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Sobre el fracaso escolar

Con la llegada del nuevo curso educadores, expertos y analistas vuelven a la carga con el problema del fracaso escolar. Es cierto que este fenómeno, de muy difícil solución, tiene sus causas no sólo en el entorno escolar sino también en el seno de la familia y en la sociedad en su conjunto. Pero a pesar de que cada vez se destinan mayores recursos a la enseñanza el problema no remite, a tenor de las estadísticas que se publican periódicamente en los medios de comunicación.
La familia es un elemento básico para comenzar a entender la problemática del fracaso escolar. Los padres no sólo deben garantizar la seguridad afectiva y material de sus hijos, sino también mantener con ellos una comunicación fluida y estimularles educativa y culturalmente, interesarse por su trayectoria en la escuela y estar al tanto de su rendimiento académico. Se equivocan aquellos padres que creen que sólo la escuela debe ser la responsable de la educación de sus hijos, mientras ellos se acomodan entre la indiferencia y la sobreprotección. El primer paso para solucionar el problema pasa por estabelcer desde este momento una cooperación estrecha entre las familias y los centros de enseñanza.
Por otro lado, el entorno escolar debe cimentar su lucha contra el fracaso en diversas actuaciones como la reducción de alumnos por aula, el establecimiento de currículos abiertos y flexibles y el planteamiento de un modelo de enseñanza más conectado con la realidad, donde los alumnos perciban su esfuerzo como algo útil, con sentido.
Pero sobre todo, la institución escolar ha de preocuparse por el profesorado y por su formación. Ya no sirven los parches y los cursillos de perfeccionamiento sobre esta o aquella materia. Los profesores han de mostrar una actitud profesional hacia su trabajo, tener dominio de su asignatura y grado de compromiso hacia ella. Y para que esto ocurra, la Administración educativa debe ser la impulsora del proceso, fomentando entre los docentes el valor de la vocación, reconociendo su labor desde el punto de vista social y también monetario y respetando, al mismo tiempo su autonomía y capacidad crítica.

Javier Moreno
Madrid

 
   
 
   

Segunda oportunidad

Una vez superada la selectividad, numerosos estudiantes descubren que la calificación que han obtenido no alcanza la nota de corte necesaria para acceder a la carrera que habían elegido. No debemos permitir que esta desilusión les impida decantarse por una segunda opción que se adapte a sus preferencias y capacidades.
Sin embargo, estos jóvenes deben tener en consideración que la especialidad elegida en segundo término esté relacionada con la que deseaban cursar inicialmente porque, obviamente, no se podrá pasar de una carrera de ciencias, como las ingenierías, a otra de letras, como geografía e historia.
Una vez superado el primer ciclo de la especialidad elegida, y si tiene afinidad con la que deseaban en primera opción, los alumnos pueden acceder a las llamadas "pasarelas universitarias", que facilitan el acceso al segundo ciclo de la que habíamos elegido inicialmente.
Este es el caso de los jóvenes que hayan cursado la diplomatura en periodismo, que pueden optar a la licenciatura de Comunicación Audiovisual.
No obstante, debemos precisar que en algunos casos el acceso es directo, mientras que en otras especialidades es necesario realizar algunos complementos o hacer un curso-puente que proporcione el nivel exigido para incorporarse a la nueva carrera.

José María Pardo.
Fuenlabrada (Madrid).

 

 
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