Ciencias y letras

Cuando se habla -y nunca se hablará bastante- de la alarmante postración en que se encuentra la enseñanza de las humanidades en España, se piensa que es un fenómeno reciente, de estos últimos años. En realidad asistimos a las consecuencias inevitables de un largo proceso de oxidación que comenzó hace mucho tiempo -no por casualidad, sino alimentado por intereses concretos- y que ahora muestra sin tapujos las dentelladas de la herrumbre. El origen remoto del problema reside en la vieja distinción entre las "ciencias" y las "letras". Por un lado, había ciertas actividades que hacían progresar al ser humano y mejoraban las condiciones de su existencia, ayudándole a vencer las enfermedades, a desplazarse con rapidez, a comunicarse a distancia; por otro, podían señalarse tareas que no conducían a ningún descubrimiento práctico y que parecían más bien orientadas a entretener el ocio. Eran dos mundos diferentes, aunque complementarios, pero sólo una poseía venerable carácter científico. El otro, el de la literatura, el arte o el pensamiento, constituía una especie de perifollo, algo de naturaleza ornamental, apto para destacar en las tertulias de salón y en las conversaciones de mujeres y gentes desocupadas. A partir de mediados del siglo XIX, la organización estatal de los estudios no ayudó demasiado a limar estas ideas, y el prestigio de las materias "científicas" no hizo más que crecer. ¿Quién se atrevería a comparar, por ejemplo, lo que representa en la cultura española un Ramón y Cajal con las aportaciones de Unamuno o Valle-Inclán?
A lo largo de muchos años, este punto de vista ha repercutido en la organización de la enseñanza, que es -y lo saben bien todos los gobiernos- el medio más eficaz para inculcar y difundir ideas, porque algunas se inyectan desde la primera infancia y difícilmente se borran. Desde hace no sé cuántas décadas, a la hora de asignar presupuestos para el funcionamiento de los centros se ha venido estableciendo una división tajante entre las Facultades "científicas" y las otras, de manera que los módulos económicos de aquéllas eran considerablemente más elevados, de acuerdo con la consideración oficial de Facultades "experimentales", necesitadas, por tanto, de costosos aparatos que de vez en cuando hay que sustituir porque surgen otros más perfectos. Esto de clasificar como "experimental" toda una Facultad y no, por ejemplo, algunos Departamentos concretos, es algo misterioso. Por mi parte, nunca he entendido qué tienen de experimentales el Álgebra o la Física teórica, pero tal vez haya que achacar la incomprensión a cierta incapacidad personal. El caso es que todo, desde el prestigio social hasta la distribución del dinero, ha contribuido a ir ahondando cada vez más el abismo entre unos estudios y otros, y el proceso continúa. Los estudiantes que, una vez acabada su carrera, aspiran a conseguir alguna beca de investigación saben muy bien que existen unas áreas preferentes -siempre relacionadas, claro está, con estudios "científicos"-, y que resulta relativamente fácil encontrar ayuda para realizar un trabajo sobre la influencia de la contaminación ambiental en el vuelo de las aves migratorias, pero es casi imposible hallar la misma acogida para estudiar la poesía de Quevedo o la música española del siglo XVI. Las llamadas ayudas a la investigación se destinan, en un porcentaje abrumador de ocasiones, a lo que se entiende como investigación científica. El amplísimo ámbito de las Humanidades sale siempre malparado de cualquier confrontación. Nadie puede negar lo que constituye una experiencia cotidiana (…).

Ricardo Senabre
LA RAZÓN. 25-septiembre-2000.

La escuela primaria británica mejora sus resultados en lectura, escritura y cálculo

La escuela primaria inglesa está a la cabeza del mundo en mejorar la lectura, la escritura y el cálculo, proclamó ayer el Gobierno, al mismo tiempo que anunció un segundo salto sucesivo en los resultados de los tests.
Tres cuartas partes de los alumnos de 11 años alcanzaron el esperado nivel en lengua este verano, con un porcentaje de un 4% de incremento sobre el último año. En matemáticas, la tasa del 72% de éxito fue tres puntos mejor que en 1999 y en ciencia hubo una mejora de 7 puntos, hasta alcanzar un 85%.
Los resultados son particularmente sensibles porque David Blunkett, el ministro de Educación, ha prometido dimitir al menos que el 80% de los alumnos de 11 años alcance su esperado nivel en lengua y un 75% lo haga en matemáticas para 2002.
Estelle Morris, directora general para Niveles Educativos de las Escuelas, afirmó: "Estamos encantados con los resultados, los cuales significan que nos encontramos en el camino de conseguir nuestros objetivos. Estamos ahora encabezando el mundo en transformar la enseñanza de la lectura, la escritura y el calculo".
Los niños mostraron de nuevo la mayor mejora, dentro de la edad de 11 años, y disminuyeron la diferencia entre los dos sexos, hasta ponerla en un porcentaje de seis puntos para lectura, comparados con un 15 % hace doce años, cuando fue introducida la hora diaria de lectura.
Los dos sexos dieron resultados comparables en matemáticas y en ciencia. Los niveles en escritura continúan presentando un retraso por detrás de los de la lectura, especialmente entre los niños. En conjunto, los niveles de escritura se elevaron en un punto, con sólo 48% de los niños alcanzando el nivel fijado como objetivo, comparado con 63% de las chicas.

THE TIMES.21de septiembre de 2000

 

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