La mirada modernista

Una muestra recoge las manifestaciones de este movimiento cultural en Cataluña

A la izquierda,
"Interior al aire libre".
Ramón Casas, de 1982. Debajo,
Broche
colgante con
mujer insecto.
L. Masriera, de 1912
Un deseo de novedad estética en las últimas décadas del siglo XIX hizo confluir a creadores catalanes de distintas disciplinas artísticas en el Modernismo. Una amplia visión de este movimiento se exhibe ahora en Madrid

Madrid. JULIA FERNANDEZ
El Modernismo, un movimiento artístico de imprecisa definición conceptual pero de enorme fuerza innovadora, significó desde sus comienzos una voluntad de ruptura con respecto al inmediato pasado.

"Modernos" eran en Europa el naturalismo, el simbolismo, el impresionismo o el Art Nouveau porque todos ellos querían modernizar las culturas que eran hegemónicas en sus países.
Junto a esta actitud innovadora en lo estético, el Modernismo traía una visión globalizadora del arte, en la que entraban todas sus manifestaciones posibles: la literatura, las artes plásticas, la arquitectura, la música, la decoración y la ornamentación personal.
Esta concepción global sólo tuvo desarrollo en nuestro país en Cataluña y muy en concreto, en Barcelona. La confluencia de dos pintores, Ramón Casas y Santiago Rusiñol, y la proximidad a un París en ebullición creativa hizo posible un movimiento que rompió con el mundo estético y artístico anterior y creó unas nuevas bases para el cambio de siglo.
La muestra organizada por la Fundación Santander Central Hispano que estos días se exhibe en Madrid bajo el título "El modernismo catalán, un entusiasmo", recoge las distintas manifestaciones que este movimiento cultural produjo a lo largo dos décadas.

Dos generaciones
El año 1890 fue la fecha de presentación social de la nueva pintura modernista, con la exposición en Barcelona de las obras realizadas en París por Casas, Rusiñol y Clarasso. Es también la fecha en que comienza el recorrido cronológico de esta exposición que dedica un lugar de honor a estos pintores, a los que unió su visión del arte y de la vida, con numerosos lienzos que reflejan sus nuevas propuestas renovadoras y su especial relación.
El relevo generacional modernista que coincidió con el cambio de siglo viene firmado por Anglada Camarasa, Joaquim Mir, Isidre Nonell o un jovencísimo Picasso, presente en la exposición con su "Corrida de toros", en la que dejaba por primera vez libre de academicismo su genio artístico. Junto a ellos, la muestra recoge la obra de otros pintores menos conocidos pero de influyente labor como Marià Pidelaserra, Ricard Canals y Francesc Gimeno.
Aunque la presencia mayoritaria en la exposición corresponde a la pintura, su recorrido ofrece obras representativas de este movimiento en la escultura y las artes decorativas, con autores como Clará, Gargallo, Blay, Escaler i Milà o Clarasó. Muebles diseñados por arquitectos como Gaudí o el creado por el pintor e ilustrador Alexandre de Riquer, con pinturas en su interior, son reflejo de la concepción modernista de la decoración interior.
Joyas de Lluis Masriera, de diseños sinuosamente bellos, y encuadernaciones y ediciones de concepción modernista completan esta panorámica visión del Modernismo catalán.

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