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Semana blanca por decreto

Hace unos días vi por televisión las declaraciones de Roberto Mur, secretario general de Educación y Formación Profesional, acerca de una posible revisión del calendario escolar, ante la polémica suscitada por la semana blanca. También escuché en palabras de una maestra que, tras este breve descanso, los alumnos volvían a las aulas con las pilas recargadas.
No dudo que unos días de vacaciones, en el trimestre más largo del curso, resulten beneficiosos para los escolares y para el profesorado, pero también es una realidad que para los padres representan un conflicto doméstico, sobre todo en el caso -que es el mío- de que ambos trabajen.
Tampoco entiendo la denominación de "semana blanca", como si la mayoría de las familias españolas fuera aficionada al esquí y pudiese acudir a las pistas para practicar su deporte favorito. Aunque en los últimos años, el esquí se ha democratizado y ya no constituya un coto reservado a las élites, en mi opinión, continúa resultando bastante caro.
Además, según datos que se publicaron recientemente en la prensa, nuestros escolares son los niños europeos que tienen el horario lectivo más reducido y que disfrutan de más días de vacaciones al año.
Por ello, la revisión del calendario escolar que anunciaba el señor Mur, me parece muy oportuna. Además, me tomo la libertad de sugerir a los responsables del Ministerio de Educación que tengan en cuenta, además de las necesidades de los alumnos y las demandas del profesorado, la opinión de los padres, porque nosotros también formamos parte de la comunidad escolar.

Gregorio López Pintó. Tres Cantos (Madrid)

 
   
 
   

Internet y el aprendizaje

Ahora que llegan las elecciones todos los partidos se aprestan a realizar sus promesas electorales en forma, muchas veces, de miles de millones de inversión en esta iniciativa o aquel programa. En el terreno de la enseñanza, Gobierno y oposición parecen coincidir en la necesidad de ofrecer un acceso más barato a Internet y en potenciar las nuevas tecnologías en la escuela.
En mi opinión y siempre desde el punto de vista escolar, la eclosión de Internet me parece un fenómeno desmesurado. Muchos aseguran que Internet es un instrumento pedagógico en sí mismo, aunque en mi opinión por el momento sólo es una ventana –increíble, eso si- al mundo del conocimiento en todas sus facetas. Pero no sólo vale con navegar y estar intercomunicados a través de la Red. Una de las funciones de la escuela en este principio-final de milenio es introducir a los escolares en el mundo de las nuevas tecnologías, en el ciberespacio, en la sociedad global de la información que propone Internet. Pero también uno de los objetivos de la enseñanza es que los alumnos aprendan Lengua, Matemáticas, Geografía, Historia, Física, Literatura, Idiomas y otras muchas materias fundamentales para su futuro. Y esta cuestión parece olvidarse fácilmente cuando se nos llena la boca con Internet, como si la Red, en sí misma, fuese la panacea. El fenómeno digital propone, a medio plazo, un tipo de profesor que sepa detenerse a reflexionar sobre estas cuestiones y sepa separar el grano de la paja. Un tipo de docente que sepa inculcar a sus alumnos en fenómeno Internet, sin descuidar otras cuestiones si cabe más importantes, como el estudio y el aprendizaje. La navegación por Internet supone acceder a conocimientos, pero después hay que seleccionarlos, procesarlos y también aprenderlos. Y eso no se hace a base de horas y horas delante de una pantalla.

Juan José Benitez (Madrid)

 
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