Japón, entre la tradición y el pragmatismo

(...) El miembro del Partido Demócrata Liberal y ex primer ministro Yasuhiro Nakasone -cuya comisión educativa dedicó tres años a un informe que vio la luz en 1987- ha manifestado a menudo que los colegios deberían esforzarse más en enseñar "moral y virtud". Sin embargo, igual de contundentes son las presiones sobre el sistema educativo nipón, un factor clave en el milagro económico de posguerra, para que se adapte a las exigencias de una época que reclama creatividad e individualismo más que piezas humanas de una economía entumecida.
Numerosos economistas y otros expertos coinciden en que el sistema educativo que cultivó el modelo de trabajadores que sirvieron bien a Japón, S.A. en los últimos 50 años necesita una puesta a punto general que subraye la individualidad por encima de la uniformidad anodina.
Keidanren, el grupo de presión empresarial que hace cuatro años publicó un llamamiento a favor de un sistema educativo más flexible en el que los niños aprendan a pensar por sí mismos, todavía defiende esa propuesta.
Satoshi Tauzukibashi, director adjunto del grupo de Desarrollo de Recursos humanos de Keidanren, declaró: "La economía estadounidense ha sido feliz, pero la economía de Japón ha sufrido un permanente declive. En vista de que no tenemos recursos naturales, si queremos impulsar la capacidad económica de Japón tenemos que mejorar el nivel de nuestros recursos humanos o seguiremos quedándonos rezagados en el siglo XXI".
Con ese fin, Keidaren ha identificado cuatro problemas urgentes que quiere que aborde la reforma educativa: un mejor uso de los ordenadores; enseñar inglés que se pueda utilizar realmente para comunicarse; educar individuos más creativos, y mejorar la formación tecnológica, sobre todo en las universidades (...).

Linda Sieg. El País 28-febrero-2000.

Rebelión en las aulas

(...) Cada vez es mayor el número de profesores que se lamenta públicamente de la mala conducta de sus alumnos en unos institutos de enseñanza secundaria en los que la ley, mediante la llamada educación secundaria obligatoria, obliga a que éstos permanezcan en las aulas hasta los 16 años, tengan o no interés por continuar en ellas. (Pasan luego a tomar la senda de los estudios superiores o bien a formarse en los varios oficios.) Esto, combinado con la ideología educativa llamada "comprensiva", que se introdujo en España cuando en otros países se multiplicaban las dudas sobre su eficacia, ha venido a complicar las cosas. (Según esta doctrina, jóvenes de diversas habilidades e inteligencia deben compartir la misma aula). No se pensó que quienes se sienten más estimulados por aprender, cumplir y respetar a sus maestros se sentirían acobardados y desanimados en aulas tan desiguales. Los menos atraídos por aprender, inevitablemente, suelen sentirse tentados por los placeres destructores de la haraganería y la insolencia (pues no hay mayor invitación a ellas que el tedio) y degradan así el ambiente educativo de la escuela.
Las consecuencias para la desmoralización de un profesorado cuyo máximo esfuerzo con frecuencia no es enseñar, sino mantener el orden ha provocado un serio malestar en la profesión. Su desazón se agrava si son maestros en las escuelas más conflictivas, periféricas e inatendidas por los entes públicos, pues no siempre encuentran entre los padres de sus alumnos la comprensión de las dificultades con las que se enfrenta su tarea. La permisividad de las familias, las presiones del mercado laboral (muchos chicos regresan a casas en las que no les espera nadie porque ambos cónyuges trabajan), la socializacíón nefasta mediante la incultura televisiva, entre otras causas, desamparan al profesorado. También les desampara la herencia aún viva de una ideología presuntamente progresista y anarquizante de la que muchos educadores han sido las primeras víctimas. Los propios progresistas deberían reconocer los estragos que ha causado ese ideario en sus bienintencionados anhelos de reforma educativa.
En Francia han puesto gendarmes en algunas escuelas, mientras que en muchos otros países hace ya tiempo que los psicólogos y los trabajadores sociales son parte normal del paisaje escolar. Las amenazas y agresiones físicas a los profesores acaecen cada vez con mayor frecuencia en Europa. Y en casa. O cambiamos o irán a más.
Lo esperanzador es que todo esto tiene solución. Estriba ésta en que quienes tienen la responsabilidad pública se tomen en serio sus propias palabras. Sólo es menester que tengan la valentía de las convicciones que proclaman. Que sean consecuentes con ellas y les den la prioridad presupuestaria y de política pública que ello exige. Hacer de la educación una prioridad como la que anuncian algunos partidos para estas próximas elecciones consiste en poner un número óptimo de estudiantes por aula, fomentar enseñanzas específicas para cada grupo de estudiantes y no meterlos a todos en el mismo saco, practicar la educación social (de padres y responsables) y mejorar las condiciones de trabajo del profesorado. Hay que ofrecer a estos conciudadanos, de quienes depende nuestra calidad de vida y en última instancia la suerte de país que queremos para hoy y mañana, el apoyo real que merecen. Lo demás es palabrería.

Salvador Giner. La Vanguardia. 3-marzo-2000.

El inglés y el español se imponen
en la enseñanza francesa

Sobre el papel, Francia es un modelo: quince lenguas extranjeras están en oferta en la enseñanza secundaria; 44 pueden estar presentes en el bachillerato y, al contrario de lo que sucede en muchos países europeos, un 75% de los alumnos aprenden lenguas hasta el fin de su escolaridad, mientras que un 10 % de ellos aprietan los codos en el aprendizaje de tres de ellas. Y. sin embargo, todos los especialistas reunidos en París del 23 al 27 de febrero con motivo del Salón Expolangues se inquietan por la homogeneización de la oferta de lenguas en el sistema educativo francés.
Se concede al Ministerio de Educación que no es cuestión "de luchar por diversificar la oferta sobre la primera lengua viva". El "verdadero problema", se asegura, "es mantener la diversificación sobre la segunda". Sin embargo, más de dos tercios de los colegios no proponen más que tres lenguas (inglés, alemán y español); la pareja inglés-español se convierte en hegemónica; 97% de los alumnos hacen inglés (como primera o segunda lengua) y solamente un 9,5% optan por el alemán como primera lengua: En cuanto a la segunda lengua, un 65% escogen el español, provocando, desde el comienzo de los años 90, un derrumbamiento del alemán,que no es escogido nada más que por un 16 % de los alumnos de cuarto (...).
Dos razones mayores explican el fracaso de la diversificación: la demanda social y la respuesta institucional(...).

Le Monde. 28 febrero 2000

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