El sistema métrico decimal cumple cien años

Madrid. El comienzo de la implantación del sistema decimal en medidas, pesos y volúmenes, ha cumplido cien años. Este sistema es uno de las herencias dejadas por la revolución francesa y que ha llegado a nuestros días. Pero su origen hizo que algunos países, más que valorar sus ventajas técnicas, lo recibieran como algo fruto de revolucionarios, por lo que lo rechazaron.
El conseguir un sistema universal no se ha logrado, por tanto, todavía, pero para los países que lo han adoptado supone enormes ventajas. En la situación anterior, convivían una gran variedad de unidades de longitud, peso y volumen, difíciles de operar con ellas y que no solo cambiaban de una región a otra, sino que ni siquiera estaban definidas claramente.
De todas las unidades a las que dio lugar este sistema, el metro es quizá la más popular. Definido en su momento como la diez millonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre, ha sido redefinido varias veces desde entonces. Hasta hace pocos años era la distancia existente entre dos señales marcadas en una barra de platino e iridio. conservada en Francia. Actualmente, y cien años después de su nacimiento, tiene una definición muy complicada para quien no sea un experto: la 299.792.458 parte de la distancia que recorre un rayo de luz en el vacío.

 
 

Influencia de la vida marina sobre el clima

Madrid. Rafael Simó y Carles Pedrós, investigadores del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) han descubierto el eslabón que faltaba para comprender el mecanismo de retroalimentación entre vida marina y clima, a través de la producción de azufre atmosférico.
Los datos en los que se basa este descubrimiento fueron obtenidos en el Atlántico Norte, 400 km al sur de Islandia, en el transcurso de una expedición a bordo del buque oceanográfico británico Discovery. Para los científicos, descubierta la relación entre vida marina y clima, y después el mecanismo por el que actúa esta, se plantea ahora un reto fundamental, que se puede resumir en la siguiente pregunta: ¿hasta que punto puede intentar utlizarse estos nuevos conocimientos en la lucha contra el efecto invernadero?
Actualmente se conocen las estrechas relaciones que existen entre la composición de la atmósfera, la cantidad y calidad de la radiación que llega a la superficie terrestre y el clima. Ante la amenaza del calentamiento del planeta, los científicos tratan de entender el impacto humano sobre el clima. Pero esto no debe llevar a ignorar la influencia que el conjunto de los seres vivos , y en especial los microorganismos, han tenido sobre las condiciones ambientales globales desde la aparición de la vida sobre la Tierra.
Uno de los puntos de partida de estas investigaciones data del 1987. Ese año, Lovelock y sus colaboradores establecieron, dentro de su controvertida teoría de Gaia, la hipótesis de que el azufre volátil de origen marino tiene una influencia directa sobre el albedo y, por consiguiente, sobre la cantidad de radiación incidente y la temperatura. El albedo es la radición solar que las nubes reflejan hacia el espacio inferior. El azufre volátil de origen marino no es otro que el que produce el plancton microscópico de los océanos y que estos emiten a la atmósfera.

 
 

España aporta el 2,76 de la producción
de científica mundial

Madrid. España aportó el 2,76 % de la producción científica mundial durante el año 1998. Esto, la sitúa en un nivel cuantitativo importante, aunque el gran reto es mejorar la calidad, según el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), César Nombela.
El presidente del CSIC clausuró recientemente en Segovia un seminario hispano-italiano sobre la Europa contemporánea. En el transcurso de su intervención, Nombela señaló también que los ciudadanos españoles demandan más ciencia, para que esta mejore la calidad de vida o para lograr que las empresas sean más innovadoras y, por lo tanto, más competitivas.
Pero, ¿cómo valorar la producción científica?. Existen varios sistemas, que gozan de un grado suficiente de aceptación entre la comunidad de investigadores. El más conocido de ellos se basa en el estudio de las que se consideran como las revistas científicas más importantes del mundo. Con ellas se hace la estadística del número de trabajos que publica cada científico. Luego viene una segunda parte: llevar a cabo la estadística del número de veces que los trabajos de un científico son citados por otros.
Así, podría decirse que con el primer paso se evalúa la cantidad de la producción, mientras que con el segundo se valora la calidad.
Considerado como un sistema aceptablemente bueno, y a falta de otro mejor, tiene irremediablemente sus puntos débiles. Uno: la mayor parte de las revistas sobre las que se realizan las encuestas son en inglés y en ciencia se dice que el que no publica en este idioma no existe.
Dos: la valoración de la producción científica está en manos de los directores, redactores y comités de selección de las revistas. Son ellos los que deciden los trabajos que se publican y los que no. Los organismos evaluadores se limitan a levantar estadísticas sobre el resultado de esta selección. Tercero: algunos científicos puede dejarse arrastrar por la fiebre de publicar por publicar y con la finalidad de incrementar sus estadísticas.
En cuanto al sistema de selección de las revistas científicas, estas, si reciben un artículo, por ejemplo, de física cuántica, suelen encargar su valoración a dos "pares" del autor, dos grandes científicos de la misma especialidad, para que lo valoren.

 

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