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Madrid. ROSAURA CALLEJA
Gastón Frete, un alumno de primaria de 10 años, ha escuchado
una vez en casa un disco de vinilo. Al igual que sus compañeros del
King's College de la localidad madrileña de Tres Cantos, contempla
fascinado el fonógrafo, que en 1877 creara Tomas A. Edison, en el que
una aguja lee la información contenida en los surcos de un rodillo
de cera. Con esta pieza, que constituye una antigüedad, da comienzo la
exposición sobre la Historia del registro del sonido en España,
a lo largo de 100 años, que el Grupo Iberofón ha montado, en
sus instalaciones de Coslada (Madrid), para conmemorar sus 40 años
de actividad empresarial.
El Grupo Iberofon, con una plantilla de más de 500 empleados, canaliza
su actividad empresarial en diversos ámbitos, entre los que se encuentra
el desarrollo infográfico sobre soporte multimedia y la fabricación
de musicassettes y de cinta magnética de audio/video, así como
la fabricación integral de soportes de almacenamiento óptico,
como CD, CD-rom y DVD.
Con un espacio de más de 600 metros cuadrados, esta exposición
ha albergado, entre sus piezas más destacadas, además del fonógrafo
de Edison, el gramófono de Emile Berliner, creador del primer disco
con una duración de tres minutos y medio, la cortadora Neumann, las
prensas automáticas y lo que denominan fábrica integral, que
comprende la producción de cintas, discos, cassetes e imprenta.
Primer equipo eléctrico
Tino Azores, coordinador de la exposición, explica a este grupo
de alumnos el primer equipo de sonido basado en la electricidad y que contaba
con un micrófono, un amplificador y un altavoz. Y subraya, ante los
escolares, que lo único que no ha cambiado en una cadena de audio es
precisamente el altavoz, que también se utiliza incluso en los equipos
más modernos.
Para Tino Azores, la finalidad que perseguía Iberfon era dar a conocer
a las nuevas generaciones el recorrido que, desde el invento de Edison hasta
el DVD, ha experimentado la grabación sonora. También constata
que para los alumnos más jóvenes, el vinilo es antediluviano,
lo que demuestra la vertiginosa evolución que han experimentado estos
soportes.
A la muestra han acudidio más de 5.000 visitantes, entre los que se
encuentran alumnos de primaria, secundaria y Bachillerato, pero también
han manifestado su interés universitarios que cursan la especialidad
de audiovisuales o ingeniería de Telecomunicaciones.
El coordinador de esta exposición señalan que las preguntas
formuladas por los visitantes han sido muy variadas en función de su
nivel de conocimientos. Los escolares se han interesado por el CD o el DVD,
que resulta familiar para ellos, mientras que los universitarios preguntaban,
por ejemplo, ¿qué tipo de estilete llevaban las cortadoras?.
Evolución tecnológica
Mr. Mac Donald, profesor de Ciencias en el King's College, acude a la
exposición con un grupo de primaria y subraya la importancia de la
visita para que los alumnos de 9 a 11 años descubran el pasado y el
futuro del soporte de sonido. "Aunque para ellos, los discos de vinilo son
una muestra arqueológica, deben comprobar los profundos cambios que
ha experimentado el sonido en poco tiempo", afirma.
Según este profesor británico, "una de las finalidades del sistema
de enseñanza inglés, que se imparte en este centro, es que los
alumnos se familiaricen con las nuevas tecnologías y a partir de los
3 años, los niños empiezan a manejar los ordenadores".
A Guillermo Espada y Carlos Martínez, ambos de 10 años, les
ha gustado el vídeo que recoge la fabricación de un CD, que
es el formato de audio en el que habitualmente escuchan música en casa.
Aunque también conocen el DVD, soporte con el que finaliza el recorrido
por esta muestra. Un video refleja la fabricación del DVD, que Azores
define como "explosión de imagen y sonido", con una capacidad de almacenamiento
de 17 gigabytes, contiene películas en 8 idiomas, 32 subtítulos
y sonido sensuround.
Ante la posible continuidad de esta exposición, Tino Azores lamenta
que, a pesar de haber ofrecido estos fondos a diversas entidades públicas,
hasta ahora la única respuesta ha sido por parte de la Universidad
Complutense, que tiene en proyecto montar un museo de la comunicación,
donde esta muestra ocupar un espacio destacado.
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