"Autorretrato". Velázquez
"Autorretrato". Rubens
Pintores cortesanos
"Autorretrato con
girasol".
Van Dyck
El Museo del Prado
reúne a Velázquez, Rubens y Van Dyck
Los tres grandes pintores cortesanos del siglo XVII se
dan estos días cita en las
salas del Museo del Prado.
 
Con personalidades artísticas muy diferenciadas, estos maestros guardan entre sí puntos de contacto y dimisilitudes que son puestos en evidencia en la muestra organizada.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
En el año del cuarto centenario del nacimiento de Velázquez, el Museo Nacional del Prado ofrece por vez primera la ocasión de contemplar y de, incluso, comparar a tres de los más grandes pintores de la historia universal del arte y los más célebres y reputados artistas cortesanos del siglo XVII. Velázquez, Rubens y Van Dyck trabajaron al servicio de las grandes cortes europeas, coincidiendo sus carreras durante casi veinticinco años, entre 1617 y 1640.

Velázquez, por ejemplo, tras un primer viaje a la Corte en 1622, se asienta definitivamente en Madrid un año después y tiene como gran cliente al rey Felipe IV. De forma paralela a su actividad de pintor desarrolla una carrera administrativa dentro de la Corte, que culmina con su nombramiento en 1652 como Aposentador de Palacio. Al servicio del rey realiza numerosos retratos de la familia real, de servidores de palacio y de bufones, e interviene en muchas de las empresas decorativas de la Corte.

Un pintor diplomático

La relación de Rubens con la Corte española se inicia en 1603, fecha de su primer viaje al país. Contratado por Felipe III, realiza el retrato ecuestre del Duque de Lerma, valido del rey. De nuevo en Flandes, en 1609, los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia le nombran Pintor de Cámara. Tras la muerte de su esposa, Rubens vuelve a España en 1628, esta vez a la Corte de Felipe IV para llevar a cabo una misión diplomática. Desde agosto de ese año hasta abril del 29 permanece en Madrid donde desarrolla una gran actividad pictórica e inicia su relación con Velázquez. Durante esos meses, Rubens realiza el retrato de Felipe IV a caballo.

El tercer protagonista de la muestra del Prado, Van Dyck, llega a los 21 años a Inglaterra, a la Corte de Jaboco I Estuardo, estableciéndose definitivamente en este país, en 1622. Es entonces cuando el rey Carlos I, uno de los grandes mecenas y coleccionistas de la época, le nombra Caballero. Su dominio del retrato le hizo ser el pintor favorito de los círculos aristocráticos.

Modelos de alcurnia

Representar simbólicamente al poder instituido y propagar la religión católica fueron las dos grandes tareas que estos pintores tuvieron en su larga relación con las cortes europeas. Los retratos, por tanto, era parte sustancial de su labor profesional; y sus modelos, los reyes, sus familias, los aristócratas y altos cargos de la Administración. En la muestra organizada por el Museo del Prado se recogen estas líneas de trabajo organizadas en cinco secciones: "El autorretrato", "La monarquía", "El retrato cortesano", "Mitología y fábula" y "La religión y la fe".

Entre las cuarenta y cuatro obras que reúne la muestra, de las que 15 pertenecen al propio Museo y las restantes a instituciones europeas y americanas, figuran obras maestras que raramente visitan nuestro país como "Baltasar Carlos con un enano", "La infanta Margarita en traje rosa" o "El príncipe Felipe Próspero", de Velázquez; "Matrimonio místico de santa Catalina", "El triunfo de Enrique IV" o "Autorretrato", de Rubens; y "Autorretrato con girasol", "La Reina Henrietta María con Jeffrey Hudson" o "Lady Elizabeth Thimblely", de Van Dyck. En el caso del retrato "Felipe IV en pardo y plata", de la National Gallery de Londres, es la primera vez que se expone fuera del museo al que pertenece.

 

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