El Museo del Prado
reúne los seis
lienzos del Retablo
del Colegio
de doña
María de Aragón

Desmantelado como retablo y dispersas o perdidas sus partes, el Museo del Prado reúne en una muestra la seis telas principales que integraron el Retablo de Doña María de Aragón, obra con
la que El Greco inició un nuevo camino artístico.
Reconstrucción hipotética del retablo

Madrid. JULIA FERNANDEZ
El retablo de Dña. María de Aragón es un caso singular no sólo porque es el inicio de una nueva forma de expresión artística en la producción de El Greco, sino porque fue la primera obra que la corte madrileña encargó a un pintor ya célebre pero rechazado por su especial concepción del color y de la composición. Se desconocen muchos detalles de su elaboración pero sí que llegó a Madrid en 1600 para decorar el altar mayor de la iglesia del convento agustino de la Encarnación y que constaba originalmente de siete lienzos y seis esculturas de madera.

Destruido casi por completo durante la invasión napoleónica, el retablo que hoy se conserva está formado por seis grandes lienzos: la Anunciación, la Adoración de los Pastores, el Bautismo, la Crucifixión, la Resurrección y Pentecostés. Todos ellos, excepto la Adoración de los pastores, que pertenece al Museo Nacional de Arte de Rumania, forman parte de los fondos del Museo del Prado.

Extrañeza e incomprensión

Este retablo es el punto de inflexión con el que El Greco inicia la fase final de su carrera, donde afianza su concepción más personal de la pintura y en la que hace un impresionante alarde de composición, dibujo y sentido del color. Sin embargo, el conjunto del retablo fue recibido con extrañeza, incomprensión y también rechazo: su libertad de pinceladas y su especial forma de ver la temática religiosa contribuyeron a crear de él una visión de artista visionario y enloquecido.

La muestra organizada por el Museo del Prado, y que pretende ser una commemoración del autor y su obra, reúne también dos lienzos de Juan Pantoja de la Cruz : "San Agustín" y "San Nicolás de Tolentino", pintadas en 1601 para formar parte de los retablos colaterales de la capilla mayor del Colegio

 

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