Qué hacer con la LOGSE?

() La propia configuración interna de la ESO difícilmente contribuye a solucionar el problema de la homologación de nuestro alumnado. De los dos ciclos bienales que componen la etapa, el primero de ellos está concebido como sustancialmente común, unifica-

do, uniforme, para todos los alumnos (lo que ya ocurría de hecho en la segunda etapa de EGB), mientras que el segundo, aunque teóricamente se haya abierto a una cierta diversificación mediante unas pocas materias optativas, tiende igualmente a la uniformización. Por otra parte, los reformadores se han cansado de decir que, de acuerdo a lo que se ha convertido en un principio fundamental de la pedagogía socialista, el principio de comprensividad o de integración de las enseñanzas es el que ha presidido la concepción de la etapa entera. Aunque en la LOGSE se hace referencia a que "la organización de la docencia atenderá a la pluralidad de necesidades, aptitudes e intereses de los alumnos" (art. 21), la verdad es que este buen deseo queda supeditado a un denso programa que difícilmente lo permitirá. Como ya se ha tenido tiempo de comprobar, la ESO constituye de hecho una simple y llana prolongación de la EGB, a cuyo término todos los alumnos y alumnas aspiran a ingresar en el Bachillerato sean cuales sean los resultados obtenidos y las necesidades, aptitudes e intereses manifestados en su transcurso. En definitiva, la ESO, está abocada a que, una vez más, el espléndido principio de la igualdad de oportunidades pretenda traducirse ineluctablemente en igualdad de resultados (el socorrido "café para todos", por más que a muchos no les guste el café, o les siente mal).
Quizá sea éste el problema que, de un modo u otro, preocupe hoy más a los responsables de las políticas educativas de los países europeos. La mayor parte de las reformas educativas en curso tratan justamente de dar una solución adecuada al abuso que se ha hecho durante las últimas décadas del principio de comprensividad. En tal contexto, la ESO española, pese a que no tuvo más remedio que hacerse tímidamente eco de las tendencias diversificadoras que resultaban ya muy visibles en 1990, resulta bastante anacrónica y apegada a viejos prejuicios, afortunadamente criticados hoy por los mismos partidos que antes los alimentaron. No seré yo quien sostenga una temprana segregación del alumnado en diversos canales institucionales, al estilo alemán; el principio de comprensividad comporta también, y la EGB así lo ha demostrado, muchos aspectos positivos; pero resulta absurdo y claramente perjudicial para los alumnos empeñarse en aplicarles a todos, pese a su manifiesta diversidad, una misma receta pedagógica. Es sin duda injusto que chicos y chicas con bajos niveles de rendimiento no encuentren en la escuela el apoyo que necesitan. Y no lo es menos que otros de alto rendimiento y capacidad vengan obligados a recibir una formación mediocre, poco exigente, claramente inferior en cantidad y en calidad a la que reciben sus coetáneos en otros países desarrollados, que han sabido reparar mejor en la necesidad de ser competentes para poder ser competitivos ()
() Qué hacer con la LOGSE? Desde luego, no abolirla, no intentar sustituirla por otra, porque, como expresaba mejor Juan de Mairena, nada hay en este mundo que no sea abiertamente empeorable. No voy a caer yo ahora en la reformitis que critiqué más arriba. Dejemos las estructuras básicas como están, que no están mal y lo más importante- gozan ya de suficiente aceptación.
Mi visión personal es que, en un esquema de reforma generalmente aceptable (y el de la LOGSE lo es), siempre resulta posible y deseable establecer medidas correctoras. Los políticos deberían acostumbrarse a la idea de que los que vendrán detrás no van necesariamente a comulgar con todos sus planteamientos. Esto afecta a muchos ámbitos, pero a pocos tanto como al educativo, los daneses tienen establecida desde hace tiempo la sana norma de que las leyes educativas importantes han de ser siempre aprobadas por holgada mayoría parlamentaria y con el consenso de diversas fuerzas políticas. Si aquí se hubiera aplicado ese criterio, dudo mucho que las cuatro leyes socialistas sobre educación (LRU, LODE, LOGFSE y LOPEG) hubieran visto la luz,, pese a la mayoría absoluta de que gozaba el partido gobernante cuando alumbró las primeras. Intentar ahora llevar a cabo una serie de cambios legislativos profundos basándose en la existencia de otra mayoría absoluta me parecería igualmente fuera de lugar.
Lo que a mi juicio se impone es un profundo y permanente diálogo sobre educación no sólo entre las fuerzas políticas, sino entre todos los sectores sociales. Es en ese clima de diálogo en el que sin duda deberían aplicarse tanto las leyes ya aprobadas como las correcciones que se estimaran pertinentes. Ni tiene sentido defender numantinamente la integridad de leyes cuyos aspectos negativos resultan evidentes y merecerían corregirse, ni lo tiene tampoco aventurarse de continuo en el reformismo legal. Cualquier maximalismo, en una dirección u otra, debería ser definitivamente descartado.

José Luis García Garrido
CUADERNOS DE PEDAGOGIA. Octubre-2000.

Descontento con la enseñanza
secundaria inferior francesa

Es preciso reformar rápidamente la enseñanza secundaria inferior francesa "el eslabón más débil del sistema educativo". Esta es la lección que se desprende de las principales obras que tratan de la escuela y publicadas desde un retorno a las clases este Bajo este punto de vista literario, recogido en una veintena de libros sobre la educación, se indica que la escuela y singularmente la enseñanza secundaria inferior van mal. Las desigualdades sociales y culturales continúan creciendo. La enfermedad de la enseñanza no remite. Las misiones encomendadas a la "enseñanza secundaria inferior única", creada para acoger sin distinciones, sin trámites, a todos los alumnos de una misma edad, aparecen desvanecidas, hoy, para un buen número de docentes y de padres.
Pero, qué se va a hacer? Cómo dar a los enseñantes los medios para llevar una clase en la que se juntan alumnos muy diferentes? Qué saberes es preciso trasmitirles? Cómo evitar que le diferencia entre centros no se agrande, los unos acogiendo a los mejores alumnos, los otros contentándose con los más flojos?. Qué remedios, en fin, aportar a los problemas de la violencia, al fracaso escolar?.
Solución milagro no existe. Pero el deseo unánime es que la política reinvierta el campo de la educación. La intervención del parlamento se juzga indispensable, con el fin, principalmente, de terminar con el secuestro del debate por un ministro y los sindicatos, ya sea éste bajo la forma de una prudente congestión del ministerio o la de un enfrentamiento estéril entre un hombre y las fuerzas sindicales (...)

LE MONDE DIPLOMATIQUE . Octubre 2000

 

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