Europa enviará un satélite a la Luna y estudiará la posibilidad de establecer una base en ella

Bruselas. Treinta años después de que el hombre pusiera por primera vez el pie en la Luna, como culminación de una misión organizada por la Agencia Espacial Estadounidense (NASA), al otro lado del Atlántico, el Viejo Continente se siente también interesado por nuestro satélite.
La Agencia Europea del Espacio (ESA) ha presentado recientemente su misión Smart 1. Esta contempla el envío de un satélite a la Luna dentro de dos años. En principio, se trata de someter a prueba una tecnología que más tarde se desarrollará en otras iniciativas más ambiciosas.
Pero la misión del satélite de la ESA también tendrá valor por sí misma. Con ella se espera obtener más datos sobre la existencia de agua en forma de hielo en los polos lunares, así como sobre el origen y la formación de nuestro satélite. Actualmente, las teorías más generalizadas apuntan a que este se habría desprendido de la Tierra en un momento dado y debido a un choque espacial, que podría haber sido con un meteorito gigante.
Por otro lado, se habla ya del Smart 1 como del primero de un conjunto de satélites lunares con los que, en los próximos años, se estudiará sobre fundamentos sólidos la posibilidad de establecer una base permanente en nuestro satélite.

 
 

España ocupa el segundo puesto en el número
de proyectos presentados al Eureka

Madrid. España ha presentado 40 nuevos proyectos al Eureka, el programa europeo de investigación. Y con ello se ha convertido en el segundo país en cuanto al número de proyectos presentados por sus empresas. Al mismo tiempo, desde el pasado mes de julio, y por un año, España ocupa la presidencia del Eureka.
Este programa fue creado en 1985 con el objetivo de recuperar el retraso en la investigación y el desarrollo tecnológico que se arrastraba en relación con EE.UU. y Japón. En sus orígenes, estuvo integrado por los países del Grupo de los 15, como miembros de pleno derecho. Pero, posteriormente se han ido incorporando Turquía y varios países del Este de Europa. Más recientemente lo han hecho también Israel, Croacia y Letonia. Actualmente, el Eureka cuenta con 40 socios.
Entre otras particularidades, los proyectos que se presenten deben de tener carácter civil y han de participar en ellos empresas de al menos dos países.
España ocupó ya la presidencia una vez en 1987. Para el mandato actual, los responsables españoles se han fijado prioridades como el intentar dar una mayor vitalidad al programa. Pero ello se buscará el aumento de la participación de las pequeñas y medianas empresas. El Eureka está dirigido sobre todo a las empresas, con independencia de su tamaño, junto con los centros de investigación que colaboren con ellas.
Para los especialistas, el hecho de que España ocupe en la presente convocatoria el segundo puesto por número de proyectos presentados, contrasta con su calificación en los últimos lugares en cuanto a sus inversiones en I+D.

 
 

Los 15 países de la UE reducen el nivel
de emisiones de gases de efecto invernadero

Bruselas. Según un informe de la Comisión Europea y que contiene datos referentes a 1998, los últimos disponibles, los países miembros de la UE han conseguido ya estabilizar sus emisiones de los gases que producen el efecto invernadero. El informe ha salido así al paso de las muchas opiniones y valoraciones pesimistas que existían al respecto.
Sobre los datos de 1998, el informe predice que eneste 2000 el Grupo de los 15 conseguirá ya ponerse al mismo nivel que en 1990, en lo que se refiere a la emisión de este tipo de gases.
Según el compromiso adquirido en la cumbre sobre Cambio Climático, celebrada en 1997 en Kiotto, en el año 2008 las emisiones de gases de efecto invernadero de los países de la UE deberán ser inferiores a las del año 1990 en un 8%. Según opinión de los especialistas, esta reducción es cada vez más difícil, pero si este año se alcanza el nivel de 1990, llegar a la meta fijada en el compromiso de Kiotto puede resultar muy difícil pero no imposible.
El periodo de bonanza económica y crecimiento industrial por el que atravesaba Europa hasta hace poco, con la mayor demanda de energía que esto supone, se presentaba para algunos analistas como una amenaza para la ansiada reducción de los gases de efecto invernadero. Incluso, se predecía un aumento de los mismos.
Las bases de la política de la UE en este terreno están siendo el desarrollo de nuevas tecnologías e investigaciones para conseguir rentabilidad de fuentes de energía renovables, como la biomasa, la solar, eólica, o el aprovechamiento de las mareas.

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