Metal sagrado y deslumbrante
El Museo Arqueológico de Madrid exhibe
"Oro: Arte prehispánico de Colombia".
 
Un arte de valor universal creado hace 2000 años por diez culturas diferentes y unidas por una cosmogonía común y un mismo sentido de la estética llega a las salas del Museo Arqueológico.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
En el transcurso de los dos mil años comprendidos entre el 500 a. C. y la conquista española, la metalurgia floreció en el actual territorio de Colombia como en pocas regiones del mundo en época alguna. En el área andina y en los litorales del Caribe y Pacífico surgieron cerca de una docena de estilos diferentes, se elaboraron miles de piezas de adorno y de ofrenda con las más variadas representaciones de hombres, animales y figuras geométricas y se combinaron técnicas complejas sobre diferentes aleaciones.
La muestra que bajo el título "Oro: Arte prehispánico de Colombia" presenta el Museo Arqueológico de Madrid es una ocasión única de acercarnos a este trabajo artesanal y artístico, desarrollado por las diez culturas diferentes que poblaron los actuales territorios colombianos. Un total de 319 piezas, procedentes del Museo de Oro de Colombia, realizadas en oro, cerámica, concha, lítico y hueso por los tairona, sinú, quimbaya, calima, malagana, nariño, tumaco, San Agustín, tolima y muisca, que hablan de las leyendas, mitos y realidades de estos pueblos unidos por una cosmogonía común.
Un indio vestido con el traje especial de ceremonias, realizado integramente en oro, abre un recorrido dividido en cinco áreas temáticas: La gente dorada, Animales fabulosos, El hombre-animal, Abstracción y naturaleza y El universo de las formas. Figuración y abstracción se unen en estas obras de orfebrería que reproducen formas humanas que son y no son humanas, jaguares que son y no son jaguares, hombres que son y no son pájaros, o serpientes, o estrellas, o el sol: es un universo prodigiosamente integrado de naturaleza y cultura, de forma y contenido, de pensamiento y visión.

Maravillas para el Rey
"Entonces vi las cosas que habían sido traídas de la Nueva Tierra del Oro para el Rey... maravillas de todas clases...objetos esplendorosos para el uso del hombre, más bellos que cualquier cuento de hadas". Son las palabras que el pintor Alberto Durero empleó en 1521 después de contemplar un grupo de objetos de orfebrería enviados desde los territorios americanos a la corte de Carlos V. El esplendor de la labor de hombres de un mundo poco antes desconocido deslumbró a un artista en la plenitud de su madurez, aclamado en esos años como el maestro más destacado de su tiempo.
Un metal ductil, maleable e incorruptible: el oro, asociado por sus propiedades con el poder, especialmente el sobrenatural, fue el vehículo que estos artistas precolombinos utilizaron para plasmar sus valores religiosos, mitológicos, mágicos, oníricos y cotidianos. En la exposición junto a máscaras, pectorales, narigueras, orejeras, diademas y penachos, colgantes, collares, morriones y cubresexos se encuentran piezas utilizadas en rituales mágicos por el chamán, figura que algunos estudiosos piensan indisolublemente ligada a la de un orfebre en cuyas manos tenía lugar la enorme magia de transformar una minúscula pepita de oro, por la técnica del martillado, en una gran hoja de espesor finísimo.

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