Letra sin sangre

El castigo corporal está prohibido desde hoy en todos los colegios, públicos y privados, del Reino Unido. Es para felicitarse, pero resulta sorprendente que el país considerado cuna de los derechos civiles haya tenido que esperar hasta ayer para que se suprimiera ese residuo de barbarie. Residuo que también susbsistió hasta hace apenas 12 años en las escuelas públicas.

Los colegios privados lograron en 1987 defender su supuesto derecho a aplicar los métodos educativos que quisieran, con el argumento de que aquellos niños estaban bajo su tutela por libre voluntad de los padres, a sabiendas de cuáles eran sus reglas internas. Ahora, por fin, la mayoría laborista acaba con esta tradición que, lejos de constituir un signo distinguido de britanidad, como pretenden sus defensores, no es sino un brutal legado de violencia en las relaciones humanas. Una cosa es el debate revisionista sobre algunos aspectos de la escuela moderna -la reivindicación del papel de la memoria, por ejemplo, o del estudio del griego y el latín- y otra la idea pueril de que "la letra con sangre entra".

Tampoco hay que confundir el fracaso del antiautoritarismo radical propugnado en los setenta por algunos sectores pedagógicos con la defensa de que la autoridad del maestro sólo es posible mediante la violencia: el fracaso de esa idea sí que está acreditado. Que algo sea ultramoderno no garantiza que sea un avance, pero que sea tradicional, tampoco. Nada es tan tradicional como la ignorancia y el fanatismo, y ambos han retrocedido con la definitiva abolición del castigo corporal en las escuelas del Reino Unido.

EL PAIS. 1-Septiembre-1999

   

 

 

 

Por una educación racialmente plural

De todos los logros que han caracterizado a este siglo como el siglo de EEUU -adelantos increíbles en ciencia y tecnología, democratización de la riqueza y redistribución del poder político de una manera difícilmente imaginable en 1899- ninguno es más alentador, por más que aún esté por culminar, que nuestra búsqueda de la justicia racial. (...)

(...) Treinta años antes de Selma (el pueblo de Alabama donde, el 7 de marzo de 1965, una manifestación pro derecho al voto fue brutalmente reprimida por la policía, poco antes de que el Congreso aprobase la Ley de Derecho al Voto), yo era un estudiante de la Universidad de Michigan que preparaba con mis compañeros un partido de fútbol americano contra Georgia Tech, que era el equipo visitante. Entre los mejores jugadores del equipo de Michigan de ese año estaba Willis Ward, un buen amigo mío a quien, se decía, la universidad sureña quería ver fuera de nuestra alineación porque era negro. Mis compañeros se mostraban absolutamente partidarios de que saltara al campo. Al final, Willis tomó por su cuenta la decisión de no jugar.

Su sacrificio me llevó a preguntarme cómo los responsables educativos podían capitular ante los más burdos prejuicios. Una universidad, a fin de cuentas, es tanto una reserva de la tradición como el semillero de la innovación. Mientras los libros sigan abiertos, nos decimos a nosotros mismos, las mentes nunca podrán cerrarse.

Pero también las puertas deben mantenerse abiertas. La tolerancia, la amplitud de miras y la predisposición hacia ese mundo que está más allá de nuestra vecindad, todo eso puede aprenderse en el campo de fútbol y en el laboratorio científico, al igual que en las aulas universitarias. Pero sólo si los estudiantes se abren a Estados Unidos en toda su diversidad. (...)

Como tantas frases que se han convertido en tópicos políticos, la acción afirmativa (discriminación positiva a favor de las minorías) tiene diferentes significados para diferentes personas. En términos prácticos, recorre la gama que va desde los cupos obligatorios de determinadas minorías, que el Tribunal Supremo ha fallado que son claramente inconstitucionales, hasta la mera declaración de intenciones, que no deja de ser igualmente inaceptable.

En su esencia, la acción afirmativa debería tratar de contrarrestar las injusticias del pasado a base de formar una población universitaria que pensara más seriamente en la América de hoy y en lo que esperamos en el futuro. Desgraciadamente, un par de demandas presentadas contra mi alma mater suponen una amenaza a esta diversidad. No contentos con oponerse a las cuotas formales, los querellantes que han demandado a la Universidad de Michigan tratan de que se prohíba a ésta y a otras universidades que consideren la raza como uno de los muchos factores que deben tenerse en cuenta entre los criterios de admisión.

Una prohibición tan drástica minaría el actual sistema de Michigan, que tiene en cuenta casi una docena de factores -raza, nivel económico, origen geográfico, logros atléticos y artísticos, entre otros- para crear el ambiente educativo ideal para todos los estudiantes.

Este enfoque eminentemente razonable, tan riguroso como justo, ha dado lugar a una comunidad estudiantil con un componente importante de minorías, cuya reputación de éxito académico es extraordinaria.

Los tiempos de cambios son tiempos de desafíos. Se estima que, hacia el año 2030, el 40% de los norteamericanos pertenecerá a alguna de las minorías raciales. (...)

Suprimir una política constitucional de acción afirmativa sería burlarse de la visión totalizadora que Carl Sandburg tenía en mente cuando escribió: «La república es un ideal. Nada se hace realidad si primero no ha sido un ideal. Que no lo olvide nadie: Estados Unidos es todavía una nación de pobres, así como de ricos. Su Gobierno está obligado a proporcionar esperanza, tanto como defensa, para todos».

Gerald Ford
EL MUNDO. 3-Septiembre-1999

   
   

Ayuda individualizada en el bachillerato francés

Este año, Claude Allègre y Ségolène Royal, respectivamente ministro de Educación Nacional y ministro delegado para la Enseñanza Escolar, han juzgado necesario organizar dos días y medio para el preretorno de los 843.000 enseñantes, en lugar de dedicar una jornada, como en los años precedentes.(...)

Según él (Claude Allègre), este tiempo no es inútil si se quiere volver a poner a todo el mundo en ruta, recordar el reglamento y, este año muy particularmente, organizar la puesta en escena de la reforma de los liceos lanzada por Claude Allègre la pasada primavera, a pesar del movimiento de oposición de los docentes. En esta reforma, la ayuda individualizada es una de las partes más importantes.

El pasado viernes, Jean Jacques Pin (director del liceo de enseñanza general y tecnológica Grands-Air, en Arcachon), habrá pasado una media jornada solamente con los profesores de lengua, de matemáticas, así como los de segunda lengua –que han obtenido igualmente créditos para organizar la ayuda en esta materia-, con el fin de reflexionar sobre la manera de poner en marcha el funcionamiento de los primeros grupos de alumnos. El mismo trabajo se está llevando a cabo en los colegios (centros privados) después de la reforma lanzada en primavera por Ségolène Royal y que prevé igualmente grupos de apoyo en sexto y quinto.

Después de dos años de experimentos múltiples, el gobierno sabe que este curso van a ser juzgados por la aplicación de las reformas y sus resultados. (...).

LE FIGARO. 6-Septiembre-1999

 

arriba