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"Modernos" eran en Europa el naturalismo, el simbolismo,
el impresionismo o el Art Nouveau porque todos ellos querían modernizar
las culturas que eran hegemónicas en sus países.
Junto a esta actitud innovadora en lo estético, el Modernismo traía
una visión globalizadora del arte, en la que entraban todas sus manifestaciones
posibles: la literatura, las artes plásticas, la arquitectura, la música,
la decoración y la ornamentación personal.
Esta concepción global sólo tuvo desarrollo en nuestro país
en Cataluña y muy en concreto, en Barcelona. La confluencia de dos
pintores, Ramón Casas y Santiago Rusiñol, y la proximidad a
un París en ebullición creativa hizo posible un movimiento que
rompió con el mundo estético y artístico anterior y creó
unas nuevas bases para el cambio de siglo.
La muestra organizada por la Fundación Santander Central Hispano que
estos días se exhibe en Madrid bajo el título "El modernismo
catalán, un entusiasmo", recoge las distintas manifestaciones
que este movimiento cultural produjo a lo largo dos décadas.
Dos generaciones
El año 1890 fue la fecha de presentación social de la nueva
pintura modernista, con la exposición en Barcelona de las obras realizadas
en París por Casas, Rusiñol y Clarasso. Es también la
fecha en que comienza el recorrido cronológico de esta exposición
que dedica un lugar de honor a estos pintores, a los que unió su visión
del arte y de la vida, con numerosos lienzos que reflejan sus nuevas propuestas
renovadoras y su especial relación.
El relevo generacional modernista que coincidió con el cambio de siglo
viene firmado por Anglada Camarasa, Joaquim Mir, Isidre Nonell o un jovencísimo
Picasso, presente en la exposición con su "Corrida de toros",
en la que dejaba por primera vez libre de academicismo su genio artístico.
Junto a ellos, la muestra recoge la obra de otros pintores menos conocidos
pero de influyente labor como Marià Pidelaserra, Ricard Canals y Francesc
Gimeno.
Aunque la presencia mayoritaria en la exposición corresponde a la pintura,
su recorrido ofrece obras representativas de este movimiento en la escultura
y las artes decorativas, con autores como Clará, Gargallo, Blay, Escaler
i Milà o Clarasó. Muebles diseñados por arquitectos como
Gaudí o el creado por el pintor e ilustrador Alexandre de Riquer, con
pinturas en su interior, son reflejo de la concepción modernista de
la decoración interior.
Joyas de Lluis Masriera, de diseños sinuosamente bellos, y encuadernaciones
y ediciones de concepción modernista completan esta panorámica
visión del Modernismo catalán.
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