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Unos escolares muy descansados

Por si no tuviéramos suficiente los españoles con la legendaria fama de adictos a la buena vida, la siesta, los festejos populares y el afán de cultivar, con cualquier excusa, todo tipo de actividades lúdicas, ahora resulta que nuestros escolares disfrutan de más vacaciones que el resto de sus compañeros europeos.
Según un informe de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), España, junto con Grecia, es el único país de la U.E. donde hay más días de vacaciones de de clases. En Educación Infantil y Primaria los alumnos españoles acuden al centro 173 días, los de ESO 168 y los de Bachillerato 164.
Ante los resultados que se desprenden de este informe, los responsables de CEAPA, se muestran partidarios de la reducción de las vacaciones de verano, de forma que se retrase el final de curso hasta primeros de julio y se adelante el regreso a las aulas a la primera semana de septiembre. En consecuencia, reclaman que se aumente el calendario escolar hasta un mínimo de 180 días por año académico.
Para el presidente de CEAPA, Carlos Ladrón de Guevara, no se puede solucionar el problema del fracaso escolar si el calendario es el más reducido de Europa. Asi como, constata la desmotivación de los alumnos al comienzo del curso, por disfrutar de 110 días de vacaciones de verano, y que hayan olvidado lo que aprendieron el año anterior. No obstante, puntualiza que esta ampliación del calendario no influiría en la jornada laboral del profesorado, ya que los docentes se incorporan al centro unos días antes que sus alumnos.

Alfonso Sánchez de León.
Madrid.

 
   
 
   

El horario de los centros escolares

La polémica suscitada en torno a la ampliación del horario de los centros escolares y la posibilidad de que estos permanezcan abiertos seis días a la semana y once meses al año me parece una nueva incursión política y electoralista en el terreno de la enseñanza. La propuesta no es nueva. Cuando el Partido Socialista estaba en poder llegó a contemplar esta posibilidad –entre las famosas 77 medidas para la mejora de la calidad de la enseñanza- aunque no la puso en práctica.
Es evidente que los colegios e institutos públicos deben estar abiertos a su entorno y a la comunidad a la que pertenecen. Me parece loable además que participen y pongan en marcha actividades de tipo cultural y educativo. Pero no podemos olvidar que estas instituciones están regidas por un director –un profesional de la enseñanza- y no por una especie de gestor de actividades lúdicas que tenga que rendir cuentas, por ejemplo, a los ayuntamientos. Con esto quiero dar a entender que la responsabilidad última y principal de un centro docente es una responsabilidad de carácter educativo, porque, entre otras cosas, los colegios e institutos son lugares a los que se va a estudiar, a formarse. En otras palabras, son lugares para la educación, antes que para el recreo.
La propuesta tiene además numerosos impedimentos de tipo burocrático-administrativo: ¿quién se encargará de la gestión de los centros en horario no lectivo? ¿qué estamento se hará cargo de los posibles desperfectos y costes que se produzcan? ¿habrá dinero suficiente para afrontar la apertura de los centros cuando el mundo de la enseñanza lleva reclamando desde hace varios años mayor financiación para el desarrollo de la LOGSE y la reforma educativa? Estas y otras preguntas han de tenerse en cuenta a la hora de contemplar esta iniciativa.

Juan Manuel Rodríguez
Madrid

 
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