La variada gama de valores y su cambio progresivo en una sociedad pluralista y con un ritmo de cambio acelerado, como es la nuestra, exigen las adaptaciones correspondientes en el sistema educativo. En el presente artículo, su autor abre un espacio de reflexión y debate sobre los valores y orientaciones que se vislumbran en la enseñanza ante el futuro más inminente.

Valores y aprendizaje individualizado

Bienvenido Mena Merchán
Profesor Titular de la Universidad de Salamanca

E  hace necesario una revi-

sión permanente y una renovación congruente de las directrices y valores de nuestro sistema educativo, tanto para las autoridades competentes como para los profesionales que desarrollan su trabajo en los centros docentes, ya que son éstos últimos los colaboradores primordiales de la empresa conjunta que es la educación y deben participar en el establecimiento y logro de los objetivos propuestos.

Estas bases de acción deben ser el punto de anclaje de una revisión permanente de los medios pedagógicos que conduzcan a la superación de la rigidez en la división por especialidades, orientada a las disciplinas científicas clásicas y a crear nuevos ámbitos para contenidos globales y que superen esa división a la que nos referíamos. En todos los currícula se ofrecen, al lado de objetivos y contenidos, suficientes oportunidades para dejar abiertos campos de aprendizaje que pueden ser determinados en colaboración con los agentes a los que van dirigidos. También deben ser ejes de acción prioritaria el aprendizaje de hábitos y técnicas de trabajo intelectual y el fomento del interés y de la voluntad de aprender, en tanto que esas técnicas y actitudes son presupuestos básicos para la tan deseada formación continua de los individuos.

Nuevas formas de aprendizaje

Las nuevas formas de aprendizaje deben caminar hacia la individualización y la responsabilidad del sujeto, de tal forma que resulte más fácil tomar en consideración las capacidades e intereses de cada individuo, así como las principales dificultades con las que tropieza.

Ahora bien, estas formas de enseñanza plantean exigencias especiales a los docentes y cambios notables en la definición de su papel, por lo que su generalización será verdaderamente lenta y no exenta de serias dificultades. Será también imprescindible dar una mayor importancia a la formación del sentimiento comunitario, como una misión ineludible de la sociedad en la escuela. El cambio de las estructuras familiares y, especialmente, la evolución de la familia nuclear convierte en urgente este objetivo.

La enseñanza del siglo XXI debe mantener, por otro lado, la asimilación de una escala de valores, que el aprendizaje individualizado promoverá. La generalización de la enseñanza primaria en los últimos años ha facilitado el logro de verdaderos progresos educativos en los diferentes campos de la población, lo que permite hoy conceder atención especial al desarrollo de la formación de adultos.

Diversificación de la demanda

Por otro lado, la evolución tecnológico-económica, la delicada situación ecológica y los cambios producidos en la estructura poblacional, alteran la demanda educativa tanto desde un punto de vista de la calidad como de la cantidad. Los horizontes a los que deben dirigirse los objetivos educacionales deben abarcar a un público más diversificado: grupos de población poco motivados, trabajadores y grupos de profesionales marginados sin iniciativa propia para acometer ofertas de formación que le son necesarias. Es casi seguro que, con la evolución económica esperada, siga siendo insuficiente durante bastante tiempo aún la oferta de docentes cualificados, por lo que deberá mejorarse y facilitarse el acceso a la profesión docente de personas sin una formación pedagógica específica, sin esperar a tener que institucionalizar medidas de urgencia.

También deberá desarrollarse, de la misma forma, la formación de quienes se dediquen a la Educación de Adultos en el marco de sus actividades pedagógicas, ya que ello contribuiría a aumentar la motivación y eficacia de este sector del sistema educativo. Podemos afirmar, que la prolongación de la formación básica resulta poco eficaz para satisfacer las exigencias crecientes de nuestra vida cotidiana y del mundo del trabajo y ello por los efectos negativos a que puede dar lugar un cierto grado de saturación. Consecuentemente, sería más necesario acortar que ampliar los cursos de formación básica y sustituirlos o completarlos con formación práctica y, sobre todo, con formación continuada.

Refuerzo de la cooperación educativa

Se hace perentoria la necesidad de eliminar barreras entre la Formación Técnico-Profesional y la Formación General. Para ello es preciso estimular la cooperación entre los distintos tipos de formación y crear unos puentes de intercambio entre ellos, como lo es reforzar la cooperación educativa, de tal forma que las experiencias pedagógicas que se realicen en ambos campos sirvan para ampliar las oportunidades de mejora del sistema.

La estructura organizativa de la enseñanza debe, por lo demás, orientarse progresivamente a las exigencias del medio en el que se desarrolla y procurar adaptarse a las características locales y regionales. Las escuelas del futuro no deberían reservarse de manera exclusiva a grupos concretos, sino que podrían servir como centros de aprendizaje abiertos a los distintos sectores de población. Otro aspecto a tener en cuenta es la creciente internacionalización de las pautas educativas, por lo que es conveniente estimular el desarrollo de estructuras y contenidos que favorezcan el intercambio, aunque éste sólo se producirá con un sentido positivo si arraiga en una clara identidad personal y cultural, en el propio idioma y la propia cultura.

 

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