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Internet y el aprendizaje

Ahora que llegan las elecciones todos los partidos se aprestan a realizar sus promesas electorales en forma, muchas veces, de miles de millones de inversión en esta iniciativa o aquel programa. En el terreno de la enseñanza, Gobierno y oposición parecen coincidir en la necesidad de ofrecer un acceso más barato a Internet y en potenciar las nuevas tecnologías en la escuela.
En mi opinión y siempre desde el punto de vista escolar, la eclosión de Internet me parece un fenómeno desmesurado. Muchos aseguran que Internet es un instrumento pedagógico en sí mismo, aunque en mi opinión por el momento sólo es una ventana –increíble, eso si- al mundo del conocimiento en todas sus facetas. Pero no sólo vale con navegar y estar intercomunicados a través de la Red. Una de las funciones de la escuela en este principio-final de milenio es introducir a los escolares en el mundo de las nuevas tecnologías, en el ciberespacio, en la sociedad global de la información que propone Internet. Pero también uno de los objetivos de la enseñanza es que los alumnos aprendan Lengua, Matemáticas, Geografía, Historia, Física, Literatura, Idiomas y otras muchas materias fundamentales para su futuro. Y esta cuestión parece olvidarse fácilmente cuando se nos llena la boca con Internet, como si la Red, en sí misma, fuese la panacea. El fenómeno digital propone, a medio plazo, un tipo de profesor que sepa detenerse a reflexionar sobre estas cuestiones y sepa separar el grano de la paja. Un tipo de docente que sepa inculcar a sus alumnos en fenómeno Internet, sin descuidar otras cuestiones si cabe más importantes, como el estudio y el aprendizaje. La navegación por Internet supone acceder a conocimientos, pero después hay que seleccionarlos, procesarlos y también aprenderlos. Y eso no se hace a base de horas y horas delante de una pantalla.

Juan José Benitez (Madrid)

 
   
 
   

Educación intercultural

Una vez restablecida la normalidad en El Ejido, con la reincorporación de los inmigrantes al trabajo, deberíamos plantearnos cómo abordar los conflictos de convivencia que pueden surgir con la llegada de extranjeros a nuestro país y la forma de evitar brotes de violencia como los sucedidos en la comarca del poniente de Almería.
Soy profesor de enseñanza primaria y, en mi opinión, la escuela es el marco ideal para fomentar los valores de tolerancia y respeto a personas procedentes de otros países, con una cultura y una religión propias.
Según datos aparecidos en un diario nacional, el número de niños inmigrantes que cursan la enseñanza obligatoria en colegios madrileños se ha triplicado desde 1996, pasando de 5.726 a 15.467. Al parecer, un tercio de ellos precisan de apoyo escolar, porque no saben castellano o porque en su país de origen no asistían con regularidad a clase.
La Comunidad de Madrid ha anunciado que para el nuevo curso aumentará un 70% el profesorado dedicado a estas tareas de apoyo. Los profesores de educación compensatoria, además de ayudar a los extranjeros que tienen dificultades para seguir las clases, atienden a los niños españoles o extranjeros, que presenten retrasos con respecto al nivel que les corresponde por edad.
Si el 80% de los hijos de inmigrantes asisten a centros públicos, los responsables de la enseñanza de esta Comunidad consideran que los niños con necesidades educativas especiales no se concentren en los centros públicos para evitar la formación de guetos.
Recientemente, María Antonia Casanova, directora general de Promoción Educativa de la CAM, ha declarado que la patronal de la enseñanza privada concertada mantiene ahora una actitud más abierta para acoger a niños inmigrantes y de otras minorías. En palabras de Casanova, "la realidad madrileña impone la educación intercultural".
Dada la concentración de población inmigrante en algunos barrios madrileños, los colegios públicos de Lavapiés, Rastro, Malasaña, Tetúan o El Pilar acogen un gran número de escolares extranjeros y en algunos de estos centros el 70% del alumnado es de origen marroquí, latino americano o chino.
Ante esta situación, los profesores debemos no sólo prestar el apoyo escolar que estos niños necesitan, sino establecer en el aula un clima de respeto y tolerancia, propiciando una educación intercultural que conlleva un enriquecimiento personal para la totalidad del alumnado.

Sebastián del Valle. Madrid.

 
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