Jugar con el ordenador,
también en la escuela

(...) A lo largo del tiempo, los juegos han ido evolucionando no sólo en sus contenidos, sino también gracias a los diferentes soportes que se han ido creando. En este sentido, cabe señalar que con el

desarrolo tecnológico aparece un nuevo tipo de juego: los videojuegos, cuya producción ha experimentado en la última década un incremento enorme. Su éxito se intuyó con el inicio de las videoconsolas, que en poco tiempo empezaron a formar parte de los juguetes más vendidos del mercado. Con la incorporación de los ordenadores a lo hogares, los productos se han ido ampliando, y en la actualidad la variación y producción de juegos para videoconsolas, consolas portátiles y ordenadores es enorme. Los tipos de juegos han ido variando también con el tiempo, adoptando una mayor diversificación: arcades, aventuras, simulación, juegos de rol, etc.
Los videojuegos constituyen en la actualidad no sólo una parte importante de la actividad lúdica de muchos de los niños y jóvenes, sino también una puerta de acceso al mundo de la tecnología. Sin embargo, hasta ahora los centros educativos han mostrado muy poco interés por introducirlos en la enseñanza, aunque en nuestra opinión poseen un enorme interés como elementos motivadores y de aprendizaje, ya que potencian las funciones motrices, intelectuales, afectivas y sociales.
Las causas de esta falta de interés por los juegos en el ámbito educativo son múltiples. Por un lado, existe un desconocimiento del producto que viene acompañado por una literatura mediática muy poco amable con este medio. Casi siempre que aparecen los juegos en la prensa o en la televisión es para mostrar casos extremos de violencia, niños que han estado "enganchados" durante días, etc. Y es que la imagen social de los videojuegos no es nada positiva. A este factor hay que añadir el hecho de que existe un desconocimiento no sólo del medio, sino también de las posibilidades pedagógicas que brinda su uso.
La utilización de videojuegos, al igual que otros materiales tecnológicos, supone un cierto cambio en el papel del profesorado. Los niños superan fácilmente las habilidades técnicas de los docentes. Este aspecto genera inseguridad y miedo, ya que parece que no seamos capaces de controlar el proceso de enseñanza. Sin embargo, es necesario cambiar este planteamiento y centrarnos en su potencialidad como recurso educativo, fuera del ámbito técnico, en el que, efectivamente, nuestros alumnos nos superarán.
Desde el punto de vista intelectual, la complejidad de la mayor parte de los juegos actuales permite desarrollar no sólo aspectos motores, sino sobre todo procedimientos tales como las habilidades para la resolución de problemas, la toma de decisiones, la búsqueda de información, la organización, etc. Desde el punto de vista afectivo, los juegos constituyen una importante motivación y pueden utilizarse para trabajar aspectos relacionados con la autoestima.
Además de los juegos de ordenador, la industria multimedia ha empezado recientemente a diseñar los denominados juegos educativos. ¿Qué diferencia existe entre unos y otros? La primera respuesta que se nos ocurre es bastante obvia: la intencionalidad. Efectivamente, la intención de los videojuegos es entretener, divertir. Los juegos educativos se diseñan para que el niño aprenda. No se trata de "perder" el tiempo jugando, hay que aprender algo durante el juego Esta diferencia en cuanto a intención encierra unas consecuencias importantes.
Los juegos educativos están pensados para ser utilizados en las escuelas o para que los compren aquellos padres preocupados por la educación de sus hijos que deseen que su tiempo libre resulte además beneficioso(...)

Grup f9
CUADERNOS DE PEDAGOGIA. Mayo de 2000.

El inútil desencuentro entre
educación y sociedad

(…) De siempre, la educación ha sido el ingrediente fundamental para gestar la igualdad o desigualdad de los individuos, pero es palmario su carácter decisivo dado que caminamos aceleradamente hacia un futuro, mejor ya presente, en los que el capital humano y la capacidad de gestionar el conocimiento serán factores diferenciales para determinar el grado de prosperidad, tanto colectivo como individual.
Sin perjuicio de otras consideraciones, el modelo educativo, el concepto mismo de la formación, requieren un replanteamiento radical. Que debe partir, entre otras cosas, de sustituir los intereses de la comunidad docente, en su acepción más extensa, por los del conjunto: usuarios y demandantes de profesionales, también en su más amplia consideración. Ha sido demasiado frecuente que, unas veces por imperativo político, otras por imposición del profesorado, los planes de estudio, las materias, las titulaciones, las especialidades, la localización de los centros, todo en definitiva, se haya diseñado en función de factores que poco o nada tienen que ver con facilitar la integración efectiva de los jóvenes en la vida activa. La degradación atroz de las humanidades es un caso socorrido, pero no es peor que la persistencia de temarios inútiles, desfasados o caprichosos, cuya justificación no incluye un gramo de rigor. O que palmarias insuficiencias como la falta de capacitación específica que enseñe a enseñar, la inexistencia de métodos de evaluación continua, el atraso en incorporar herramientas tan cruciales como Internet y, cerrando el círculo, ese desajuste que comporta el carácter vitalicio-funcionarial que prima en la docencia.
Convendrá, en todo caso, evitar caer en el recurso fácil de cargar todas las culpas en la comunidad enseñante, sus dirigentes o los responsables políticos de la educación. Su protagonismo es indudable, pero el cambio requerido habrá de trascenderles para que sea eficaz. Es la sociedad, en su conjunto, la que debe asumir la necesidad de un nuevo esquema, un concepto renovado de cuál es el papel de la formación en estos tiempos que toca vivir.
El sistema educativo no es ni puede ser una especie de depósito más o menos obligado, a modo de tránsito abstraído entre la cuna y el desempeño brillante y exitoso de una tarea profesional. No debe discurrir al margen del devenir social, pero tampoco los ciudadanos ni las empresas han de inhibirse, entre otras cosas porque el imperativo tecnológico fuerza cada vez más a la necesidad de concebir la formación como un proceso continuo, un aprendizaje de por vida al que nadie se ha de sustraer.

Enrique Badía
LA VANGUARDIA. 14-Mayo-2000.

Controversia sobre la reforma
educativa en Francia

"Es preciso evitar la inmovilidad, peligro grave que amenaza hoy a la escuela pública. Es preciso sostener las reformas, que se deben aplicar con los medios suplementarios indispensables . Es preciso permitir un verdadero debate democrático sobre la escuela, al que todo el país debe de estar asociado". Así termina un manifiesto titulado "Contra el inmovilismo y el corporativismo", hecho público el día mismo de la partida de Claude Allegre y de la llegada de Jack Lang (como ministro de Educación) texto firmado por la federación de padres de alumnos, premios Nobel e investigadores.(...)
Reformar. ¿Quién se puede oponer a ello en alta voz en el momento en el que el sistema escolar deja todavía cada año salir cerca de 60.000 jóvenes sin el más pequeño diploma, sin la menor cualificación, en el momento en el que un porcentaje demasiado importante llegan al colegio (Enseñanza Inferior Secundaria) sin un manejo mínimo de la enseñanza escrita, en el momento en el que la orientación para los alumnos que fracasan y el desinterés por las disciplinas enseñadas son el lecho de la violencia"
Algunos docentes, exasperados por las explosiones ampulosas de Allegre, animados por el movimiento colectivo de manifestaciones, han reclamado que se deje de reformar; el SNES, sindicato mayoritario del segundo grado, lo ha ensayado ya, corriendo tras una base política irrecuperable, antes de hacer una rápida marcha atrás. Pero para la opinión más generalizada, los cambios se impondrán. Quedan por definir las primeras urgencias y la adjudicación y la dotación de los medios para actuar.

LE MONDE de l´Educación. Mayo 2000.

 

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