la vida comunitaria o en el trabajo cotidiano. Este aprendizaje en amplitud nos demuestra también que enseñar y aprender son papeles y actividades que se pueden cambiar e intercambiar en diferentes momentos y lugares.
La formación permanente permitirá a los individuos construir sus propios modos de aprendizaje, de forma que, en todo momento, se pueda hacer uso de la capacidad de aprender autónomamente, y en continua actualización.
Esta formación permanente incluye actividades formales y no formales de aprendizaje, de educación reglada y no reglada.
Las posibilidades aquí son múltiples: cursos, formación en el puesto de trabajo, aprendizaje a distancia, auto-aprendizaje, conferencias, seminarios, etc.
Pensemos, por un momento, en las posibilidades que ofrece Internet para que grupos de padres y profesores organicen, con la economía de costes que la Red permite, la educación que encuentren más adecuada para sus hijos, al margen tanto de los problemas de los sistemas educativos públicos, como de los costes, a veces elevados, de la escuela privada. En una palabra, lo que los norteamericanos denominan Escuelas Charter.
Esta es, precisamente, una de las vías por donde considero que España podría ofrecer una interesante aportación durante su Presidencia de la Unión Europea. En la medida en que este tipo de formación sea capaz de superar barreras nacionales, y no esté condicionada por las distintas normativas educativas, aparecerán nuevas formas de colaboración internacionales.
En áreas como Iberoamérica, están entrando con fuerza modelos de formación permanente estadounidenses. No podemos olvidar a este respecto, que la variedad lingüística y nacional de Europa, al tiempo que proporciona una gran riqueza, dificulta la proyección universal de la cultura europea y sus productos.
Por eso, considero un reto para la Unión Europea llegar a ofrecer un modelo común de formación permanente, que esté bien articulado, y que mediante el uso de las nuevas tecnologías, afiance nuestra presencia en este campo.
Queridos amigos: He tratado de exponerles el contenido de las medidas que considero imprescindibles para adaptar el sistema educativo a las exigencias de la llamada Sociedad del Conocimiento, a la que yo, dando un paso más, me referiría como "Sociedad del Aprendizaje".
Muchas gracias.

 

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