En el presente artículo de opinión, su autor expone una serie
de consideraciones críticas relativas a la articulación y desarrollo del sistema educativo español en los últimos años y
sugiere una propuesta genérica cimentada en el consenso para dar solución a las disfunciones educativas existentes.

Reflexiones tras
el debate de la ESO

Francisco Merchán Cid
Profesor de Matemáticas del IES "Domenico Scarlatti",
de Aranjuez (Madrid)

RASE una vez un país que

vivió días de alegría cuando consiguió salir de una etapa oscura y sin libertades. Las expectativas e ilusiones de sus habitantes eran enormes y su sacrificio y espíritu de concordia fueron ensalzados y envidiados por el resto de países. Con el paso del tiempo y una vez consolidado el espíritu democrático, una generación de jóvenes gobernantes propusieron y realizaron cambios, la mayoría de ellos necesarios y aceptados por la población.

Uno de estos cambios, necesario, afectaba al sistema educativo. Se hicieron propuestas y pruebas que no fueron suficientemente consensuadas, ni por los sectores directamente afectados (alumnado, profesorado y padres), ni por las fuerzas políticas que algún día tendrían responsabilidades de gobierno.

Desconocimiento de la realidad

La reforma del sistema educativo se hizo desde los despachos con un desconocimiento brutal de la realidad, con unos planteamientos maravillosos sobre el papel pero muy difíciles de llevar a la práctica, además de necesitar un aumento presupuestario que no se evaluó y que las prioridades de otros sectores impidieron aplicar. Conclusión: una reforma educativa nefasta.

Desde el momento de su aplicación y desde los sectores implicados y afectados surgen manifestaciones de protesta, se avisa e informa que no funciona, que no se puede aplicar, que perjudica a la mayoría, pero ningún responsable del Gobierno ni del Ministerio lo admite. Van pasando los años, siguen aumentando las protestas, las quejas y siguen sin reconocer que no funciona.

Pasan más años y, atendiendo a presiones de determinados sectores, se modifican mínimamente algunos aspectos pero se sigue sin reconocer los errores y lo que es más grave: sin debatir sensatamente y conseguir un consenso entre todos.

Recientemente otra generación de jóvenes gobernantes tomó las riendas del país y nuevamente crecieron las expectativas e ilusiones, sin embargo la frustración se adueñó del quehacer diario, tampoco se avanzaba, tampoco se corregían errores, tampoco se reconocía que el sistema educativo que se estaba aplicando no funcionaba.

Puntos críticos

Al parecer nadie se había dado cuenta que:

-Un alumno puede obtener el graduado en educación secundaria sin haber aprobado nunca el área de lengua española, o la de ciencias sociales, o la de matemáticas o la que sea; nunca en cuatro o en seis cursos si ha repetido.
-Un alumno puede promocionar al curso siguiente con seis, ocho o diez, por ejemplo, asignaturas suspensas.
-Un alumno puede matricularse en un bachillerato con áreas suspensas, que no tiene que aprobar, relacionadas con las asignaturas específicas de esa rama. Por ejemplo con matemáticas y física y química suspensas y matricularse en el bachillerato de ciencias de la naturaleza y de la salud o con lengua española y ciencias sociales suspensas y matricularse en un bachillerato de humanidades.
-Un alumno que no ha estado escolarizado y tiene graves carencias (no sabe leer, no conoce las operaciones matemáticas básicas, etc.) aunque se le atienda durante unas horas para ayudarle a superar esas carencias no puede seguir el ritmo medio de aprendizaje que sus compañeros en el resto de materias.
-Un alumno que tenga problemas auditivos, disléxicos, etc. tiene que estar atendido por especialistas y la gran mayoría de los centros no tienen estos especialistas.
-Cada vez son más los padres que dicen no saber que hacer con sus hijos y lo único que les interesa es que estén en los centros de enseñanza recogidos.
-Los sindicatos no representan a los que dicen representar. Miren el porcentaje de afiliados o el de participación en las elecciones sindicales. Por lo tanto, a la hora de negociar u opinar deberían ser más cautos y responsables.
-La mayoría del profesorado no quiere formar parte de los equipos directivos.
-Las AMPAS no representan a los padres y madres. ¿Qué porcentaje pertenece al AMPA?
-Las asociaciones de alumnos no existen en la mayoría de los centros.
-Los alumnos no quieren ser delegados de grupo.

Ahora se plantea un debate que, sin entrar a analizar cómo se ha gestado la idea ni cómo se han seleccionado a los participantes, nos permite opinar sobre el tema pero no creo que podamos avanzar en la línea correcta, no, porque no se reconocen errores, no, porque no hay voluntad política para solucionarlo, no, porque se argumenta de forma sectorial, no, porque los que deciden están lejos de la realidad, no, no, no.

El sistema educativo está por encima de intereses partidistas y sectoriales; es fundamental para el funcionamiento del país. La generación de jóvenes afectados por él serán los trabajadores: empresarios, políticos, periodistas, médicos, abogados, científicos, carpinteros, fontaneros, administrativos, etc. del mañana. Por todo ello la única solución que existe es la siguiente:

Soluciones consensuadas

Siéntense alrededor de una mesa todos los sectores y de todas las tendencias e ideologías y consensuen un sistema educativo que pueda llevarse a la práctica sin utopías, sin depender de ciclos económicos, real, que perdure. Defiendan el futuro y no su parcela, sean objetivos y piensen que la gran mayoría de los que están en esa mesa tienen su futuro resuelto y que lo que decidan les afectará a otros que hoy no tienen voz pero que en un futuro la tendrán.

Creo que no es tan difícil ya que ha habido y hay consenso en otros temas: política antiterrorista, política internacional, acuerdos sindicales, etc. y no olviden que aún siendo éstos muy importantes no lo es menos el sistema educativo. Demuestren que son representantes del pueblo, de todo el pueblo y no sólo de unos pocos, si quieren pueden hacerlo y si no lo hacen cabe pensar que hay intereses maquiavélicos para destrozar y aniquilar culturalmente a unas generaciones de adolescentes que son nuestro futuro.

 

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