"Rusia,
Siglo XX", muestra la vida real
de este país
Ocho décadas de aislamiento político hicieron opaco el arte ruso para el resto del mundo. Una muestra
rescata y difunde ahora unas obras que reflejan la vida cotidiana de esta sociedad silenciada.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Compañero de todos los aconte- cimientos sociales, científicos o políticos, el arte es también y sobre todo- respuesta espiritual e intelectual a los grandes y pequeños sucesos que  conforman

una vida. Y cuando una sociedad no puede expresarse libremente en el arte, la tarea subterránea de algunos creadores dejará constancia para la historia de su sensibilidad. Esta es la gran lección que da la muestra "Rusia, Siglo XX", inaugurada en la Sala Julio González del Ministerio de Educación y Cultura, en Madrid: un viaje por ochenta años de historia no oficial, a través de más de un centenar de obras de cincuenta y siete autores diferentes.

Esta colección que ahora llega a la población española es fruto de una labor de años de Dolores Tomás, una estudiosa y coleccionista, que recorrió miles de kilómetros en el inmenso territorio ruso, para encontrar estos testimonios pictóricos que nos hablan de aquellos aspectos de la vida cotidiana silenciados por el Realismo Socialista. Son obras pues sustraídas al mecenazgo de un Estado, convertido en organizador, profesor y árbitro en materias de arte. Y son también obras realizadas con los materiales sustraídos clandestinamente de otros encargos oficiales o de talleres institucionales.

Un mundo paralelo

La búsqueda del equilibrio entre las innovaciones occidentales y las propias raíces artísticas, muy ligadas a la sencilla estética del icono, estuvo siempre presente en los grandes creadores de la Vanguardia Rusa. Autores como Kandinski, Chagall, Goncharova, Lariónov, Malevich, Popoya, Rodchenko o Stepanova bebieron de todas las fuentes creadoras de comienzos del siglo XX pero añorando una representación más penetrante y directa de la percepción rusa de la vida. Esta búsqueda creativa se vio dramáticamente sesgada en los primeros años de la Revolución, con la creación de la monolítica Unión de Artistas, organismo institucional que redujo el arte a un

mero instrumento de propaganda ideológica. Las obras que constituyeron el llamado Realismo Socialista eran panfletos divulgatorios de la magnitud de los puertos, fábricas, centrales hidroeléctricas, la grandiosidad de los campos y cosechas... Es decir, de los logros de la Revolución y sus héroes. Pero la vida latía bajo tanta megalomanía estatal y esta muestra nos habla de ello.

Considerada como una colección única y sorprendente por los jefes de cátedra de las Academias de Bellas Artes Súrikov, San Petesburgo y En memoria de 1905, así como por varios asesores de los Museos Hermitage y Tritiakov, las obras que la integran muestran un mundo paralelo, plasmado en un pintura amable y costumbrista, que refleja con un toque de romanticismo escenas cotidianas de muy diversos colectivos. Se trata de cuadros de paisajes y costumbres, realizados no para ser exhibidos sino para dar salida a la propia sensibilidad. Hoy salen a la luz y reflejan la auténtica vida.

 

Dos de las obras exhibidas en "Rusia, Siglo XX"
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