La educación desconcertada

(...) A otros despistados, entusiastas de la onda cibernética, les interesa mucho la educación –que consideran "un arma cargada de futuro", como diría el poeta -, pero la escuela les parece un atraso injustificable. Profetizan poniendo los ojos en blanco que mañana ningún niño tendrá que desplazarse al aula, lugar incómodo y aburrido; cada cual en su casa, a través del ordenador, conectará con los profesores y recibirá toda la información interactiva requerida para aprender álgebra o geografía. Será el propio alumno quien decida el momento y la duración del estudio, en lugar de someterse a un horario estereotipado y a una disciplina uniformadora semicarcelaria contra cuyos males ya nos previno Foucault. En fin, que la revolución educativa del siglo XXI comienza con Internet… Bueno, pues ni Postman ni yo nos creemos semejantes pamplinas. El primer aprendizaje escolar es el de convivir en grupo bajo ciertas normas dignas de respeto con diversos semejantes nuestros con los que no nos une ningún lazo de parentesco, salvo la humanidad. Esta lección es más importante que ninguna otra de las que se reciben en el aula. E insustituible; ni por padres experimentadores que presentan objeción de conciencia contra la escolarización obligatoria de sus hijos ni mucho menos por la magia de Internet. Como dice Postman, "aun cuando las nuevas tecnologías pudieran constituir una solución para el aprendizaje de "materias", actuarían en contra del aprendizaje de lo que conocemos como "valores sociales", incluyendo la comprensión de los procesos democráticos". Los niños no sólo quieren aprender noticias sobre las cosas sino también aprender a vivir; los maestros –cuando realmente lo son- no sólo les instruyen sino que también responden a sus demandas de apoyo o compañía en la confusión y resisten a sus necesarios impulsos de rebelión, posibilitándolos y encauzándolos de forma no destructiva (…)

Fernando Savater
El País. 29-abril-2000.

La enseñanza global ya está aquí

Se le llama Ciberprofesor. Christine Guerin corrige desde su domicilio en la región parisina los deberes de inglés de una docena de liceos de Guyana, de Rusia o de otros lugares, inscritos en el campo de la electrónica del Centro Nacional de Enseñanza a Distancia (Cnd). Los cibercolegiales redactan su texto sobre su PC y lo transmiten a su profesor, que efectúa sus correcciones directamente sobre la pantalla.
La escuela global está en marcha y va a revolucionar el mundo de la enseñanza y de la formación profesional. Ya no habrá necesidad de vivir en Boston para seguir un TD de Harward. De los Estados Unidos a la China, los cursos en línea (on-line) invaden la Red desde finales de los años noventa. El campus electrónico del Cnd, inaugurado en 1996 y pionero en Francia, ha registrado un millón de conexiones el año último, contra 35.000 hace solamente dos años. La mayor parte de las grandes escuelas de comercio francesas proponen hoy formaciones diplomadas sobre la Web para los estudiantes y los trabajadores. Algunas universidades, tales como París V o Rennes, entran en la rama médica. Otras, como la facultad de Alby, lanzará una cyberlicenciatura de derecho el próximo curso. Sin contar los millares de portales consagrados al sostenimiento escolar, puestos en escena por los editores y los operadores de telecomunicaciones.
Después del CD-ROM y de la videoconferencia, la enseñanza en línea marca una nueva etapa hacia una escuela sin trabas y hecha a la medida , en la que cada uno pueda elegir el momento, el lugar y el contenido de lo que uno desea aprender.

L´Express.27-abril-2.000

 

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