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La
educación para hoy
Nuestro
mundo, esta aldea global de la que tanto se habla, está inmerso
en un proceso de cambios acelerados que inciden sobre todos los aspectos
de nuestra vida individual y colectiva.
El poder creciente de las nuevas tecnologías en un
marco de globaliza-
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ción
y de interdependencia económica y sus consecuencias sobre las dinámicas
sociales y las vidas personales, la fragmentación y el relativo
anquilosamiento de la vida política y de sus instituciones son
algunas de las características más relevantes de estos momentos.
Las tensiones sociales creadas por estos cambios tienen su reflejo en
los problemas de empleo –con sus correspondientes consecuencias sobre
la progresiva marginación de amplios colectivos sociales- y la
tensión generada por las dinámicas de muchos pueblos en
los que late la doble necesidad de afirmar su identidad y adaptarse a
los procesos de globalización. La creciente desigualdad entre los
países desarrollados y los que se encuentran en vías de
desarrollo y las desigualdades sociales existentes en el seno de los primeros
no hacen más que añadir nuevas dificultades.
Estas cuestiones,
que en el contexto que nos ocupa pueden ser tan sólo enunciadas,
impulsan a las mentes más lúcidas de nuestro tiempo a dirigir
una nueva mirada sobre la educación. Ésta aparece como una
cuestión crucial y compleja que se ha convertido en una tabla de
salvación en el mar de incertidumbres generado por los procesos
de cambio que, a una velocidad vertiginosa, afecta a nuestras sociedades.
Las transformaciones puestas en marcha hasta el momento no permiten, como
antaño, hacer previsiones claras sobre las condiciones de vida,
los valores, las formas económicas que van a prevalecer en el futuro
en el que habrán de insertarse nuestros jóvenes. Las certezas
que hacían previsible nuestra realidad han ido desapareciendo.
Y, en cambio, la necesidad de educar no sólo persiste como siempre
lo ha hecho, sino que se ha convertido en una gran prioridad social.
Así
lo entienden los organismos internacionales más prestigiosos, como
pone de manifiesto el reciente informe de la UNESCO dirigido por Jacques
Delors, La educación encierra un tesoro. O el Informe de la Comisión
Europea titulado Realizar Europa por medio de la educación y
la formación: en él aparece reflejada tanto la esperanza
de construir la ciudadanía europea como la voluntad de fortalecer
la competitividad, mantener la cohesión social y utilizar plenamente
las posibilidades ofrecidas por las tecnologías de la información.
Una ardua tarea. De igual modo, los más atentos pensadores y analistas
del momento están dedicando ímprobos esfuerzos a replantear
la cuestión de la educación como un tema prioritario. Todos
los ojos se han vuelto hacia lo que se entiende por "capital humano"
o "recursos humanos", con la esperanza de que sea el "factor
humano" –tan a menudo olvidado en las doctrinas y las prácticas
políticas, en los grandes diseños industriales y tecnológicos-
el que ofrezca un punto de apoyo, un lugar de referencia ante la incertidumbre
que los más lúcidos sienten frente al futuro. La necesidad
de regresar a lo personal, a lo individual, a la formación de la
persona, aparece así como un nuevo individualismo, progresista
y positivo, un gran regreso –aunque con distintas connotaciones- a unos
valores que el imparable avance de los procesos de tecnologización
y mundialización de la economía y el pensamiento político,
más centrado en "las estructuras" que en las personas,
hacen cada vez más necesario (…)
Mª
Dolors Renau
CUADERNOS DE PEDAGOGIA. Junio-2000.
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Los
franceses eligen cada vez más los bachilleratos profesionales y
tecnológicos
El
bachillerato 2000 confirma las tendencias de estos últimos años:
aumento de los bachilleratos tecnológicos y profesionales y retroceso,
de una manera general, de la rama literaria. Hoy, el 61,8 % de los jóvenes
de una generación obtienen un título de bachillerato, contra
el 25,9% en 1980. Este año, 46,44% de los candidatos se presentan
en la ramas tecnológicas o profesionales y el 53,56% en la general.
Las pruebas
escritas del bachillerato se iniciaran el 14 de junio: 644128 candidatos,
un 1,27 por ciento más, en relación con 1999; 119.000 correctores
y examinadores: 44 lenguas extranjeras y 10 lenguas regionales; alrededor
de 4 millones de exámenes para corregir. Las cifras del bachillerato
alcanzan alturas vertiginosas. El curso 2000 confirma las tendencias de
estos últimos años: los futuros bachilleratos tecnológicos
y profesionales tienen cada vez más alumnos (46,44 % de los candidatos),
mientras que en el general,(53,56 % de los candidatos), la opción
literaria continúa perdiendo efectivos. Entre los 345.013 postulantes
al bachillerato general (+ O,22% en relación con 1999) los literarios
no son más que 76.575 (-4,42 % en un año). Mientras, los
97.806 alumnos de los liceos de la serie económica y social (ES)
registran un alza de un 1,64 % en sus efectivos. Los científicos
de la serie S continúan siendo muy mayoritarios (170.632 candidatos)
y están en ligero aumento (+ 1,63 %).
Con 189.073
alumnos matriculados, el bachillerato tecnológico marcha bien y
no cesa de progresar desde su primer curso, en 1969.(...)
Difícil
es hablar del bachillerato sin evocar la serpiente de mar de la reforma.
Este curso 2000 no presenta ninguna turbación importante, en cuanto
a su organización y a la naturaleza de las pruebas.
LE
MONDE, 6-junio-2000
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