Los módulos de aprendizaje reflejan un diálogo entre la clase de matemáticas y el taller donde los alumnos se forman profesionalmente.
Contexto y actividad matemática
Programa de actuación didáctica para jóvenes en exclusión social
Con un proyecto sobre las influencias afectivas en el conocimiento de las matemáticas, desarrollado por jóvenes en riesgo de exclusión social, Inés Gómez Chacón ha obtenido el segundo Premio Nacional de Investigación del MEC.

Inés Gómez Chacón profesora e investigadora de Matemáticas. (Foto: Magali Berenguer).

 

Madrid. ROSAURA CALLEJA
Inés Gómez Chacón, licenciada en Matemáticas y doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, desarrolla su labor investigadora en el departamento de Didáctica de las Matemáticas del Instituto de Estudios Pedagógicos Somosaguas (IEPS) de Madrid.

"Hemos tratado de indagar las conexiones entre las cuestiones afectivas y las influencias culturales en el aprendizaje de la matemática", revela. Este programa se concreta en una actuación didáctica en matemáticas para jóvenes de fracaso escolar en situación de desventaja social. El grupo de estudio estaba constituido por 23 alumnos de Ebanistería, que realizan un programa de formación para el empleo e integración en el mundo laboral en el Centro-Taller de Fuencarral, de la Asociación Norte Joven, ubicado en un barrio periférico de Madrid.

Al taller de ebanistería acuden jóvenes desempleados de 16 a 19 años, con experiencia de fracaso escolar y precarias condiciones sociales, culturales y económicas. Según Inés Gómez, "estas condiciones determinan una situación de marginación social y una falta de horizontes que les motiven a tomar una postura activa ante sus problemas".

La metodología del taller es activa, individualizada y orientada a que el joven adquiera actitudes nuevas. Para ello, el alumno aprende un oficio y alcanza unos niveles básicos de conocimientos.

Etapas formativas

La primera etapa de formación, con una duración de dos años, consta de los módulos profesional, cultural, personal y social. Dentro de la formación cultural se desarrolla el programa de matemáticas.

En la segunda etapa se aborda la formación en alternancia, de seis meses de duración y dirigida a los alumnos que reúnan las condiciones profesionales y actitudinales necesarias para realizar un trabajo productivo. Un maestro de taller realiza el seguimiento profesional y un educador orienta la continuación de su proceso de aprendizaje en las demás tareas, también en matemáticas.

Por último, la etapa de inserción laboral plena conlleva un seguimiento de dos años, después de abandonar el centro.

Para la puesta en marcha de su experiencia, Inés Gómez se cuestionó: cómo se pueden conectar las experiencias y prácticas matemáticas que los jóvenes tienen en el contexto del taller y de su vida cotidiana con la propuesta didáctica del aula?.

"En la búsqueda de estas conexiones nos planteamos preparar a los estudiantes para resolver problemas y para que adquiriesen conceptos, estrategias, habilidades, destrezas y actitudes útiles para solucionar problemas que encuentren en la vida ordinaria y que puedan generalizar de unas situaciones a otras. De esta forma, ofrecíamos la oportunidad de modificación de su reacción afectiva hacia la matemática", especifica.

En tercer lugar, para interpretar y buscarle sentido a los problemas, esta investigadora se propuso hacer uso de artefactos culturales y convenciones que los estudiantes suelen utilizar. A través de las entrevistas a los alumnos, la profesora promovió diálogos en clase sobre sus experiencias en la vida cotidiana y sobre la observación de sus métodos informales de matematización.

Módulos de aprendizaje

Los módulos de aprendizaje reflejan un diálogo entre la clase de matemáticas y el taller donde los alumnos se forman profesionalmente. En estos módulos, los procesos de enseñanza-aprendizaje se consideran como una interacción social. Para los jóvenes, que trabajan en grupos pequeños, los contenidos matemáticos se presentan como algo necesario, planteando una perspectiva integradora y cultural de la matemática que les va a permitir incorporarse al mundo laboral de una manera más cualificada.

"Enseñar al alumnado determinadas habilidades sociales es una de las aportaciones que se puede hacer desde el aprendizaje de la matemática", afirma Inés Gómez, para quien es importante cultivar y promocionar en el estudiante la autonomía, la autoestima y la autoconfianza, preparando de esta forma el camino del aprendizaje.

Desde la perspectiva de una educación integral, el aprendizaje de las habilidades sociales es el bagaje que queda en los sujetos para desenvolverse en su vida adulta, tanto si continúan los estudios como si los abandonan.

Herramienta útil

"Presentar el aprendizaje matemático desde su perspectiva formativa y cultural es enseñar a captar el significado de las cosas, la comunicación y la interacción", asegura esta profesora. "Para nosotros, la matemática está constituida por un conjunto de hechos, propiedades, estructuras conceptuales, habilidades generales de resolución de problemas... que proporcionan una herramienta poderosa de comunicación y de análisis. Herramienta que sirve para comprender, pensar, obtener conclusiones y, con ello, decidir sobre multitud de cuestiones de nuestra realidad circundante", subraya.

Con los módulos, Gómez Chacón proporciona al alumnado la oportunidad de incorporar las matemáticas al bagaje de saberes que le son útiles en la vida diaria, fortaleciendo las relaciones que hay entre las matemáticas y el mundo que le rodea.

"Paralelamente a ello, pretendo que la persona desarrolle su gusto por la actividad matemática, practique el trabajo en equipo y valore las opiniones propias y las de los otros", concluye esta investigadora.

 

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