Para los alumnos de la Escuela de Verano Miguel Servet, este comienzo de curso no va a revestir dificultades. Este centro acoge a estudiantes de Secundaria madrileños en situación de riesgo social y familiar y que presentan diversas carencias
educativas. 70 alumnos de 11 a 17 años desarrollaron tareas de recuperación de aprendizajes básicos, talleres y actividades de tiempo libre.
 
 


Una alternativa
a la calle

La Fundación Tomillo desarrolla un programa de atención socioeducativa a jóvenes madrileños desde sus centros de día

Madrid. ROSAURA CALLEJA.
Proporcionar una respuesta a las demandas de profesores, alumnos y familias es la finalidad del Centro de Actividades Pedagógicas de la Fundación Tomillo. Un equipo de 63 maestros, pedagogos, psicólogos y trabajadores sociales lleva a cabo este programa que pretende mejorar la educación en escuelas situadas en zonas desfavorecidas de Madrid.
El Proyecto Técnico para la recuperación de aprendizajes instrumentales, creación de hábitos y técnicas de estudio se enmarca en el Programa de Mejora del Rendimiento Escolar que supervisa la Dirección Técnica de la Dirección General de Educación de la Comunidad de Madrid. Este proceso de recuperación va dirigido a alumnos con un retraso académico considerable, carentes de técnicas adecuadas para enfrentarse al estudio y de habilidades que faciliten sus propias expectativas. El proyecto se desarrolla en los Centros de Día "Virgen de Africa", "Miguel Servet", "El Madroño" y "Carmen Cabezuelo".

Perfil del alumnado
Rocío Barrionuevo, directora del Centro de Día "Miguel Servet", detalla el perfil de sus alumnos: "se trata de chicos de 6 de Primaria y 1, 2 y 3 de ESO que han suspendido una o más asignaturas, procedentes de familias desestructuradas y algunos pertenecen a población inmigrante, hasta el punto de que contamos con representación de los cinco continentes". Cristina Marta Velasco, madrileña de 14 años, Victoria Nsengbene Nguema, guineana de 15 años, Carlos Alvarez, un chico peruano de 13 años y Lisa Chen, una niña china de 12 años, son ejemplos de esta diversidad étnica. En estas aulas comparten espacio, alumnos norteafricanos con otros procedentes de Sudamérica y países caribeños.
La mayoría de estos jóvenes carecen de un referente familiar y pretenden que el profesor adopte este rol, circunstancia que -en opinión de Barrionuevo- "hay que intentar evitar". Tras realizar una entrevista con las familias, los profesores de este centro someten a los alumnos a una prueba de diagnóstico inicial en matemáticas y lenguaje, para establecer su nivel y las áreas susceptibles de refuerzo.

Enseñanza individualizada
Para organizar el horario, el profesorado divide a los chicos en dos grupos, que asisten a clase media mañana cada uno de ellos. Esta jornada de distribuye en 55 minutos de matemáticas, 55 de lengua y 55 dedicados a talleres; así como, un día semanal se reserva a actividades de ocio.
Las características y necesidades de los alumnos propician que el profesorado se plantee una enseñanza individualizada y sea además mediador de los aprendizajes y reforzador de los mismos. En todo momento se pretende que el alumno se convierta en cómplice de ese aprendizaje y que reflexione e interiorice sobre sus capacidades, además de provocar una actitud de interés y motivación.
La actividad de recuperación de aprendizajes básicos va dirigida a los alumnos con cierto retraso acumulado para obtener aprendizajes básicos y significativos que les permitan seguir el ritmo de su clase.

Talleres de desarrollo personal
Por lo que se refiere a los talleres, el de técnicas de estudio facilita a los chicos los instrumentos necesarios para adquirir hábitos de estudio diario tanto en el centro como en casa. El taller de habilidades sociales favorece la convivencia con los demás y consigo mismo y la capacidad de reflexión para buscar alternativas que les permitan resolver problemas individuales y sociales. El eje fundamental de otro taller es la orientación académica, que propone profundizar en el conocimiento de sí mismos, características personales, intereses, capacidades, limitaciones, nivel madurativo y en su repercusión para la configuración de su proyecto personal de vida. Los valores humanos protagonizan otra de las actividades con la que se potencia la actitud crítica y reflexiva necesaria para el desarrollo de la autonomía del alumno. Mientras que el taller de lectura eficaz pretende la adquisición de un proceso lector adecuado para desarrollar la capacidad de comprensión, reflexión y expresión, que sirva al alumno como herramienta básica en su desarrollo evolutivo.
Por último, el área de ocio y tiempo libre facilita a los chicos recursos para que organicen de forma constructiva su tiempo de ocio. La oferta se concreta en actividades deportivas, piscina, excursiones y diversos juegos. Una de las propuestas que más éxito cosecha entre los chicos es la denominada multiaventura, porque incluye piragüismo, montar a caballo y tiro con arco.

Tres ejes de evaluación
Contemplada como un elemento corrector motivador, la evaluación se realiza en torno a tres ejes: alumnos, familia y centros de procedencia. Por lo que se refiere, a los estudiantes, el profesorado evalúa el seguimiento del programa, su implicación y su proceso de aprendizaje, así como las expectativas para el próximo año. En cuanto a la familia, se valora la respuesta y el grado de implicación en el proyecto. Por último, los educadores evalúan la relación con los centros de procedencia, teniendo en cuenta la respuesta a la oferta.
Una vez finalizadas las actividades, en septiembre el profesorado de la Escuela de Verano se desplaza a los centros educativos para entregar los informes de los estudiantes, que se han llevado a cabo al término de este programa.

 



La diversidad étnica constituye el denominador común de la Escuela de Verano Miguel Servet, donde estudiantes de Secundaria acuden para reforzar aprendizajes básicos, que les permitan seguir el ritmo escolar en sus centros
(Fotos: Rafael Martínez).

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