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Madrid.
La realización de un mapa en relieve de casi toda la superficie
emergida de la Tierra ha sido el objetivo de la última misión
del Endeavour, nombre con el que se conoce a una generación de
naves espaciales tripuladas, o transbordadores, que ya han prestado numerosos
servicios.
Para
cumplir sus objetivos, el Endeavour ha tenido que viajar esta vez al espacio
exterior con un equipamiento especial. La nave que despegó 11 de
febrero de Cabo Cañaveral estaba dotada con un mástil telescópico.
Este se mantenía recogido en la bodega del transbordador, dentro
de unas cómodas dimensiones: tres metros de largo.
Luego,
alcanzada ya la órbita de observación de la Tierra se desplegaría
hasta alcanzar los 60 metros y, con ello, se convertiría en la
estructura rígida más larga puesta en el espacio por los
seres humanos y comparable sólo a la estación espacial rusa
Mir. Unidos transbordador y antena sumaban 83 metros de longitud.
Tres
dimensiones
Básicamente,
el sistema de cartografiado en 3D utilizado consiste en lo siguiente:
En la bodega del Endeavour se alojaban dos radares. Los haces enviados
por uno de ellos, fijo, barrían un ancho de 50 kilómetros.
Mientras, los enviados por el segundo radar, este móvil, cubrían
por su parte una banda de 225 kilómetros. Ambos
radares son capaces de cumplir con estas funciones, aún cuando
las nubes cubran la superficie de la Tierra.
Por
último, los haces rebotaban en la Tierra y en su retorno eran recogidos
por dos antenas situadas en el Endeavour. Una fijada en el mástil
de sesenta metros, deplegado fuera del transbordador, y la otra anclada
en la bodega.
De
la combinación de los datos recogidos por estas dos antenas. y
tras un complicado programa de elaboración de la información
recogiga, realizada por ordenador, se termina por obtener un mapa parcelado
y tridimensional de la superficie de la Tierra.
Procesamiento
de datos
La
misión completa implicaba 12 días, de los que nueve se dedicarían
a la recogida de información. En total se darían 179 vueltas
a nuestro planeta, en 159 de las cuales se recogerían datos. El
total de estos, registrados por equipos de gran capacidad de almacenaje,
equivaldría, según la NASA, a la información que
se puede guardar en 15.000 discos compactos. El
procesado posterior de este volumen de datos y la obtención de
los mapas en relieve implicará, en su totalidad, un periodo de
trabajo previsto de dos años.
En
principio se aspiraba a cartografiar alrededor del 95% de las zonas habitadas
de la Tierra y el 70% del total de las zonas emergentes en general. Mares
y oceános no estaban incluídos en el proyecto.
Gran
interés
Los
resultados de todo el programa pueden ser de gran interés para
numerosos sectores de la actividad humana. Pero toda la operación
ha sido promovida por un departamento del Pentágono, en colaboración
con la NASA.
Los
mapas que se logren servirán pues, en principio, a los intereses
militares y de espionaje de los EEUU. Y el mismo Pentágono ha anunciado
que se considera con derecho a reservarse exclusivamente para sí
mismo o a compartir con algunos terceros, lo que para los expertos van
a ser los mejores planos de la superficie de la Tierra que se hayan alzado
nunca.
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