Reforma en la Universidad

Comienza en breve un nuevo curso en la Universidad española, en el que deberían abordarse los cambios y adaptaciones que exige a esta institución una sociedad cambiante, más integrada mundialmente, más especializada. El futuro demanda mayores dosis de capital humano y de mejor calidad.
La Universidad española ha avanzado mucho en los últimos años, pero sigue presentando problemas, como el de la endogamia, incentivada desde la propia LRU.
También existe inflexibilidad funcionarial, cierta impenetrabilidad entre distintas áreas de conocimiento, problemas de jubilación de buenos cerebros, trabas para incentivar la calidad, y obstáculos burocráticos para asignar recursos humanos, materiales y monetarios.
Las universidades privadas, lejos de salvar muchas dificultades achacadas a la universidad pública, las ha magnificado, a su escala, con la agravante de que algunas de sus fórmulas jurídicas pueden no ser siempre las más adecuadas para una institución que debiera revertir todos sus beneficios en su mejora académica y científica.
Mucho ayudaría a seguir progresando establecer criterios objetivos de evaluación y calificación de la calidad universitaria, realizados de forma externa e independiente. Además, hay que ahondar en la autonomía, abrir los distritos, y facilitar la movilidad estudiantil, ampliando el sistema de becas y, sobre todo, los préstamos a bajo interés(...).

La Gaceta de los Negocios. 21 de septiembre de 1999

 
 

El fracaso escolar entre la población
pobre británica

(...)Este no es un problema ocasional, sino endémico. Hay alrededor de 13,3 millones de niños en Gran Bretaña. Según todos los datos disponibles, 4,6 millones de ellos viven en la pobreza, y todos están matriculados en las escuelas. La evidencia de que la pobreza socava la educación es abrumadora y lo ha sido durante años. Sin embargo, los gobiernos lo niegan. El último gobierno negaba la pobreza misma. Este gobierno admite la pobreza, pero niega su impacto.
Mediante el oscurecimiento de esta simple realidad, el discurso público sobre el sistema escolar ha alcanzado el reino de lo absurdo y se ha perdido allí. Esto no es una negación de que hay buenos y malos maestros, de que hay buenas y malas maneras maneras de enseñar, de que los centros marcan un diferencia.
No se trata de polemizar con la acusación de que, en los años sesenta y setenta, se dejó a las escuelas caer en un estado de complacencia sin supervisar o de que ideologías de ingeniería social han interferido en la educación o de que, sectores de la izquierda, The Guardian entre otros, fueron seducidos por algunas posiciones ingenuas e insostenibles. Pero, cuanto estos factores ocupan el lugar que les corresponde en la imagen, se deslizan hacia los márgenes, mientras que los niños ocupan el centro, y el conjunto de las iniciativas políticas que ignoran a los niños se revelan como meras coartadas. Como todas las coartadas pueden contener algunos elementos de verdad, pero como todas las más peligrosas coartadas, son esencialmente deshonestas.

The Guardian.14 de septiembre de 1999

 
 

Estrés del profesor

El uso de un ordenador y la navegación en la red son prácticas corrientes para los estudiantes en la mayoría de las escuelas y las universidad estadounidenses. Los profesores, sin embargo, están muchas veces mal preparados y por lo tanto se valen poco de estas herramientas. Esto se convierte incluso en una fuente de estrés para ellos. De entrada, las cifras: a principios de 1999, una cuarta parte de las escuelas públicas tenía en la clase un ordenador por cada siete alumnos, y la mitad contaba con uno por cada 25. En el mismo momento las escuelas pensaban destinar apenas el 5% de su presupuesto informático a la formación de maestros (mientras que el ministerio de Educación recomendaba un 30%).
Un estudio publicado en septiembre por Market Data Retrieval (www.schooldata.com) muestra que el 39% de los profesores de primaria y secundaria se siente bien preparados para utilizar la tecnología en la clase. Pero el 61% cree estar "mal preparados" o "más o menos". Es el resultado de varios años de campaña en favor del equipamiento de máquinas y en detrimento de la formación de los maestros.
No obstante lo que pudiera pensarse, la edad no es determinante: el 62% de los más experimentados (edad media: 39 años) y el 60% de los más jóvenes (media: 28) respondió que no se sentía con la preparación adecuada. Destaca el hecho de que más del 60% tenía detrás de sí algunas horas de formación; pero no basta con saber utilizar la máquina, después hay que ver qué se hace para extraerle los mejores resultados pedagógicos.
Otro estudio, realizado por la International Society for Technology in Education (www.iste.org) para la fundación Milken Exchange (www.milkenexchange.org) estima que una quinta parte de los profesores cree tener la preparación suficiente. El elemento novedoso aportado por esta encuesta es que los enseñantes de los profesores y maestros del mañana se valen todos los días de la informática, pero no la emplean de forma sistemática en sus clases y no creen poder obtener de ella réditos pedagógicos satisfactorios. No bastan los cursos de tecnología de la información para integrar a ésta en el aprendizaje, concluye el estudio.
En las universidades, la dificultad para mantenerse al día es una de las principales fuentes de estrés para los profesores, de acuerdo con un estudio del Higher Education Research Institute de la Universidad de California en Los Angeles (www.gseis.ucla.edu/heri/heri.html).
El 87% de los maestros encuestados considera que "la capacidad de aprendizaje de los estudiantes mejora al usar el ordenador". Pero el estrés por la carrera de la actualización es sentido por el 67% de ellos (mayor que el que provoca la carga de trabajo o la necesidad de publicar artículos).
El 87% de los profesores universitarios usa el correo electrónico, pero sólo 37% utiliza el ordenador en la clase y apenas 35% emplea Internet para sus investigaciones. Un marcado contraste con los estudiantes de hoy, que han tenido acceso a la tecnología desde la infancia. "El nivel de estrés acarreado por la tecnología de la información es con bastante certeza un reflejo del tiempo que los maestros dedican al uso de los ordenadores", afirmó Linda Sax, responsable de la encuesta: cuanto menos tiempo le dedican, más angustia. Los de mayor edad son quienes experimentan más temor.
Es más fácil instalar ordenadores por doquier que integrarlos de manera útil en los procesos sociales. Y esto no vale sólo para la educación. Al no abordar el problema del uso simultáneamente con el de la infraestructura, se gasta mucho y se logra poco. Incluso se corre el riesgo, como lo revela el estrés de los profesores, de generar bloqueos que terminarían por producir resultados opuestos a los buscados.

Francis Pisani. Ciberpaís. 16 de septiembre de 1999

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