Algunos comentarios sobre
la educación moral

(...) Pese a lo que muchos afirman, en la humanidad se siguen produciendo avances morales. La esclavitud o la tortura se consideran conductas detestables, y somos sensibles a las violaciones  de los derechos hu-

manos que se producen. Posiblemente las normas morales básicas son las mismas que hace muchos siglos, pero constituye un enorme progreso considerar que se deben aplicar a todos, cosa que antes no sucedía: los esclavos, las mujeres, los pobres, los extranjeros estaban excluidos. El otro gran progreso es la tolerancia, considerar que otras personas pueden tener costumbres distintas, otras creencias, otra religión, y no por ello hemos de tratar de imponerles la nuestra.
Lo que tenemos que promover entonces es la preocupación por el bienestar de los otros, por lo que les sucede a los demás; pero por todos los otros en general, no sólo por aquellos que se encuentran próximos o por los que sentimos una especial atracción o son miembros de nuestra familia, sino por todos los seres humanos en tanto que tales. Podemos decir que todo el mundo tiene preocupaciones morales y una conciencia moral, incluso los peores delincuentes y aquellas personas que podemos considerar que poseen un nivel más bajo de moralidad, pero muchas veces esas personas no aplican sus normas morales en un ámbito general. Con frecuencia el delincuente no ve a su víctima como un ser humano, y no logra ponerse en su piel; lo considera un ser de otro grupo para el que no se aplican las mismas normas morales. Tal vez él mismo sienta que no ha sido tratado como un ser humano en muchas ocasiones, pero ése es otro asunto.
En definitiva, tenemos que concluir que la escuela es un ámbito excelente para el aprendizaje y la práctica de la moral. Pero ese aprendizaje no se realiza mediante la enseñanza directa de las reglas como una disciplina más. La moral no es un conjunto de conocimientos teóricos, sino algo que determina cómo actuamos y cuáles son las conductas más valiosas. Se trata de una disciplina eminentemente práctica, que se aprende a través de la moral. De poco sirve entonces enseñar ésta de manera teórica, ni siquiera a través de ejemplos que se encuentran en los libros o mediante sermones. Se adquiere la moral practicándola, analizando las situaciones y decidiendo lo que hay que hacer en ellas mediante el razonamiento. Pero, como decíamos, la moral no queda reducida al ámbito de la escuela, sino que el sujeto aprende dentro de toda su actividad. Por tanto no podemos esperar demasiado si lo que se lleva a cabo en la escuela no guarda relación con la moral que se practica dentro de la sociedad. Para conseguir moralizar la vida social no sólo tenemos que proporcionar en la escuela los elementos necesarios para el análisis de la vida moral, sino que debemos luchar también por conseguir moralizar la sociedad. No podemos pedir a la escuela más de lo que puede proporcionar.

Juan del Val
CUADERNOS DE PEDAGOGIA Septiembre de 2000.

Los directores de centros franceses reclaman compensaciones
por la multiplicación de sus tareas

En el Ministerio de Educación Nacional francés se han abierto negociaciones para responder a la convocatoria de huelga administrativa entre los directores de centro, lanzada por los sindicatos. Este movimiento de protesta constituye una las raras notas falsas del comienzo de curso. Su manifestación es consecuencia de la atribución a no voluntarios de 4.500 puestos, que se ven forzados así a asumir tareas administrativas mientras tienen que continuar a cargo de una clase.(...).
A los 25 años, Gwenäelle Allen ha descubierto los imperativos de la dirección de escuela en un contexto particular. Desde el comienzo de curso, el centro, sostenido por los padres, lucha por abrir una sexta clase. Y, antes incluso de la decisión oficial, el alcalde se inquieta por las disposiciones necesarias. Para hacer frente a una oleada de demandas variadas, que exigen una respuesta inmediata, Gwenäelle Allen no ha recibido ninguna formación. Forma parte de los 4.500 directores de escuela (alrededor del 10% en el conjunto de escuela infantil y primaria) que han sido propulsados a la cabeza de un centro. Estos profesores de escuela, jóvenes en su mayor parte, ocupan, de buen o mal grado, los puestos dejados vacantes por falta de candidatos.

LE MONDE. 12-Septiembre-2000

 

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