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Sobre la ampliación
del calendario escolar

Una vez más, desde la opinión pública, se pone en entredicho la labor y el cometido del profesional docente.
Del tema, hablan los padres, los contribuyentes, los distintos cargos de la administración, periodistas, estudiosos de la pedagogía, fundaciones, sociólogos, ONG's…, pero los verdaderos artífices del hecho pedagógico siguen siendo los alumnos y los maestros o profesores.
Me temo que los padres actuales tendrán que aceptar el reto de la sociedad compleja a la que estamos abocados. Mantener los niveles de bienestar a los que hemos accedido en estos últimos años es, desde luego, deseo muy legítimo pero la educación, la formación de los niños y jóvenes no se puede o al menos no se debe, regular a deseo de nadie.
Hay que decirlo y volverlo a decir: los responsables de lo que serán los adultos del mañana son principalmente los padres; la escuela, los profesores y todos los medios educativos son y deben ser, el apoyo, la ayuda, el medio que la sociedad pone al alcance de los padres para conseguir ese fin.
Se me dirá que los padres creen que el medio es escaso para la formación de sus hijos y, por eso, el argumento de más días en el colegio. Yo pregunto: ¿para qué?
Está claro que tres días más en febrero no van a suponer un gran avance en su formación lo que sí parece bastante claro es que sí van a suponer bastante para evitar el quebradero de cabeza de los padres en la obligación de cuidar de sus hijos, mismo razonamiento para una semana más en septiembre.
Sin querer ser tremendista, tengo que mencionar la alarmante agresividad de los menores, con actos delictivos como no se conocían en épocas pasadas, cuando los niños pasaban menos horas en el colegio.
Como explica en prensa (EL MUNDO –6 de junio 2000) el Dr. Vicente Rubio, presidente de la Sociedad Española de Trastornos de la Personalidad (SETP) tras estos comportamientos puede haber varios condicionantes, aunque a su juicio los que más destacan son los de carácter educacional y concretamente, la falta de comunicación en la familia y la pérdida de valores en la sociedad. Quizá pensamos a la hora de educar y preparar a los hijos para el futuro, en modelos de carácter demasiado competitivo, en el éxito, en el triunfo rápido, en palabras del Dr. Rubio "frustraciones terribles".
Es, a lo mejor, el momento de reajustar nuestra sociedad y, en vez de actuar con cobarde oportunismo y buscar un chivo expiatorio fácil (no olvidemos que casi todos hemos sido alumnos y es muy posible que tengamos una idea estereotipada e inexacta de lo que es la escuela y el maestro), pedir a los poderes públicos soluciones sociales para problemas sociales más conflictivos y difíciles de solucionar.
Es bastante falaz, en una sociedad con cada vez más fuentes alternativas de información, con unos padres mucho más preparados, con medios tecnológicos al alcance de cada vez más niños, querer hacernos creer que 4 o 5 días más de clase son cruciales para su formación.
Los docentes están cansados de tener que justificarse de un parasitismo social que les han colocado. En mi opinión, cualquier cambio o exigencia que se haga en su quehacer profesional debe estar justificado exclusivamente desde su tarea docente.

Ana Oyarzun Goiburu
y siete profesores más.

 
   
 
   

La necesaria acreditación
para la dirección de centros

No estaría de más que en la anunciada revisión de las Leyes Orgánicas que rigen el actual sistema educativo, se incluyese la reforma del sistema de acceso a la función directiva de los centros escolares. Parece absurdo que en este país se precise hacer un cursillo para poder optar a la dirección de un Instituto o Colegio, mientras no se exija un requisito semejante para ser Ministro, Diputado, Alcalde o Delegado de Educación. Nos encontramos con la paradoja de que muchas de los docentes que ocupan cargos de responsabilidad en la Administración Educativa, no podrían ser elegidos Directores de sus centros.
Por otra parte, el requisito de la acreditación previa a la presentación de candidaturas, supone un obstáculo serio a cuantos desean colaborar en el funcionamiento de los Centros, y no pueden o no son admitidos, por falta de plazas, en los cursos que se convocan al respecto. Debería bastar con un mínimo de experiencia en las tareas directivas (Jefatura de Estudios, Secretaría...), cuyo desempeño proporciona mucha más capacitación que la adquirida en un simple cursillo, tal y como ya se hizo durante un período transitorio. En él, además, se acreditó de oficio a un buen número de personas sin que lo solicitasen, y que han sido posteriormente designados Directores al carecer los Centros de profesores acreditados que pudiesen presentar candidatura. Todo esto no hace sino llevar la discordia y los enfrentamientos a muchos I.E.S. y Colegios.
Esperemos que los responsables del Ministerio tengan en cuenta este asunto.

Isidoro Román Martínez
Iznalloz. (Granada)

 

 
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