La desmotivación de los alumnos es la causa principal de estrés en el profesorado

La desmotivación de los alumnos aparece claramente como la principal causa de estrés de los profesores de secundaria, según un estudio del profesor Isidre Rabadà, técnico en prevención de riesgos laborales. La falta de colaboración de las administraciones y los problemas disciplinarios serían los otros dos factores de estrés laboral citados a continuación.

El estrés se ha convertido en los últimos años en una de las causas principales de las bajas entre los docentes. Datos oficiosos indican que en España un 21% de los 600.000 profesionales de la enseñanza estarían en este grupo de riesgo. En la ciudad de Barcelona un 7% de los docentes presenta la baja a lo largo del año y la media de bajas de todo el colectivo se sitúa en 14 días por profesor y curso. Estas cifras son en realidad más altas porque no se contabilizan las bajas inferiores a tres días, que no se comunican. Del total de bajas, un 24% se debe a trastornos del aparato locomotor, un 19% a enfermedades respiratorias, un 15% a trastornos otorrinolaringológicos y un 10% a problemas mentales.

El estudio del profesor Rabadà, basado en el método Delphi, consiste en 190 entrevistas en profundidad y fue presentado ayer en un debate celebrado por el Institut Municipal de Salut Pública en el hospital de la Esperança de Barcelona. Del estudio se desprende que la principal preocupación para los maestros de primaria es la complejidad de la atención al alumnado. Es decir, el problema de cómo atender a la diversidad, cómo mantener el orden y la atención de alumnos con intereses, aptitudes y conocimientos muy diversos. En segundo lugar sitúan los conflictos con las familias y la sensación de que delegan la responsabilidad en los maestros. En tercer lugar colocan el exceso de horarios, los problemas de disciplina y la falta de reconocimiento social.

En secundaria el orden de "peligros" varía ligeramente: desmotivación del alumnado, falta de colaboración de la Administración, problemas disciplinarios, inestabilidad del profesorado y complejidad de la atención a la diversidad. Rabadà asegura que existe una mayor relación afectiva entre maestro y alumno en la escuela primaria que facilita su tarea, mientras que en la secundaria "el diálogo entre profesor y alumno pasa por los mismos problemas que hay entre padres e hijos".

Josep Playà Maset
LA VANGUARDIA.20-Octubre-1999

 
 

Guía de habilidades infantiles

El juego bien aprovechado, nuevo lema educativo del Gobierno británico, se ha convertido ya en una polémica versión del viejo adagio "aprender deleitando". Adaptado esta vez a las guarderías, fija las metas que deben alcanzar los menores de tres a cinco años en su primer contacto preescolar. Presentado como una forma de prepararles para afrontar la primaria con la mejor preparación posible, el hecho de que enumere las habilidades y conocimientos que el niño debe adquirir ha provocado malestar entre los propios educadores encargados de organizar este "juego estructurado", propuesto por el Ejecutivo laborista.

A partir del próximo septiembre, para apuntarse a la lista de los ganadores los pequeños deberán ser capaces de desarrollar sus aptitudes y sociabilidad con ayuda de una guía brindada a sus educadores por el Ministerio de Educación. Así, a los tres años tienen que saber contar hasta tres (cálculo), preparar una tarjeta de cumpleaños (concentración), darle de comer a un pez en una pecera (destreza) y agitar unas escamas de jabón hasta conseguir espuma (ciencias). Si lo logran habrán aprendido, por este orden, los rudimentos del cálculo y a prestar atención a una tarea. Serán más diestros con sus manos y descubrirán además que la ciencia puede ser muy divertida.

A los cuatro años aumenta algo la dificultad de las tareas. El cálculo debe ser más elaborado, con canciones y objetos traídos de casa. Uno de los ejemplos brindado por el ministerio describe cómo los menores pueden organizar un café en la propia guardería. Anotando los nombres de los clientes en un trozo de papel y haciendo las reservas de las mesas habrán convertido el juego en un sencillo ejercicio matemático y de memoria.

Cuando cumplan cinco años y estén a punto de acceder a la educación primaria propiamente dicha -en Inglaterra y Gales ésta comienza a los seis años-, los niños tienen que retener y explicar a su manera el equivalente al cuento de Los tres cerditos. Las sumas y las restas empiezan a esta edad, y lo mismo ocurre con la percepción del entorno familiar y ciudadano. Otra de las actividades propuestas consiste en dibujar su barrio y hablar de los vecinos.

Entre los cinco y los seis años, es decir, al final de la fase preescolar, se espera de los pequeños que puedan hablar en grupo sin ruborizarse y tengan iniciativa intelectual. Darse cuenta de las necesidades de sus compañeros y respetar sus diferencias culturales o de raza es también relevante. Leer el alfabeto y palabras comunes, escribir sus nombres, utilizar un lenguaje imaginativo y haber aprendido a escuchar y hacerse oír son cualidades asimismo apreciadas. Según el ministerio, cada una de estas listas trata de fomentar el desarrollo intelectual y físico de los menores, para que no pierdan el tiempo en actividades que nadie supervisa (...).

Isabel Ferrer
EL PAIS 18-Octubre-1999

 
 

La protesta de los alumnos de los liceos

(...)Las demandas formuladas por los manifestantes (los alumnos de los liceos franceses) son primero de orden material: más locales, más profesores, clases menos masificadas, empleo del tiempo mejor organizado, y de una manera breve, mejores condiciones de trabajo en los liceos. A estas reivindicaciones, como se sabe, el ministro de Educación, Claude Allegre, ha respondido hace un año con un plan de urgencia. Por diversas razones, este plan no ha sido aplicado más que de una manera incompleta. Cuando el ministro afirma que "todas las promesas han sido cumplidas", los jóvenes manifestantes están pues en su derecho de replicarle que la democracia en los liceos, la renovación de los edificios, el descenso del número de alumnos por clase, la contratación de personal de apoyo tardan en convertirse en hechos.

De todas maneras, además de estas reclamaciones precisas, que tocan a las dificultades de su vida cotidiana, existe una enfermedad difusa que deja ver la rebelión tranquila de estas jóvenes gentes agitada por la inquietud. Una enfermedad que no deja de tener relación con sus interrogantes a menudo angustiados sobre su porvenir; incluso si el desempleo está en retroceso, el fenómeno es demasiado reciente para que el miedo de no encontrar empleo o de no obtener más que puestos de trabajo precarios haya desaparecido de los espíritus.

Una enfermedad que parece también ligada a la consciencia de las injusticias y discriminaciones que tienen lugar en el sistema escolar. No es por azar el que los alumnos de los liceos profesionales hayan jugado, en 1999 como en 1998, un papel clave en el movimiento. "El liceo profesional, decía el sociólogo Bernard Charlot en Le Monde del 30 de septiembre, "es el mundo de los otros". Un mundo que se siente despreciado, excluido, marginado. Un mundo cuya demanda de reconocimiento y de solidaridad ha sido percibida por el resto de la población liceana (...).

LE MONDE 9-Octubre-1999

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