El autor del presente artículo mantiene que en la actualidad se maneja un sentido restringido del término "vocación" que perjudica la labor orientadora, y en su opinión, la psicología y la educación vocacional han de superar el pragmatismo de negativos efectos, en beneficio de la vocación en cuanto realidad intrínsecamente humana.

Apología de la vocación

Valentín Martínez-Otero Pérez
Doctor en Psicología y en Ciencias de la Educación
y profesor de Psicopedagogía

ON    pesadumbre    com-

pruebo que en el campo de la psicología vocacional se maneja un sentido limitado y pobre del término "vocación". Este vocablo procede del latín vocatio-vocationis (acción de llamar); sin embargo, es frecuente que se utilice como sinónimo de profesión, por ser éste el significado que suele tomar en inglés. En EE.UU., por ejemplo, se habla de "orientación vocacional" para referirse sobre todo a la orientación profesional. Como en tantos otros aspectos, el dominio anglosajón es claro y con la voz "vocación" ocurre un hecho curioso, cuando no absurdo, a saber: se renuncia al sentido original que procede del latín, lengua de la cual procede la nuestra y, por el contrario, se acepta con ligereza la acepción del vocablo que se nos devuelve empobrecido semánticamente.

Como consecuencia de lo anterior, la psicología vocacional, que debiera estar orientada al estudio de la vocación, se convierte en mera psicología profesional. Es indudable que el campo de las profesiones ha de ocupar un lugar destacado dentro de la psicología vocacional, sin que ello lleve a identificar vocación con profesión. Desde mi punto de vista, la confusión sobre la vocación se deja sentir en varios aspectos concatenados:

-Se enfatiza la dimensión externa y observable (conducta) de la vocación en perjuicio de la vertiente interna o cognitiva.
-Es habitual hablar de conducta vocacional en lugar de referirse al comportamiento vocacional (expresión más amplia que engloba la dimensión interna y la externa) o, sencillamente, a la vocación.
-Se considera que la conducta vocacional termina con la jubilación. Esto se explica por la errónea equiparación de vocación y profesión. De hecho, en algún manual reciente de orientación vocacional se puede leer que la conducta vocacional se extingue con la jubilación.
-La psicología vocacional autoproclamada científica no se preocupa de las vocaciones, solamente se interesa por las profesiones.

Con las equivocaciones antedichas, qué orientación vocacional se puede esperar?

Consideraciones sobre la vocación

Creo que es oportuno hacer las siguientes consideraciones sobre la vocación:

-Es una disposición para un estado personal, social o profesional. Aunque en muchas ocasiones la vocación se concreta en una profesión (vocación profesional) no hay que perder de vista otras posibilidades.
-En el comportamiento vocacional cabe distinguir una conciencia o reconocimiento interior de la propia disposición y una conducta o acción que realiza el sujeto para alcanzar el estado personal o profesional.
-Por la vertiente cognitiva se proyecta y por la dimensión conductual se actúa. Es así como la persona traza un plan vocacional y hace lo posible por llevarlo a cabo.
-Desde la psicología vocacional han de contemplarse los aspectos personales (intereses, rasgos, aptitudes, etc.) y ambientales (familia, centro escolar, entorno cultural, realidad social...) que condicionan el comportamiento vocacional.
-La vocación se extiende a todo el discurrir vital. La evolución de la vocación hace necesaria la orientación desde la infancia. De igual modo, es evidente que la vocación no termina con el retiro. En ocasiones, incluso, emerge justamente cuando cesa la actividad laboral contractual. Cómo explicar si no el trabajo "altruista" físico o intelectual de muchas personas mayores? La vocación no es cuestión de nómina, acaso porque el ser humano siempre está abierto a nuevos proyectos e ilusiones.

La psicología vocacional actual corre el riesgo de tener un alcance limitado, pues al interesarse exclusivamente por la profesión, en tanto que empleo u oficio que se tiene y ejerce con derecho a retribución, se olvida de disposiciones o inclinaciones personales muy arraigadas que pueden resistir mejor las continuas mudanzas socioculturales. A mi juicio, es preferible orientar las vocaciones, ya que conlleva adoptar un modelo más flexible que prepara a las personas para hacer frente con éxito a las transformaciones que puedan producirse en el mercado de trabajo, al tiempo que se avanza por el camino de la autorrealización. Una adecuada orientación vocacional podría hacer mucho en favor de la adaptación y satisfacción laboral y personal. Se evitarían muchos problemas de frustración, estrés y alienación que, a veces, se originan por falta de correspondencia entre la vocación y la profesión. Aunque se pueda tener cierto éxito en una actividad profesional distinta a la verdadera vocación, siempre habrá en mayor o menor grado una sensación de fracaso.

Mejora de la realidad personal y colectiva

La psicología y la orientación vocacional deben contribuir a dignificar las actividades o estados a que el hombre se siente llamado, para lo cual hay que favorecer el conocimiento de uno mismo, el proceso de maduración vocacional, la construcción de proyectos de vida y la toma de decisiones. En modo alguno se trata de adoptar un enfoque alejado de las necesidades sociales y laborales. Lo que se pretende, por el contrario, es mejorar la realidad personal y colectiva. En este sentido, hay que valorar las nuevas tendencias y aportaciones de la orientación profesional, en tanto que modalidad específica de asesoramiento. Mas justo es insistir en que la intervención encaminada a favorecer el desarrollo vocacional ya desde los primeros años de vida ha de contemplarse como parte del proceso formativo, ya que se pretende que el educando descubra su identidad, fortalezca su capacidad de actuación, participe en la sociedad y se autogobierne.

A finales del siglo XVI, Juan Huarte de San Juan, en su obra "Examen de ingenios para las ciencias", refiriéndose a la pésima "orientación" de su época dice: "Por no hacer hoy esta diligencia, han destruido la cristiana religión los que no tenían ingenio para teología; y echan a perder la salud de los hombres los que son inhábiles para la medicina; y la jurisprudencia no tiene la perfección que pudiera, por no saber a qué potencia racional pertenece el uso y buena interpretación de las leyes". Esperemos que en el umbral del nuevo milenio la orientación vocacional, apoyada en sólidas bases, permita evitar graves discordancias como las denunciadas por el egregio médico y filósofo español, y se convierta así en motor de transformación individual y social. Hoy, como ayer, se necesitan en los distintos ámbitos personas con auténtica vocación que se asomen con entusiasmo, aptitud y entrega al mañana.

 

arriba