|
son
muy elevadas, y ocasionan efectos inmediatos en el rendimiento académico
de nuestros escolares. Sin
embargo, la universalización hasta los 16 años y la amplia
escolarización en los niveles postobligatorios supone una oportunidad
para afrontar el verdadero reto que tenemos en España, en lo que
respecta a la educación, que es la mejora de su calidad, siendo
la voluntad del Ministerio de Educación, poner todo su esfuerzo
en reflexionar sobre las causas que producen los rendimientos académicos
insuficientes, contando para ello con toda la Comunidad Educativa y hacer
llegar el reconocimiento de esta situación a toda la sociedad,
pues su dimensión no es solamente educativa.
Este
Departamento de Educación es plenamente consciente del continuo
cambio del horizonte educativo pues las situaciones son cada vez más
dinámicas y complejas.
Se
requieren nuevos conceptos y una gran flexibilidad con los que pensar
la realidad educativa e instrumentos mucho más efectivos que los
actualmente disponibles para la mejora de los resultados y el logro de
metas de la educación.
Necesitamos,
en suma, políticas renovadas que aporten soluciones nuevas, que
incrementen la confianza en las posibilidades de nuestro sistema educativo
y remuevan aquellos obstáculos que le impidan avanzar al ritmo
exigido por los nuevos tiempos y demandado por la sociedad.
Para
el análisis del fracaso escolar, debemos apoyarnos en los datos,
considerando como satisfactorio o insatisfactorio sólo aquello
que se presenta como tal, de modo claro y casi indiscutible.
La
interpretación de los datos disponibles reseñados en sus
diversos aspectos sobre la evaluación del sistema educativo en
los informes llevados a cabo por el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación,
y del Servicio de Inspección Técnica, debe hacerse a partir
de la comparación, curso tras curso, de magnitudes homogéneas.
No
se pueden solapar las curvas que representan las distribuciones estadísticas
obtenidas de un año para otro, pues no se ajustan a una distribución
estándar normal y la población estadística, en éste
caso la escolar, es cada año más heterogénea, cambiando
su configuración, pues la procedencia del alumnado es muy diversa.
Sin embargo, para el análisis exhaustivo de cada curso, sin duda,
son resultados muy útiles.
Una
de las causas de esta heterogeneidad de nuestro sistema educativo es constatar
que sea cada vez más frecuente la presencia en las aulas de los
centros de hasta un 10% de alumnos de otro países. También
supone una dificultad real para la interpretación de datos y la
búsqueda de los indicadores necesarios para la definición
del rendimiento escolar.
Los
proyectos de compensación educativa y otras acciones de prevención
del abandono escolar se han multiplicado, y la dimensión intercultural
está incorporada en los proyectos curriculares de los centros.
También las acciones de formación dirigidas al profesorado
y a los orientadores que desarrollan los proyectos de compensación
educativa, suponen otra estrategia para flexibilizar los distintos itinerarios
educativos, reduciéndose así las tasas de absentismo y abandono
escolar. La contribución española a los Informes sobre la
Educación Intercultural elaborados por la Comisión Europea
debe ser esencial en su relación con las experiencias más
destacadas que han desarrollado otros países.
Los
programas de atención a la población itinerante y los proyectos
en aulas hospitalarias con la ayuda de las nuevas tecnologías,
son otros modelos de intervención en el campo de la atención
educativa.
Nunca
como ahora ha preocupado tanto la educación y se han invertido
más recursos en ella, sin embargo, los resultados constatados muestran
un fracaso escolar preocupante entre los 14 y los 16 años; edad
muy significativa en el tránsito desde la infancia a la adolescencia.
Cuando
el abandono escolar se produce en esta edad que marca el final de la escolarización
obligatoria, se hace muy difícil la recuperación hacia estudios
posteriores, ya sean académicos o profesionales.
El
llamado fracaso escolar no es, en realidad, un acontecimiento reciente.
Personalmente
no comparto la idea de que sea algo relacionado exclusivamente con la
generalización de la escolarización porque supondría
resignarnos pasivamente y con cierta autocomplacencia, como si fuese una
consecuencia indeseable pero de tono menor ante las bondades del sistema.
Todo lo contrario, es necesario bajar las cifras de fracaso escolar en
España para que nuestro sistema consiga sus objetivos educativos
y permita adquirir las competencias profesionales de los futuros ciudadanos
con niveles comparables a los de países similares al nuestro.
Permítanme
que analice algunos datos centrados, precisamente, en la valoración
de este tramo de edad en la que los alumnos pueden perderse para siempre
en lo que serían sus estudios posteriores.
Como
les decía, el llamado "fracaso escolar" no es en realidad un viejo
problema, sino un problema bastante reciente, si bien es cierto que, al
menos bajo un punto de vista subjetivo -que, por cierto, no es el único
importante en este terreno- se fracasa sólo en aquello que se intenta
conseguir y no se consigue. De aquí se desprende, entre otras cosas,
que el "fracaso escolar" es en realidad un fenómeno típico
de países que han conseguido ya un cierto desarrollo educacional,
y no tanto de aquellos otros que todavía luchan por generalizar
la escuela incluso a nivel de enseñanza primaria. En realidad,
tan típico es de los países educacionalmente desarrollados
que todos ellos lo padecen, en mayor o menor grado.
No
obstante, en España, el "fracaso escolar" sí resulta ser
un tema recurrente en las últimas décadas. Bajo un nombre
u otro, a él se refieren numerosos trabajos de investigación
y la mayoría de los informes de diagnóstico o de situación
presentados a la opinión pública o a las autoridades educativas.
Particularmente han insistido en él los informes técnicos
de la Inspección, que proporcionan cifras concretas, así
como los que elabora cada año el Consejo Escolar del Estado. Ya
desde los 14 años, según el Informe sobre la Enseñanza
Primaria, publicado por el INCE, sólo un 51% y un 64% de los alumnos
de 12 años consiguen resultados aceptables en Matemáticas
y en Lengua Española respectivamente, lo que significa que hay
un 49% y un 26%, en ambos casos, que no los consiguen.
En
el último informe del INCE del año 1998, en referencia a
las materias básicas de aprendizaje, un promedio del 25% de los
alumnos de 14 años "se sitúa en el límite de la distribución
con resultados claramente insatisfactorios", y "el 33% de los alumnos
de 16 se sitúa en el límite inferior de la distribución,
con resultados muy alejados de los mínimos aceptables".
Se
trata, sin duda, de resultados preocupantes, cuya gravedad no conviene
menospreciar. Es verdad que el fracaso escolar está igualmente
presente en otros sistemas educativos de nuestro entorno y nivel cultural,
pero, a tenor de los datos comparativos de que podemos hoy disponer, las
cifras que parecen alcanzar los países desarrollados no llega a
estas cotas nuestras, y según la documentación disponible,
no suelen superar a ambas edades el 20%. Para hablar con plena fiabilidad
de comparaciones entre países, en relación con el fracaso
escolar, hay que partir, sin duda, de metodologías que compartieran
los mismos principios en lo que se refiere a la propia definición
y determinación del fracaso escolar.
Deben
adoptarse sin duda medidas correctoras. Nos encontramos hoy ante la necesidad
de operar un cambio significativo que haga de la escuela un instrumento
eficaz de promoción, en un sentido u otro, para la mayoría
de la población juvenil española, y que en ningún
caso permita el fracaso sistemático de al menos la cuarta parte
de sus efectivos.
El
crecimiento de la escolarización con frecuencia causa un descenso
en el nivel global de la enseñanza. Pero además, una parte
importante de los alumnos que fracasan lo hacen por pleno y consciente
desinterés hacia lo que la escuela les ofrece, pese a la orientación
que sobre ellos puedan ejercer padres y profesores. Estos últimos
descubren inmediatamente su existencia en el seno de las clases, pero
pueden hacer poco por superar la situación. Desde el punto de vista
del profesor, el Informe del INCE sobre Planes de Estudios y Métodos
de Enseñanza, expone el problema con las siguientes palabras, bien
expresivas: "Se constata la presencia de un número significativo
de alumnos que podrían denominarse "objetores escolares": aquellos
que declaran abiertamente su rechazo a la escolarización pero que
no tienen más remedio que asistir a clases. Reflejan un problema
generado en la Educación Secundaria Obligatoria, y sin solución
por ahora". Parece obvio que cualquier intento de solución tiene
que pasar por encontrar soluciones institucionales -sin pretender que
sean sólo los profesores quienes solucionen el problema- y que
permitan recuperar el interés de los alumnos, ya que su exclusión
de la escolaridad ha de quedar completamente descartada.
Interesar
a los alumnos desinteresados no es un problema que afecte sólo
a ellos mismos, sino también a sus compañeros y al conjunto
de la acción escolar. Como el Informe del INCE sobre Funcionamiento
de los Centros recoge con entera claridad, una de las dos causas principales
de las situaciones de indisciplina que se producen en las escuelas es,
precisamente, el "desinterés del alumnado, seguida de los problemas
familiares y la presencia de alumnos repetidores".
Una
de las metas prioritarias que debe imponerse el sistema educativo español
es la lucha decidida contra el fracaso escolar desde el comienzo mismo
de la escolaridad obligatoria (y seguramente antes), pero muy particularmente
durante el período de secundaria. Para ello, es fundamental que
toda la comunidad educativa se sensibilice sobre la necesidad de adoptar
vías de corrección. En cuanto a las familias, en el Informe
sobre Escuela y Familia de 1998, elaborado por el INCE, por lo menos el
70% de los padres y madres españoles están satisfechos con
el rendimiento escolar de sus hijos. "El 70% de los padres cree que sus
hijos van bien o muy bien en sus estudios en relación con otros
chicos de su edad; el 57% responde que sus hijos están motivados
(siempre o bastantes veces) para sus estudios; el 76% de los padres y
el 83% de las madres están satisfechos con la relación que
mantienen con sus hijos respecto de los estudios. La valoración
de la marcha de los hijos en los estudios es alta: la cuarta parte la
juzgan "muy buena", casi la mitad "buena", algo menos de la cuarta parte
"regular" y sólo un 6% "mala"". Es evidente que hay que aprovechar
esta satisfacción generalizada y visión optimista por parte
de las familias para que conozcan y comprendan el alcance y significado
del fracaso escolar. La sensibilización y colaboración de
las familias es esencial para la eliminación del fracaso escolar.
Según
el Informe sobre Rendimiento Escolar del INCE, del año 1998, sólo
el 30% de los alumnos de 14 años y el 22,5% de los de 16 consiguen
en España, como promedio, unos resultados que podrían considerarse
netamente "satisfactorios", sin reservas; en estos porcentajes están
también incluidos los alumnos que no sólo obtienen resultados
"satisfactorios", sino más aún brillantes, a los que nos
referiremos. Dejando ahora aparte a esta franja alta del alumnado y a
la de quienes fracasan habitualmente en sus estudios, llegamos a la siguiente
constatación: que una considerable mayoría de los alumnos
(alrededor de un 41 o un 42% en ambos casos) se concentran en el intervalo
en torno a la media; aunque no obtiene resultados claramente "insatisfactorios",
parece que tampoco los obtiene claramente "satisfactorios". Se sitúan
por tanto en una ancha banda de resultados dudosos, discutibles, que en
el mejor de los casos podríamos catalogar de "mediocres".
El
retrato que el diagnóstico hace de nuestro sistema educativo, en
el tramo que nos ocupa, descubre por tanto que el número de alumnos
de alto rendimiento en nuestras escuelas resulta ser bastante exiguo.
La interpretación probable que en principio parecerían sugerir
los datos es que el cultivo de la excelencia en las escuelas españolas
es, hoy por hoy, bastante reducido, quizás, parcialmente, a causa
del esfuerzo que ocasiona al profesorado el conseguir por lo menos cotas
de mediana satisfacción.
En
el Informe sobre Planes y Métodos de Enseñanza del año
1998 del INCE, el profesorado demuestra tener gran interés sobre
el tema de la integración de alumnos con necesidades educativas
especiales, y también sobre el tema de la diversidad, como más
adelante veremos, pero, a tenor de lo que puede leerse en el Informe,
el enfoque que hace de la diversidad parece presidido, sobre todo, por
encontrar soluciones para los alumnos de bajo rendimiento, y no tanto
por encontrarlas para orientar debidamente a los de rendimiento alto.
Sin
embargo, el descubrimiento y la potenciación de los alumnos de
alto rendimiento parece ser, particularmente, un objetivo de enorme interés
para el sistema educativo y para la sociedad a la que sirve. Bien lo han
comprendido los países de mayor desarrollo educacional, que desde
hace ya años han convertido a la excelencia en un referente fundamental,
casi obsesivo. La consecución y el mantenimiento de un desarrollo
cultural, científico, social y económico que esté
a la altura de los tiempos, exige hoy más que nunca, el cultivo
de la excelencia en el ámbito escolar, especialmente en un tramo
tan decisivo como es, justamente, el de la Educación Secundaria
Obligatoria. Se trata de evitar también el que, por desinterés,
parte de los alumnos de rendimiento alto, incrementen las estadísticas
del fracaso escolar, como nos comunican continuamente los profesores.
La
mediocridad no puede considerarse, en ningún caso, un objetivo
del sistema escolar. La decidida lucha que hay que emprender contra las
altas tasas de fracaso escolar que padecemos deberá venir acompañada
de soluciones institucionales y de procedimientos que permitan a todos
los centros y a los profesores sacar todo el partido posible a los alumnos,
desarrollando sus capacidades, interés y estímulo para el
estudio, en la convicción de que esto no sólo resulta provechoso
para ellos, sino para el bien de la propia institución, del sistema
educativo y de la sociedad entera.
Sistema
estatal de indicadores de la Educación 2000
Fuente:
INCE
Resultados
a los 12 años
Media del
porcentaje de aciertos de los alumnos, correspondiente a la evaluación
de la educación primera y aplicada a los alumnos de 6º de EGB.
Rendimiento
medio
Prueba
de Lengua Castellana: 64 puntos (Escala de 0 a 100)
Prueba de
Matemáticas: 50 puntos (Escala de 0 a 100)
Resultados
a los 16 años
Resultados
en comprensión lectora: El 50% de los alumnos obtiene puntuaciones
en el intervalo entre el nivel 251 y 300 dentro de una escala de 0 a 500.
Resultados
en reglas lingüísticas y Literatura: El 40% de los alumnos
obtienen puntuaciones en el intervalo entre 251 y 300 dentro de una escala
de 0 a 500.
Resultados
en Matemáticas: El 39% de los alumnos obtienen puntuaciones
entre 251 y 300 dentro de una escala de 0 a 500.
Adquisición
de actitudes y valores: (ESO)
Grado de
importancia dada por las familias y los profesores a algunos aspectos
educativos: educación ambiental, educación para el consumo,
para la paz, para la salud y para la educación sexual: Conceden
bastante importancia, más de 75% de las familias y más del
65% de los profesores.
Causas
del fracaso escolar y propuesta de actuaciones
Algunas
de las causas que sin duda favorecen el Fracaso Escolar serían:
-Pérdida
de peso de las áreas instrumentales, porque sus contenidos son
imprescindibles para abordar el estudio de otras áreas.
-Pérdida
de peso de las áreas y materias de tipo humanístico, que
permiten al alumno no sólo la reflexión crítica sobre
los acontecimientos y hechos relevantes de las sociedades humanas; permiten
asimismo al alumno el conocimiento del pasado para situarse en la comprensión
de su propia cultura del presente.
-La imposibilidad
de atender de forma personalizada a los alumnos, en un sistema educativo
que todavía se comporta como sistema rígido en un contexto
social cambiante, dinámico y flexible.
-La promoción
de los alumnos casi por "imperativo social" con independencia de los resultados
obtenidos.
Para
la eliminación del Fracaso Escolar hay que actuar en las siguientes
direcciones:
1) Fortalecimiento
de las áreas instrumentales en todos lo niveles y etapas del sistema
como garantía de la incorporación y estructuración
de conocimientos progresivamente complejos sin dificultad para nuestros
escolares.
Esto supone
amortiguar cuanto antes el impacto negativo de la pérdida de 525
horas de Lengua (52,5 horas de media por curso) y de 210 horas de Matemáticas
(21 horas de media por curso) en la enseñanza básica de
nuestros escolares, es decir entre las edades de 6 y 16 años, que
se han producido comparando las dos últimas ordenaciones generales
de la Educación en España: 1970 y 1990.
2) Asimismo,
proporcionar a los alumnos una sólida formación humanística
y científica de base.
Incluso para
situarse ante fenómenos nuevos como son las telecomunicaciones
del siglo XXI, se necesita conocer la evolución del conocimiento
y de los saberes intelectuales que las han ido construyendo. De ahí
que se requiera una sólida formación científica y
humanística que, mediante el conocimiento y la reflexión
fomente también la madurez y responsabilidad de los alumnos.
3) Facilitar
formas de actuación temprana: Analizar la posibilidad de una atención
más personalizada a los alumnos definiendo en el currículo
distintos niveles de aprendizaje que permitan considerar a los niños
y adolescentes según sus diferentes capacidades, motivaciones e
intereses, en una escuela que contribuya a la superación de desigualdades
sociales, y que sea un verdadero espacio y tiempo de convivencia.
4) Asimismo,
otra forma de actuación temprana es la Alfabetización tecnológica
mediante la familiarización, utilización y comprensión
de las Tecnologías de Información y Comunicación
para evitar que se produzcan en el futuro nuevas formas de atraso y analfabetismo
funcional ante las nuevas formas de comunicación del siglo XXI.
5) Como
forma de previsión, facilitar a los alumnos la vía de los
estudios de formación profesional a algunos alumnos en una edad
en la que existen síntomas inequívocos de que se producirá
el abandono escolar a los 16 años.
La escuela
es y será siempre integradora, debe recuperar y facilitar la formación
y cualificación profesional de todos los ciudadanos.
El
miedo a considerar la formación profesional como una opción
de segundo nivel corresponde al pasado. Las 122 titulaciones de la Formación
Profesional son hoy una opción realista, modernizadora de la cualificación
y pujante en España. Desde la educación podemos ofrecer
a los niños y jóvenes estudios de tipo académico
o de tipo profesional para formar los futuros técnicos de este
país. Con una incorrecta o tardía orientación de
los estudios, no debemos permitir que perdamos unos buenos técnicos
y ganemos unos malos estudiantes.
Todas
las actuaciones deben ir encaminadas a lograr un efectivo y pleno ejercicio
del derecho a la Educación.
Garantizar
la igualdad de oportunidades, con efectivas medidas de tipo social y compensatorio
no debe llevar a confundir en la Educación estos dos principios
de diferente significado: Igualdad
de oportunidades con igualdad de resultados.
El
sistema educativo debe permitir que todos los alumnos obtengan los mejores
resultados posibles.
Muchas
gracias a todos
|