Jornada sobre "Cambios pedagógicos y fracaso escolar" de la
Fundación para la Modernización de España
Discurso de clausura
de Isabel Couso,
secretaria general
de Educación y
Formación Profesional

(Madrid, 8 de septiembre de 2000)

Isabel Couso, junto a Alvaro
Marchesi, en un
momento de su intervención
El fracaso escolar

Las tasas de escolarización en edades superiores  a  la  enseñanza  obligatoria

son muy elevadas, y ocasionan efectos inmediatos en el rendimiento académico de nuestros escolares. Sin embargo, la universalización hasta los 16 años y la amplia escolarización en los niveles postobligatorios supone una oportunidad para afrontar el verdadero reto que tenemos en España, en lo que respecta a la educación, que es la mejora de su calidad, siendo la voluntad del Ministerio de Educación, poner todo su esfuerzo en reflexionar sobre las causas que producen los rendimientos académicos insuficientes, contando para ello con toda la Comunidad Educativa y hacer llegar el reconocimiento de esta situación a toda la sociedad, pues su dimensión no es solamente educativa.

Este Departamento de Educación es plenamente consciente del continuo cambio del horizonte educativo pues las situaciones son cada vez más dinámicas y complejas.

Se requieren nuevos conceptos y una gran flexibilidad con los que pensar la realidad educativa e instrumentos mucho más efectivos que los actualmente disponibles para la mejora de los resultados y el logro de metas de la educación.

Necesitamos, en suma, políticas renovadas que aporten soluciones nuevas, que incrementen la confianza en las posibilidades de nuestro sistema educativo y remuevan aquellos obstáculos que le impidan avanzar al ritmo exigido por los nuevos tiempos y demandado por la sociedad.

Para el análisis del fracaso escolar, debemos apoyarnos en los datos, considerando como satisfactorio o insatisfactorio sólo aquello que se presenta como tal, de modo claro y casi indiscutible.

La interpretación de los datos disponibles reseñados en sus diversos aspectos sobre la evaluación del sistema educativo en los informes llevados a cabo por el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación, y del Servicio de Inspección Técnica, debe hacerse a partir de la comparación, curso tras curso, de magnitudes homogéneas.

No se pueden solapar las curvas que representan las distribuciones estadísticas obtenidas de un año para otro, pues no se ajustan a una distribución estándar normal y la población estadística, en éste caso la escolar, es cada año más heterogénea, cambiando su configuración, pues la procedencia del alumnado es muy diversa. Sin embargo, para el análisis exhaustivo de cada curso, sin duda, son resultados muy útiles.

Una de las causas de esta heterogeneidad de nuestro sistema educativo es constatar que sea cada vez más frecuente la presencia en las aulas de los centros de hasta un 10% de alumnos de otro países. También supone una dificultad real para la interpretación de datos y la búsqueda de los indicadores necesarios para la definición del rendimiento escolar.

Los proyectos de compensación educativa y otras acciones de prevención del abandono escolar se han multiplicado, y la dimensión intercultural está incorporada en los proyectos curriculares de los centros. También las acciones de formación dirigidas al profesorado y a los orientadores que desarrollan los proyectos de compensación educativa, suponen otra estrategia para flexibilizar los distintos itinerarios educativos, reduciéndose así las tasas de absentismo y abandono escolar. La contribución española a los Informes sobre la Educación Intercultural elaborados por la Comisión Europea debe ser esencial en su relación con las experiencias más destacadas que han desarrollado otros países.

Los programas de atención a la población itinerante y los proyectos en aulas hospitalarias con la ayuda de las nuevas tecnologías, son otros modelos de intervención en el campo de la atención educativa.

Nunca como ahora ha preocupado tanto la educación y se han invertido más recursos en ella, sin embargo, los resultados constatados muestran un fracaso escolar preocupante entre los 14 y los 16 años; edad muy significativa en el tránsito desde la infancia a la adolescencia.

Cuando el abandono escolar se produce en esta edad que marca el final de la escolarización obligatoria, se hace muy difícil la recuperación hacia estudios posteriores, ya sean académicos o profesionales.

El llamado fracaso escolar no es, en realidad, un acontecimiento reciente.

Personalmente no comparto la idea de que sea algo relacionado exclusivamente con la generalización de la escolarización porque supondría resignarnos pasivamente y con cierta autocomplacencia, como si fuese una consecuencia indeseable pero de tono menor ante las bondades del sistema. Todo lo contrario, es necesario bajar las cifras de fracaso escolar en España para que nuestro sistema consiga sus objetivos educativos y permita adquirir las competencias profesionales de los futuros ciudadanos con niveles comparables a los de países similares al nuestro.

Permítanme que analice algunos datos centrados, precisamente, en la valoración de este tramo de edad en la que los alumnos pueden perderse para siempre en lo que serían sus estudios posteriores.

Como les decía, el llamado "fracaso escolar" no es en realidad un viejo problema, sino un problema bastante reciente, si bien es cierto que, al menos bajo un punto de vista subjetivo -que, por cierto, no es el único importante en este terreno- se fracasa sólo en aquello que se intenta conseguir y no se consigue. De aquí se desprende, entre otras cosas, que el "fracaso escolar" es en realidad un fenómeno típico de países que han conseguido ya un cierto desarrollo educacional, y no tanto de aquellos otros que todavía luchan por generalizar la escuela incluso a nivel de enseñanza primaria. En realidad, tan típico es de los países educacionalmente desarrollados que todos ellos lo padecen, en mayor o menor grado.

No obstante, en España, el "fracaso escolar" sí resulta ser un tema recurrente en las últimas décadas. Bajo un nombre u otro, a él se refieren numerosos trabajos de investigación y la mayoría de los informes de diagnóstico o de situación presentados a la opinión pública o a las autoridades educativas. Particularmente han insistido en él los informes técnicos de la Inspección, que proporcionan cifras concretas, así como los que elabora cada año el Consejo Escolar del Estado. Ya desde los 14 años, según el Informe sobre la Enseñanza Primaria, publicado por el INCE, sólo un 51% y un 64% de los alumnos de 12 años consiguen resultados aceptables en Matemáticas y en Lengua Española respectivamente, lo que significa que hay un 49% y un 26%, en ambos casos, que no los consiguen.

En el último informe del INCE del año 1998, en referencia a las materias básicas de aprendizaje, un promedio del 25% de los alumnos de 14 años "se sitúa en el límite de la distribución con resultados claramente insatisfactorios", y "el 33% de los alumnos de 16 se sitúa en el límite inferior de la distribución, con resultados muy alejados de los mínimos aceptables".

Se trata, sin duda, de resultados preocupantes, cuya gravedad no conviene menospreciar. Es verdad que el fracaso escolar está igualmente presente en otros sistemas educativos de nuestro entorno y nivel cultural, pero, a tenor de los datos comparativos de que podemos hoy disponer, las cifras que parecen alcanzar los países desarrollados no llega a estas cotas nuestras, y según la documentación disponible, no suelen superar a ambas edades el 20%. Para hablar con plena fiabilidad de comparaciones entre países, en relación con el fracaso escolar, hay que partir, sin duda, de metodologías que compartieran los mismos principios en lo que se refiere a la propia definición y determinación del fracaso escolar.

Deben adoptarse sin duda medidas correctoras. Nos encontramos hoy ante la necesidad de operar un cambio significativo que haga de la escuela un instrumento eficaz de promoción, en un sentido u otro, para la mayoría de la población juvenil española, y que en ningún caso permita el fracaso sistemático de al menos la cuarta parte de sus efectivos.

El crecimiento de la escolarización con frecuencia causa un descenso en el nivel global de la enseñanza. Pero además, una parte importante de los alumnos que fracasan lo hacen por pleno y consciente desinterés hacia lo que la escuela les ofrece, pese a la orientación que sobre ellos puedan ejercer padres y profesores. Estos últimos descubren inmediatamente su existencia en el seno de las clases, pero pueden hacer poco por superar la situación. Desde el punto de vista del profesor, el Informe del INCE sobre Planes de Estudios y Métodos de Enseñanza, expone el problema con las siguientes palabras, bien expresivas: "Se constata la presencia de un número significativo de alumnos que podrían denominarse "objetores escolares": aquellos que declaran abiertamente su rechazo a la escolarización pero que no tienen más remedio que asistir a clases. Reflejan un problema generado en la Educación Secundaria Obligatoria, y sin solución por ahora". Parece obvio que cualquier intento de solución tiene que pasar por encontrar soluciones institucionales -sin pretender que sean sólo los profesores quienes solucionen el problema- y que permitan recuperar el interés de los alumnos, ya que su exclusión de la escolaridad ha de quedar completamente descartada.

Interesar a los alumnos desinteresados no es un problema que afecte sólo a ellos mismos, sino también a sus compañeros y al conjunto de la acción escolar. Como el Informe del INCE sobre Funcionamiento de los Centros recoge con entera claridad, una de las dos causas principales de las situaciones de indisciplina que se producen en las escuelas es, precisamente, el "desinterés del alumnado, seguida de los problemas familiares y la presencia de alumnos repetidores".

Una de las metas prioritarias que debe imponerse el sistema educativo español es la lucha decidida contra el fracaso escolar desde el comienzo mismo de la escolaridad obligatoria (y seguramente antes), pero muy particularmente durante el período de secundaria. Para ello, es fundamental que toda la comunidad educativa se sensibilice sobre la necesidad de adoptar vías de corrección. En cuanto a las familias, en el Informe sobre Escuela y Familia de 1998, elaborado por el INCE, por lo menos el 70% de los padres y madres españoles están satisfechos con el rendimiento escolar de sus hijos. "El 70% de los padres cree que sus hijos van bien o muy bien en sus estudios en relación con otros chicos de su edad; el 57% responde que sus hijos están motivados (siempre o bastantes veces) para sus estudios; el 76% de los padres y el 83% de las madres están satisfechos con la relación que mantienen con sus hijos respecto de los estudios. La valoración de la marcha de los hijos en los estudios es alta: la cuarta parte la juzgan "muy buena", casi la mitad "buena", algo menos de la cuarta parte "regular" y sólo un 6% "mala"". Es evidente que hay que aprovechar esta satisfacción generalizada y visión optimista por parte de las familias para que conozcan y comprendan el alcance y significado del fracaso escolar. La sensibilización y colaboración de las familias es esencial para la eliminación del fracaso escolar.

Según el Informe sobre Rendimiento Escolar del INCE, del año 1998, sólo el 30% de los alumnos de 14 años y el 22,5% de los de 16 consiguen en España, como promedio, unos resultados que podrían considerarse netamente "satisfactorios", sin reservas; en estos porcentajes están también incluidos los alumnos que no sólo obtienen resultados "satisfactorios", sino más aún brillantes, a los que nos referiremos. Dejando ahora aparte a esta franja alta del alumnado y a la de quienes fracasan habitualmente en sus estudios, llegamos a la siguiente constatación: que una considerable mayoría de los alumnos (alrededor de un 41 o un 42% en ambos casos) se concentran en el intervalo en torno a la media; aunque no obtiene resultados claramente "insatisfactorios", parece que tampoco los obtiene claramente "satisfactorios". Se sitúan por tanto en una ancha banda de resultados dudosos, discutibles, que en el mejor de los casos podríamos catalogar de "mediocres".

El retrato que el diagnóstico hace de nuestro sistema educativo, en el tramo que nos ocupa, descubre por tanto que el número de alumnos de alto rendimiento en nuestras escuelas resulta ser bastante exiguo. La interpretación probable que en principio parecerían sugerir los datos es que el cultivo de la excelencia en las escuelas españolas es, hoy por hoy, bastante reducido, quizás, parcialmente, a causa del esfuerzo que ocasiona al profesorado el conseguir por lo menos cotas de mediana satisfacción.

En el Informe sobre Planes y Métodos de Enseñanza del año 1998 del INCE, el profesorado demuestra tener gran interés sobre el tema de la integración de alumnos con necesidades educativas especiales, y también sobre el tema de la diversidad, como más adelante veremos, pero, a tenor de lo que puede leerse en el Informe, el enfoque que hace de la diversidad parece presidido, sobre todo, por encontrar soluciones para los alumnos de bajo rendimiento, y no tanto por encontrarlas para orientar debidamente a los de rendimiento alto.

Sin embargo, el descubrimiento y la potenciación de los alumnos de alto rendimiento parece ser, particularmente, un objetivo de enorme interés para el sistema educativo y para la sociedad a la que sirve. Bien lo han comprendido los países de mayor desarrollo educacional, que desde hace ya años han convertido a la excelencia en un referente fundamental, casi obsesivo. La consecución y el mantenimiento de un desarrollo cultural, científico, social y económico que esté a la altura de los tiempos, exige hoy más que nunca, el cultivo de la excelencia en el ámbito escolar, especialmente en un tramo tan decisivo como es, justamente, el de la Educación Secundaria Obligatoria. Se trata de evitar también el que, por desinterés, parte de los alumnos de rendimiento alto, incrementen las estadísticas del fracaso escolar, como nos comunican continuamente los profesores.

La mediocridad no puede considerarse, en ningún caso, un objetivo del sistema escolar. La decidida lucha que hay que emprender contra las altas tasas de fracaso escolar que padecemos deberá venir acompañada de soluciones institucionales y de procedimientos que permitan a todos los centros y a los profesores sacar todo el partido posible a los alumnos, desarrollando sus capacidades, interés y estímulo para el estudio, en la convicción de que esto no sólo resulta provechoso para ellos, sino para el bien de la propia institución, del sistema educativo y de la sociedad entera.

Sistema estatal de indicadores de la Educación 2000
Fuente: INCE

Resultados a los 12 años
Media del porcentaje de aciertos de los alumnos, correspondiente a la evaluación de la educación primera y aplicada a los alumnos de 6 de EGB.

Rendimiento medio
Prueba de Lengua Castellana: 64 puntos (Escala de 0 a 100)
Prueba de Matemáticas: 50 puntos (Escala de 0 a 100)

Resultados a los 16 años
Resultados en comprensión lectora: El 50% de los alumnos obtiene puntuaciones en el intervalo entre el nivel 251 y 300 dentro de una escala de 0 a 500.
Resultados en reglas lingüísticas y Literatura: El 40% de los alumnos obtienen puntuaciones en el intervalo entre 251 y 300 dentro de una escala de 0 a 500.
Resultados en Matemáticas: El 39% de los alumnos obtienen puntuaciones entre 251 y 300 dentro de una escala de 0 a 500.

Adquisición de actitudes y valores: (ESO)
Grado de importancia dada por las familias y los profesores a algunos aspectos educativos: educación ambiental, educación para el consumo, para la paz, para la salud y para la educación sexual: Conceden bastante importancia, más de 75% de las familias y más del 65% de los profesores.

Causas del fracaso escolar y propuesta de actuaciones

Algunas de las causas que sin duda favorecen el Fracaso Escolar serían:
-Pérdida de peso de las áreas instrumentales, porque sus contenidos son imprescindibles para abordar el estudio de otras áreas.
-Pérdida de peso de las áreas y materias de tipo humanístico, que permiten al alumno no sólo la reflexión crítica sobre los acontecimientos y hechos relevantes de las sociedades humanas; permiten asimismo al alumno el conocimiento del pasado para situarse en la comprensión de su propia cultura del presente.
-La imposibilidad de atender de forma personalizada a los alumnos, en un sistema educativo que todavía se comporta como sistema rígido en un contexto social cambiante, dinámico y flexible.
-La promoción de los alumnos casi por "imperativo social" con independencia de los resultados obtenidos.

Para la eliminación del Fracaso Escolar hay que actuar en las siguientes direcciones:

1) Fortalecimiento de las áreas instrumentales en todos lo niveles y etapas del sistema como garantía de la incorporación y estructuración de conocimientos progresivamente complejos sin dificultad para nuestros escolares.
Esto supone amortiguar cuanto antes el impacto negativo de la pérdida de 525 horas de Lengua (52,5 horas de media por curso) y de 210 horas de Matemáticas (21 horas de media por curso) en la enseñanza básica de nuestros escolares, es decir entre las edades de 6 y 16 años, que se han producido comparando las dos últimas ordenaciones generales de la Educación en España: 1970 y 1990.

2) Asimismo, proporcionar a los alumnos una sólida formación humanística y científica de base.
Incluso para situarse ante fenómenos nuevos como son las telecomunicaciones del siglo XXI, se necesita conocer la evolución del conocimiento y de los saberes intelectuales que las han ido construyendo. De ahí que se requiera una sólida formación científica y humanística que, mediante el conocimiento y la reflexión fomente también la madurez y responsabilidad de los alumnos.

3) Facilitar formas de actuación temprana: Analizar la posibilidad de una atención más personalizada a los alumnos definiendo en el currículo distintos niveles de aprendizaje que permitan considerar a los niños y adolescentes según sus diferentes capacidades, motivaciones e intereses, en una escuela que contribuya a la superación de desigualdades sociales, y que sea un verdadero espacio y tiempo de convivencia.

4) Asimismo, otra forma de actuación temprana es la Alfabetización tecnológica mediante la familiarización, utilización y comprensión de las Tecnologías de Información y Comunicación para evitar que se produzcan en el futuro nuevas formas de atraso y analfabetismo funcional ante las nuevas formas de comunicación del siglo XXI.

5) Como forma de previsión, facilitar a los alumnos la vía de los estudios de formación profesional a algunos alumnos en una edad en la que existen síntomas inequívocos de que se producirá el abandono escolar a los 16 años.
La escuela es y será siempre integradora, debe recuperar y facilitar la formación y cualificación profesional de todos los ciudadanos.

El miedo a considerar la formación profesional como una opción de segundo nivel corresponde al pasado. Las 122 titulaciones de la Formación Profesional son hoy una opción realista, modernizadora de la cualificación y pujante en España. Desde la educación podemos ofrecer a los niños y jóvenes estudios de tipo académico o de tipo profesional para formar los futuros técnicos de este país. Con una incorrecta o tardía orientación de los estudios, no debemos permitir que perdamos unos buenos técnicos y ganemos unos malos estudiantes.

Todas las actuaciones deben ir encaminadas a lograr un efectivo y pleno ejercicio del derecho a la Educación.

Garantizar la igualdad de oportunidades, con efectivas medidas de tipo social y compensatorio no debe llevar a confundir en la Educación estos dos principios de diferente significado: Igualdad de oportunidades con igualdad de resultados.

El sistema educativo debe permitir que todos los alumnos obtengan los mejores resultados posibles.

Muchas gracias a todos

 

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